Natalia Lozano
La campaña de girasol de 2026 en Andalucía ha comenzado marcada por la complejidad de un año agrícola atípico, en el que las lluvias persistentes durante el invierno han alterado el calendario habitual de siembras y han generado importantes dificultades en el campo. Lejos de la incertidumbre por la falta de agua que ha caracterizado otras campañas, en esta ocasión el exceso hídrico ha condicionado tanto las labores como el desarrollo inicial del cultivo.
20% sembrado y muchas hectáreas pendientes

Las siembras se han retrasado respecto a años anteriores. Según explica Ramón Holgado, presidente de la cooperativa de Villamartín, “este año la complicación es las insistentes lluvias que hemos tenido durante todo el invierno y, lógicamente, pues esto nos ha hecho que las siembras sean un poco tardías con respecto a otras campañas”. Habitualmente, las primeras siembras se realizan entre finales de enero y febrero, pero en esta campaña el ritmo ha sido mucho más lento. “Se ha sembrado alguna parte, yo creo que un 20%, y ya están naciendo, pero todavía nos quedan muchas hectáreas por sembrar”, detalla.
Pese a que la abundancia de agua ha permitido contar con una buena reserva hídrica en el suelo actualmente, un factor positivo de cara a los rendimientos, las condiciones del terreno no han sido las más adecuadas para trabajar. “La tierra está en unas condiciones muy desfavorables, porque luego se ha cortado el agua y, lógicamente, bueno, la tierra está muy aporreada”, señala Holgado. Esta situación ha obligado a intensificar las labores: “Hemos tenido que meter los araos para matar las malas hierbas, porque la hierba se ha puesto muy grande”.
Labores intensivas para preparar el terreno
Para poder sembrar, los agricultores han tenido que realizar trabajos en profundidad y preparar el terreno en varias fases. “Hemos tenido que meter araos de profundidad y luego darle unos pases con otros araos más finos para que el lecho de la tierra esté en condiciones”, explica. Sin embargo, estas labores han tenido consecuencias: “Hemos venteado mucho la humedad superficial y, lógicamente, vamos a tener unos problemas de nacencia bastante significativos”.
El desarrollo del cultivo dependerá ahora de la evolución de la primavera. “Todo dependerá de que, bueno, ahora cuando terminemos de sembrar, la primavera venga con algo de lluvia, lo suficiente para que la nascencia sea óptima en los días venideros, pero, claro, eso no está en nuestras manos”, advierte.
El retraso en las siembras también tendrá impacto en las fases clave del cultivo. Al desplazarse el calendario, la floración podría coincidir con los meses más calurosos del verano. “La floración le va a coger los meses críticos de temperaturas altas, de julio-agosto, y todo eso influye”, apunta Holgado, quien reconoce que “están muy en el aire los rendimientos que pueda dar la campaña de girasol”.
Aumento de superficie por la crisis del cereal
En cuanto a la superficie, este año se ha producido un incremento del girasol en detrimento de otros cultivos. “Se ha sembrado más girasol porque la gente, toda la tierra que se dejó vacía… la mayoría de los agricultores optaron por sembrar este año girasol porque era bastante más rentable que el cereal”, explica. La caída de precios del cereal en los últimos años ha sido determinante: “Llevamos 3 o 4 años con los precios irrisorios y por debajo de los costes de producción”.
No obstante, este aumento de superficie coincide con un contexto climático adverso. “Nos hemos encontrado con un año muy difícil climatológicamente hablando y que, lógicamente, esto no puede afectar porque el girasol se está sembrando tarde”, resume.
Costes de producción disparados
A esta situación se suma el incremento de los costes de producción, especialmente en insumos clave. “Esto ha incidido de forma muy negativa, porque las ayudas son insuficientes”, afirma Holgado. El encarecimiento de fertilizantes ha sido especialmente acusado: “La urea empezamos comprándola a 450 euros y estamos hablando ya de 700, bueno, de 800 euros prácticamente”. A ello se añade el alza del gasóleo, lo que ha disparado los gastos en campo: “El gasóleo también por las nubes, y claro, pues todo está disparatado”.
El impacto económico es especialmente preocupante en un año en el que los rendimientos no se prevén óptimos. “Difícilmente el hombre augura ya una cosecha óptima, por todos estos motivos que hemos contado”, reconoce. Además, la limitada cobertura de los seguros agrarios agrava la situación: “Son costosos y cubren poco, y de hecho lo demuestra el poco porcentaje de agricultores que lo suscriben”.
Variedades
En cuanto a las variedades, no se esperan grandes cambios respecto a campañas anteriores. El girasol alto oleico seguirá siendo mayoritario. “Vamos a estar en los porcentajes de siempre, que vamos a estar en el 80 al 90% de Alto Oleico, y si acaso un 5 o un 10% del Linoleico”, indica Holgado, motivado principalmente por su mejor cotización en el mercado.
La cooperativa de Villamartín maneja volúmenes significativos tanto en cereal como en oleaginosas. “Estamos en el entorno de las 20 mil toneladas de cereales y de girasol en el entorno de las 7 mil toneladas, dependiendo del año”, detalla su presidente.
Daño en el cereal
El panorama no es más alentador para el cereal, que también acusa los efectos del exceso de lluvias. “El cereal tiene un daño ya grandísimo como consecuencia de los dos meses que hemos tenido de lluvias persistentes, y claro, eso ha asfixiado la raíz”, explica. El resultado es un desarrollo deficiente: “El ahijamiento ha sido malísimo y no auguramos una buena cosecha”. A ello podría sumarse un nuevo riesgo si la primavera es seca. “Si no acompaña una lluvia de primavera, eso sería ya la puntilla”.
En este contexto, el sector afronta una campaña marcada por la incertidumbre, en la que tanto el girasol como el cereal dependen, una vez más, de la evolución meteorológica en las próximas semanas.







