El sector español de forrajes deshidratados mantiene su fuerte proyección exterior. En el mes de julio, las exportaciones alcanzaron las 122.600 toneladas, repartidas entre 75.000 toneladas de balas y 47.600 de pellets.
El destino de la producción se concentra en una veintena de países de Oriente Medio, Asia, América y Europa.
Según los datos ofrecidos por la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA), Arabia Saudí se consolida como el principal comprador, con algo más de 47.000 toneladas, lo que supone el 38,3% de los exportado en ese mes.
El segundo importador es Emiratos Árabes Unidos, que adquirió 28.121 toneladas, un 22,9% el total.

Balas y pellets
En el segmento de balas, tras Emiratos Árabes Unidos (25.844 toneladas) y Arabia Saudí (21.319), destacan Marruecos (5.752,84), Jordania (4.321,03) y Corea del Sur (4.177,66 toneladas).
En pellets, Arabia Saudí es con diferencia el primer destino, con 25.695 toneladas, muy por delante del segundo: Brasil, que importó 3.438 toneladas. También destacan Grecia, con 2.953 toneladas, e Islas Marshall, con 2.650 toneladas.
“El forraje es rentable para el productor a los precios actuales”
El agricultor de Melgar de Arriba (Valladolid) José Manuel Raposo espera que las lluvias anunciadas para los próximos días beneficien al cultivo y den tiempo para que la planta se seque y se pueda dar el último corte para el 12 de octubre.
En la Tierra de Campos vallisoletana la alfalfa de regadío alcanza esos cinco cortes casi todos los años y ofrecen rentabilidad al agricultor. “El forraje es rentable para el productor a los precios actuales”, señala.

Raposo está vendiendo la alfalfa por encima de los 240 euros por tonelada, un precio que se puede conseguir cuando el cultivo alcanza una calidad elevada. Además, se beneficia de que la alfalfa se incluye dentro de las leguminosas que debe producir por exigencias de la PAC.
El agricultor está obligado a mimar el cultivo si desea alcanzar esa calidad y también debe acertar a la hora de comercializar. Raposo juega con todas las fórmulas disponibles; desde la venta al ganadero de la zona hasta ofrecérsela a la deshidratadora de la comarca.
Siempre hay que tener en cuenta que una planta que pasa más tiempo en la tierra puede ganar kilos, pero perder proteína, y esa es una herramienta con la que también juega el productor para defender sus márgenes.







