Estamos entrando en un nuevo orden mundial en el que ya ningún suceso nos puede sorprender. Hace cuatro años Rusia invadió el territorio de Ucrania y todo lo sucedido desde entonces ha hecho que miremos al mundo de un modo diferente.

En medio de este escenario cambiante, imprevisible, la Unión Europea mantiene una actitud ‘buenista’ que nos puede llevar a quedarnos atrás en más de un aspecto.
¿Cómo afectan los cambios mundiales al mercado de grano?
Nadie sabe por dónde podemos adentrarnos en las próximas semanas, pero resulta evidente que un conflicto bélico podría tener efectos importantes en el sector financiero: alterar el valor de las divisas y que ello lleve a modificar el destino de los grandes fondos de inversión. Eso sí nos llevaría a un escenario de volatilidad en las cotizaciones.
Por el momento, el lunes 12 de enero se publicaba un nuevo informe del Departamento de Agricultura de EEUU (USDA), con un nuevo incremento en los stocks de trigo y maíz a nivel mundial. Son ya tres años de buenas producciones y un nivel de reservas que sigue aumentando, y en esta ocasión bolsas como la de Chicago han recibido la noticia con una bajada del 5% en el precio del maíz.
Otro dato adicional. Los datos de consumo son poco positivos, sobre todo en Europa, por crisis como la de la gripe aviar o la peste porcina. Todo ello mientras China es cada día más autosuficiente.
El campo se sitúa en una situación que podemos tildar de peligrosa y necesitamos unos políticos que tomen partido claramente por el sector primario. El agricultor es un empresario y necesita trabajar, producir, pero al menos no perder dinero.
Si nuestra producción cada vez vale menos y los costes son cada día mayores, al final Europa va a depender de otras economías agrícolas, algo que en teoría nadie desea.
No es de extrañar que vuelvan a producirse las protestas por el actual diseño de la PAC y por el acuerdo alcanzado con el bloque de Mercosur.
Son ya muchas las dificultades a las que se enfrenta el productor y ahora tendrá que enfrentarse a la competencia de unos territorios en los que no existen las mismas exigencias que en la UE, por mucho que desde Bruselas se quiera calmar al sector anunciando una serie de salvaguardias.
No se trata de ir contra el acuerdo con Mercosur, porque el libre cambio nos beneficia a todos, pero habría que abordar ese proceso después de haber fortalecido al sector productor.
¿Y qué pasa en España? Se ha publicado que 2025 fue un año muy húmedo, y los gurús de la meteorología ya apuntan a una primavera igualmente lluviosa. Una buena noticia desde el punto agronómico, si es que confiamos en esa previsión.
Los agricultores de las grandes zonas productoras siguen apostando por el cereal. Sin embargo, si hay algo menos de superficie dedicada a estos cultivos es porque se diversifica hacia producciones que no ofrezcan altos rendimientos, pero que permitan aligerar la estructura de costes.
Mientras tanto, el valor del grano sigue sin aumentar. No hay atisbo alcista que nos permita ser optimistas respecto a un cambio respecto al cereal, ni a corto ni a medio plazo. Pero seguiremos atentos al telediario.







