Ricardo Ortega
El aguacate lleva años de conquista silenciosa de los menús europeos, y también de expansión por las zonas productoras más templadas. En España, esta planta originaria de América central encuentra sus condiciones ideales en regiones de tipo mediterráneo, con temperaturas medias anuales de entre 16 °C y 28 °C.
Es sensible a las heladas y a episodios de calor extremo, especialmente durante la fase de floración, lo que excluye amplias áreas productoras de España, sobre todo en un centro peninsular en el que el clima mediterráneo se matiza con una querencia continental, de temperaturas radicales.
Para la Organización Mundial del Aguacate (WAO por sus siglas en inglés), un factor determinante para el futuro del sector será el desarrollo de nuevas variedades de aguacate más tolerantes al calor y al frío. Esto permitirá ampliar el cultivo hacia zonas que tradicionalmente no se consideraban adecuadas, lo que abre nuevas oportunidades de negocio y puede contribuir a diversificar la actividad de las explotaciones.
Dado que el aguacate es un cultivo relativamente nuevo, el desarrollo de una nueva variedad requiere tiempo e inversión a largo plazo. No obstante, se prevén avances significativos en mejora genética en los próximos años.
“En definitiva, el futuro del aguacate no dependerá únicamente del clima, sino de la planificación, la eficiencia en el uso del agua y el desarrollo de infraestructuras que permitan equilibrar oferta y demanda de forma sostenible”, recalcan desde la WAO.
Evolución del cultivo en España
España es actualmente el principal productor europeo de aguacate y cuenta con más de 50 años de trayectoria en este cultivo, especialmente en Málaga y la comarca de la Axarquía, que históricamente han concentrado la mayor parte de la superficie productiva. En los últimos años, la superficie cultivada ha experimentado un crecimiento sostenido, impulsado por la fuerte demanda tanto nacional como europea.
Más recientemente, el sector ha vivido una nueva etapa de expansión con plantaciones profesionales a gran escala en la costa occidental andaluza, especialmente en Huelva y Cádiz.
Estas zonas, con condiciones climáticas favorables y disponibilidad de suelo, están consolidándose como áreas estratégicas para el crecimiento del cultivo. Esta evolución refleja no solo el dinamismo del sector, sino también su capacidad de adaptación ante los desafíos climáticos y de mercado.
¿Es posible que las plantaciones sigan creciendo?
Las perspectivas para el sector siguen siendo positivas. Según el balance de la UE para 2025, el consumo europeo ha alcanzado los 1,8 kilos per cápita, con un fuerte crecimiento en Alemania, Europa oriental e Italia.
Al mismo tiempo, España es un mercado consolidado, con el mayor porcentaje de hogares compradores de aguacate, hasta superar el 79%, impulsado principalmente por las áreas urbanas, especialmente Madrid y Barcelona. El consumo en nuestro país es de 2,03 kilos per cápita.
No obstante, todavía existe un amplio margen para seguir conectando con consumidores en todo el territorio nacional, incluso en el sur, donde se concentra la mayor parte de la producción.
Equilibrar los riesgos productivos
A pesar de los recientes desafíos derivados de la sequía, que ahora parecen estar remitiendo gracias a la mejora en los patrones de lluvias, el sector ha continuado evolucionando y se espera que la producción crezca de forma significativa en comparación con años anteriores, que estuvieron fuertemente afectados por la escasez hídrica.
Andalucía sigue liderando la producción española, especialmente en la comarca de la Axarquía (Málaga), aunque se están desarrollando nuevas zonas de cultivo, particularmente en Cádiz y Huelva.
Al mismo tiempo, regiones tradicionalmente productoras, como la costa de Granada y Canarias, continúan desempeñando un papel relevante, mientras que la Comunidad Valenciana ha experimentado un crecimiento notable en los últimos años.
Esta diversificación geográfica está contribuyendo a equilibrar los riesgos productivos y a generar nuevas oportunidades para un desarrollo sostenible del sector.
¿Por qué se da tan bien en el Mediterráneo?
