La situación del cultivo de la patata demuestra que el mercado europeo de la patata necesita medidas “urgentes y contundentes” para mejorar su situación y la de todos los actores relacionados. Sin una regulación más estricta sobre las importaciones y un reconocimiento del valor añadido de la producción local, los agricultores españoles y europeos “seguirán perdiendo terreno frente a una competencia desleal amparada por las legislaciones europeas”, como se afirma en la web especializada patatadesiembra.es.
De este modo, “la saturación del mercado, la presión de las importaciones y la desigualdad regulatoria ponen en riesgo la supervivencia de la patata nacional, un producto que debería ser símbolo de calidad y seguridad alimentaria en Europa”.
Un mercado colapsado
La campaña 2025 en Europa se ha desarrollado en un mercado colapsado, con precios en mínimos históricos y un exceso de producción en países del norte como Alemania, Bélgica, Francia y Países Bajos.
El incremento de superficie cultivada y la falta de contratos estables han generado un escenario de incertidumbre, donde los productores europeos se ven obligados a competir con precios cada vez más ajustados.
A nivel global, la abundancia de cosechas en Europa “ha provocado una caída de precios”, mientras que los importadores aprovechan para evitar compromisos a largo plazo, según las mismas fuentes.
Como consecuencia, el mercado europeo de la patata atraviesa una crisis marcada por la saturación de oferta, la presión de las importaciones extracomunitarias “y un marco regulatorio desigual que perjudica a la patata nacional”.
Situación en España
En España, al igual que en Europa, la situación es muy adversa. Factores como la meteorología, la caída del consumo interno y la presión de las importaciones condicionan el futuro del cultivo.
Numerosas empresas españolas han respondido con inversión en tecnología y empaquetado, “pero la patata nacional sigue enfrentándose a dificultades para competir con productos importados más baratos”, según el portal especializado. Fruto de esta situación, “el relevo generacional se complica cada año que pasa debido a las malas perspectivas del mercado a corto plazo”.
El “abuso” de importaciones extracomunitarias
La llegada de grandes volúmenes de patata desde países fuera de la Unión Europea, como Egipto, Israel o Marruecos, ha alterado totalmente el equilibrio del mercado.
Estas importaciones suelen ofrecer precios más bajos, lo que desplaza a la patata nacional y reduce la rentabilidad de los agricultores locales. Incluso bloquea la comercialización del producto nacional, “que en muchas ocasiones no se llega a recolectar”.
El problema no es solo económico: se trata de una “competencia desleal”, ya que los productores extracomunitarios no están sujetos a las mismas exigencias regulatorias que los europeos. “Esto significa que la patata nacional, cultivada bajo estándares más exigentes, compite en desigualdad frente a patatas importadas que no cumplen los mismos criterios de seguridad alimentaria”, concluyen los responsables de patatadesiembra.es







