Rosa María Robles, directora general de Fedisprove, la Federación Española de Distribuidores para la Protección Vegetal, señala como grandes retos del sector la adaptación a las cada vez más exigentes normativas sectoriales, el exceso de burocracia, de registros… “A lo que hay que sumar una gran presión inspectora sobre los que están en los registros administrativos y los que más se esfuerzan en cumplir la ley”.
Otro reto es lidiar con el doble rasero europeo-español, que permiten la importación de alimentos tratados con productos fitosanitarios que hace años que no podemos utilizar. “Además de las plagas que nos llegan de otros países gracias a esos cultivos que entran en España sin un control correcto”, recalca. “También tenemos una dificultad añadida en la sociedad urbana del siglo XXI, donde no se tiene prácticamente contacto con el campo y son los que condicionan, en parte, cómo han de trabajar el sector productivo”.

Para Robles, “encontrar un equilibrio entre las prácticas culturales e insumos necesarios para conseguir una sanidad vegetal aceptable la rentabilidad del cultivo, es cada vez más difícil”. Por ejemplo, “existe una carencia importante de herbicidas, en especial para cereales”, de modo que la rotación de cultivos es la única solución que queda, “por lo que es necesario disponer de unos cultivos alternativos rentables”.
“La aparición de nuevas plagas y enfermedades para las que no se dispone de soluciones amenaza nuestros cultivos y los colocan en una situación de vulnerabilidad”, señala. “Los técnicos, los agricultores, la administración, los centros de investigación, trabajan para controlar plagas y enfermedades en los cultivos a través de diversas estrategias, incluyendo el seguimiento de plagas y enfermedades transfronterizas, la promoción de prácticas sostenibles, la investigación sobre control biológico, uso de productos fitosanitarios, en definitiva, implementar un manejo integrado de la plaga o enfermedad”, recalca Robles.
¿Por qué se generan las resistencias?
Las resistencias se generan al no tener opciones de alternancia para combatir las plagas y enfermedades que atacan a los cultivos, “con la consiguiente repetición de tratamientos con materias activas de la misma familia química y modo de acción”.
Por eso “necesitamos que Europa, con la presión que ejerza España y otros países, autorice materias activas distintas a las que tenemos para poder alternar tratamientos. Seguro que un médico no recetaría siempre tomar ibuprofeno… en agricultura tenemos escenarios que no hay materias para alternar a la hora de solucionar un problema”.
“La solución está en realizar una correcta gestión integral de las plagas y enfermedades, utilizando una combinación de todas las herramientas disponibles, pero también de la voluntad de nuestros gobernantes de buscar soluciones fitosanitarias más ambiciosas en momentos puntuales de necesidad”, remacha.







