María Álvarez Escalante
El éxito de un cultivo no solo reside en el campo, sino en cómo ese producto se integra en una cadena logística y comercial. Para entender la dimensión de este cultivo, hay que mirar los datos. España es uno de los principales productores de zanahoria de Europa, con una producción media anual que ronda las 414.000 toneladas. Comunidades como Andalucía, Castilla y León y la Comunidad Valenciana se han consolidado como polos productivos clave, gracias a la idoneidad de sus suelos.

Las claves agronómicas del cultivo
Es precisamente en Castilla y Léon, más concretamente en Alcazarén (Valladolid), donde la empresa familiar Agrollano se encuentra en plena campaña de zanahorias. Fernando Rico, tercera generación de productores, subraya que el punto de partida del éxito de la campaña es el suelo. La elección de suelos sueltos y francos, con buen drenaje, no es una mera preferencia, es una necesidad técnica. La preparación del terreno debe ser exhaustiva, con una labor profunda que garantice el desarrollo óptimo de la zanahoria, evitando cualquier impedimento físico para su crecimiento.

Agrollano cultiva alrededor de 50 hectáreas de zanahoria y chirivía. A pesar de los buenos rendimientos, de entre 50.000 – 55.000 kilos por hectárea, esta campaña de zanahoria es de las más complicadas que Rico ha vivido en su «corta» experiencia laboral, partiendo de una preparación del terreno muy complicada a causa de las abundantes lluvias de febrero y marzo. A esto se le han sumado las altas temperaturas registradas a finales de junio y principios de agosto, lo que ha dificultado el desarrollo final del producto.
En el aspecto sanitario, Rico reconoce que el recorte en materias activas está suponiendo un problema para el sector hortícola. «La zanahoria es un cultivo que tiene muy pocos registros de materias activas y los pocos que tenemos, como la metribucina, nos los están prohibiendo», explica. Eso les está obligando, cada vez más, a optar por escardas manuales.

De la mano de la industria
Rico destaca el trabajo «codo con codo» con Agrícola Villena, desde la planificación de la campaña, el estudio de variedades, los cambios normativos en materia sanitaria, la evolución del cultivo, etc.
Tal y como nos explica también su técnico de campo, Iván de la Flor, la relación con los productores es constante a lo largo del año: «realizamos la planificación de un año para otro, la elección de variedades, les facilitamos la semilla, les ayudamos a hacer un seguimiento de la planta en semillero, y luego hacemos un seguimiento del cultivo de principio a fin, desde la siembra hasta el arranque».

Aquí es donde la cadena de valor integrada demuestra su valor. La comunicación entre el campo y la industria es constante. Agrícola Villena conoce las características de la zanahoria que está recibiendo y adapta su proceso de limpieza, selección y envasado para maximizar el aprovechamiento de la cosecha.
Del campo a la planta de procesado
La zanahoria, que ahora se recoge en el corazón de Valladolid, forma parte de un proceso industrial y logístico muy bien planificado. Una vez cosechada, el producto viaja directamente a la planta de procesado de Agrícola Villena, ubicada en Villena (Alicante), donde es procesada para su posterior comercialización.
Esta compañía alicantina es líder en el mercado nacional, con la mayor cuota de mercado de la zanahoria que se consume en los hogares y un gran porcentaje del resto de hortalizas. Agrícola Villena está integrada dentro del Grupo Hijolusa y cuenta con tres sedes, dos plantas de procesamiento, 1.300 ha. de terreno agrícola por toda España y más de 400 empleados.
En los lineales en 24 horas
En cuanto a la relación con la distribución, «nosotros vamos en el mismo camino con Mercadona. Como industria, necesitamos conocer cuáles son las demandas del consumidor final para poder ofrecerle el producto que requieren”, explica.

Esto crea un círculo virtuoso. El agricultor sabe exactamente qué tipo de zanahoria tiene que producir, el proveedor industrial optimiza su procesado, y el supermercado asegura la máxima frescura y calidad a su cliente. Esta cadena de valor integrada es la que permite que un producto como la zanahoria complete su viaje del campo a la tienda en menos de 24 horas, un modelo que no se basa en el azar, sino en la precisión agronómica y la planificación logística que garantizan la competitividad del producto español en el mercado.
Orgullo de origen
«Para mí es un orgullo ver las zanahorias que producimos en el lineal de Mercadona, dar de comer a la sociedad. Que estemos ahí significa que cumplimos los altísimos estándares de calidad que exige Mercadona y Agrícola Villena”, explica Rico.

La calidad es un sello que, según Rico, deben perseguir los agricultores españoles. “Todos los días tratamos de mejorar. Estamos a la última en materias activas para poder utilizar las mínimas posibles cuando son necesarias, en la última maquinaria y siendo super minuciosos en la recolección y el transporte para que no sufran daños mecánicos y llegue en las mejores condiciones al consumidor final”, concluye.







