Madrid cuenta con 303.000 hectáreas de superficie agrícola útil y, de ellas, el 1% se encarga de producir el 44% del rendimiento económico vegetal de la comunidad. 330 hectáreas son de patata.
Con más de cuatro décadas de experiencia en el cultivo, manipulado y comercialización de este tubérculo, Frusangar ha convertido su marca en mucho más que una iniciativa comercial.
La Chulapona pone nombre y apellido a la patata madrileña, garantizando su origen, su trazabilidad y una calidad ligada al trabajo de los agricultores de la comarca de Las Vegas. La compañía ha apostado por una patata nueva cultivada en suelos fértiles de municipios como Fuentidueña de Tajo y Villamanrique de Tajo.

Su principal seña de identidad es la variedad Soprano, una patata de piel fina, pocas rugosidades, aspecto homogéneo y gran versatilidad en la cocina, ya que ofrece un excelente comportamiento tanto para freír como para cocer.
Unas características que, unidas a la frescura del producto y a su cultivo de proximidad, la convierten en un referente de la producción madrileña.

Toda la cadena unida en el campo
Con el objetivo de acercar esta realidad al sector y al consumidor, Frusangar protagonizó una jornada, organizada por Revista Campo, en la que se recorrió el camino que sigue la patata desde el campo hasta la mesa.
Agricultores, técnicos, representantes de la Comunidad de Madrid, Mercamadrid, la Asociación de Empresarial de Industrias Agroalimentarias de la Comunidad de Madrid (ASEACAM) y otros profesionales conocieron de primera mano cada uno de los eslabones que hacen posible que un producto cotidiano llegue en las mejores condiciones a los hogares.

Durante la visita al campo, el agricultor Raúl González destacó que las condiciones de las tierras madrileñas permiten obtener una patata de gran calidad, subrayando además las cualidades de la variedad Soprano como una de las claves del proyecto.
«Estas tierras nos dan una piel muy buena y unas producciones muy altas», explicó el agricultor Raúl González
Y para inculcar la importancia del origen de los alimentos y poner el valor el trabajo de los profesionales del campo que hacen que la patata nos llegue a la mesa, una veintena de niños del campamento de verano de Villamanrique de Tajo disfrutaron de una mañana sobre el terreno, con un arranque simbólico de patata en el que pudieron participar y sentirse agricultores por un día.

Madrid cultiva patata
La jornada sirvió también para lanzar un mensaje claro: Madrid también es tierra de patatas.
Aunque muchas veces pase desapercibido, la región cuenta con una importante tradición productora gracias a las condiciones de suelo y el clima de la comarca de Las Vegas, a las orillas del Tajo, donde generaciones de agricultores mantienen vivo un cultivo que genera actividad económica, empleo y riqueza en el medio rural.

La fábrica, paso clave del proceso
Tras la visita a la explotación agrícola, los asistentes conocieron las instalaciones de Frusangar, en Navalcarnero, donde pudieron comprobar el proceso de clasificación, lavado, selección y envasado que garantiza que la calidad obtenida en el campo se mantenga hasta su llegada a los puntos de venta.
Un sistema basado en la trazabilidad y en una estrecha colaboración con los agricultores que permite ofrecer un producto homogéneo sin perder el vínculo con su origen.

Networking para fortalecer el sector
Más allá del recorrido técnico, uno de los principales valores del encuentro fue reunir en un mismo espacio a todos los agentes que forman parte de la cadena alimentaria.
Productores, industria, distribución, administración y entidades del sector compartieron experiencias y coincidieron en la necesidad de seguir impulsando los productos de proximidad y dar mayor visibilidad al trabajo que hay detrás de cada alimento.

En este sentido, el director general de Agricultura de la Comunidad de Madrid, Ángel de Oteo, destacó que iniciativas como esta permiten poner en valor el trabajo del sector primario.
«Detrás de una patata hay meses de esfuerzo y una enorme dedicación por parte de los agricultores», recordó el director general de Agricultura
Una idea compartida por el presidente de ASEACAM, Nicolás Poveda, quien subrayó que mostrar cómo nace un alimento y todo el proceso que hay detrás «también es una forma de promocionar nuestros productos y acercarlos al consumidor».
Desde Mercamadrid, el director de Mercados y Servicios, Gonzalo Reguera, también puso el acento en la importancia de conocer el origen de los alimentos para reforzar el compromiso con los productos de cercanía y con el trabajo desarrollado por agricultores e industria.


La Chulapona tiene futuro
Quince años después del nacimiento de La Chulapona, Frusangar prevé comercializar esta campaña alrededor de 3,5 millones de kilos bajo esta marca. Una cifra que refleja el crecimiento de un proyecto que ha sabido convertir el origen, la calidad y la proximidad en sus principales señas de identidad.

La jornada dejó patente que el futuro de la patata madrileña pasa por seguir fortaleciendo la colaboración entre todos los eslabones de la cadena alimentaria. Y, sobre todo, por continuar construyendo una marca que demuestra que la patata cultivada en Madrid no solo existe, sino que cuenta con una historia, una calidad y una identidad propias.