El aguacate es un cultivo especializado que requiere condiciones adecuadas de suelo, clima y disponibilidad de agua para garantizar su sostenibilidad agronómica y económica.
Los suelos óptimos son profundos, bien drenados y con baja salinidad, generalmente por debajo de 1,5 dS/m. Todo ello dependiendo del portainjerto escogido, ya que el cultivo es muy sensible tanto al encharcamiento como a la acumulación de sales.
Las condiciones climáticas ideales suelen corresponder a regiones de tipo mediterráneo, con temperaturas medias anuales de entre 16 °C y 28 °C.
El cultivo es sensible a las heladas y a episodios de calor extremo, especialmente durante la fase de floración, que es un momento crítico y puede afectar al cuajado y al rendimiento. Los veranos más cálidos de lo habitual pueden dar lugar a frutos de menor calibre.
¿Dónde se sitúan los viveros del ‘Persea americana’?
Los viveros especializados que suministran plantas certificadas de aguacate se encuentran principalmente en Andalucía, especialmente en Málaga, Granada y Cádiz, así como en la Comunidad Valenciana y en Murcia.
El sector se ha profesionalizado de forma notable en los últimos años, con un mayor enfoque en el uso de material vegetal certificado, el control fitosanitario y la producción de portainjertos clonales que ofrecen mejores rendimientos en España.
¿Cuándo alcanza su plena producción?
En condiciones adecuadas, los árboles suelen comenzar la producción comercial en el tercer o cuarto año tras la plantación y alcanzan su plena producción entre el sexto y el octavo año.
Con una gestión adecuada, las plantaciones pueden mantenerse productivas durante más de 25 años, especialmente en el caso de explotaciones con material clonal, que suelen presentar una mayor longevidad.
¿Es muy demandante de agua?
En términos prácticos, el aguacate requiere un suministro de agua regular y bien distribuido a lo largo del año. El riego debe ser frecuente, con volúmenes moderados y cuidadosamente controlados, generalmente mediante sistemas de riego por goteo, para evitar tanto el estrés hídrico como el encharcamiento, ya que el cultivo es especialmente sensible a la asfixia radicular.
La gestión del riego se basa principalmente en sistemas localizados. Especialmente el riego por goteo, que permite un suministro preciso y eficiente del agua realizado en función de las necesidades reales del cultivo.
En regiones con precipitaciones suficientes, el aguacate puede depender en gran medida del agua de la lluvia, mientras que en zonas más secas es imprescindible una gestión técnica rigurosa para optimizar cada gota de agua utilizada.
Gestión eficiente del riego
A menudo se percibe al aguacate como un cultivo muy demandante de agua, pero lo que realmente define hoy al sector es el importante avance en eficiencia hídrica. Se han incorporado nuevas tecnologías y sistemas de riego avanzados que han permitido, en algunas explotaciones, punteras reducir el consumo de agua hasta en un 50%.
Por tanto, más que tratarse de un cultivo que consuma más agua que otros, el aguacate requiere una gestión eficiente del riego, como sucede con otros cultivos frutales que requieren una gestión profesional del agua.
¿Hacia dónde se dirige el cultivo?
El futuro del cultivo del aguacate en un contexto de aumento de temperaturas y mayor irregularidad de las precipitaciones pasa, necesariamente, por una gestión mucho más eficiente y planificada del agua.
En importante tomar nota de experiencias como la de la Axarquía, que concentra alrededor del 80% de la superficie de cultivo en la Península. Esta comarca malagueña ha acumulado varios años de sequía y, aunque la situación se está revirtiendo con las recientes lluvias, la tensión hídrica ha puesto de manifiesto la importancia de ajustar el crecimiento del cultivo a la disponibilidad real de recursos.
El sector ha demostrado capacidad de adaptación incorporando tecnologías de riego de precisión, mejoras agronómicas y estrategias de riego deficitario controlado.
El reto ahora es generalizar estas prácticas y “reforzar la gestión colectiva del agua”, combinando recursos superficiales, subterráneos y no convencionales, como destacan desde la Organización Mundial del Aguacate. Un quehacer que puede llevar a conquistar nuevas zonas productoras en toda España.







