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InicioAgricultura de conservaciónControl biológico por conservación: hortícolas protegidos

Control biológico por conservación: hortícolas protegidos

El sector de frutas y hortalizas en Andalucía constituye uno de los pilares económicos de la región, con una proyección nacional e internacional destacada. Este liderazgo se ha logrado gracias a la tecnificación de la producción, la optimización logística y una fuerte presencia en los mercados internacionales.

Almería es el epicentro de esta actividad, concentrando la mayor producción hortofrutícola de la región. En 2019, representaba el 25% del PIB agrícola andaluz, con una exportación de más de 2.600 millones de kilogramos de hortalizas, valoradas en 3.943 millones de euros (CAGPDS, 2020).

Con cerca de 33.000 hectáreas de superficie invernada, Almería alberga la mayor concentración de invernaderos de Europa. La mayoría de las plagas que afectan a estos cultivos son de origen exótico y suelen introducirse a través del transporte de material vegetal. Ejemplos representativos incluyen Frankliniella occidentalis, procedente de Norteamérica; Tuta absoluta, la polilla del tomate; y Bemisia tabaci, la mosca blanca. Todas estas especies han encontrado en los invernaderos un entorno favorable para su expansión global (Kirk y Terry, 2003; Desnaux et al., 2010; Dalmon et al., 2008).
Hasta principios del siglo XXI, el manejo de estas plagas se basaba fundamentalmente en el uso intensivo de insecticidas. Sin embargo, esta estrategia generó graves problemas de resistencia y alertas fitosanitarias (Acebedo et al., 2022). En 2007, la Junta de Andalucía promovió la adopción masiva de la Gestión Integrada de Plagas (GIP) en cultivos protegidos. Como resultado, se pasó de 128 hectáreas con control biológico a 11.400 hectáreas en una sola campaña. Actualmente, alrededor del 53% de la superficie invernada, unas 23.000 hectáreas, utiliza control biológico, y la industria asociada tiene un valor estimado de 30 millones de euros, superando incluso al mercado europeo en su conjunto (Pilkington et al., 2010).

Este cambio fue posible gracias a la convergencia de varios factores: la aparición de resistencias a insecticidas, la disponibilidad de enemigos naturales desarrollados tras años de I+D público-privado, el compromiso de cooperativas y asesores técnicos, y el respaldo institucional mediante subvenciones y formación.

El Control Biológico por Conservación (CBC)

Como se ha explicado en artículos anteriores, el CBC representa una evolución natural del control biológico aumentativo, centrado en favorecer la permanencia y eficacia de enemigos naturales ya presentes en el agroecosistema. En Almería, el uso más limitado y selectivo de insecticidas facilitó la protección de estos enemigos naturales y permitió implementar estrategias para proporcionarles recursos (polen /néctar presas alternativas) y refugio.

Entre las prácticas más comunes se encuentra el uso de plantas auxiliares, como cebada o avena, inoculadas con pulgones específicos de cereales que sirven como hospedadores alternativos de parasitoides y depredadores de pulgones hortícolas. También se emplean plantas que proporcionan néctar y polen, como Lobularia maritima (aliso de mar) y Coriandrum sativum (cilantro), que fomentan la reproducción de sírfidos beneficiosos para el control de áfidos (Pineda et al., 2008).

Otra estrategia relevante consiste en el suministro directo de alimento alternativo producido comercialmente, como polen, huevos esterilizados de polilla, quistes de camarón o ácaros astigmátidos, que apoyan la supervivencia y eficacia de depredadores generalistas (Messelink et al., 2014). Todas estas prácticas han potenciado la aparición espontánea de enemigos naturales dentro de los invernaderos, algunos de los cuales han llegado a comercializarse, como los sírfidos Sphaerophoria rueppellii y Eupeodes corollae, o la crisopa parda Micromus angulatus. Además, es frecuente la colonización natural de los cultivos desde el exterior, como ocurre con chinches míridos zoofitófagos en tomate, que desempeñan un papel clave en el control de plagas (Gabarra et al., 2004). Especial interés tiene el parasitoide autóctono Necremnus tutae, muy eficaz contra T. absoluta en tomate, pero no disponible comercialmente (van der Blom et al., 2016). También destaca el parasitismo de Liriomyza spp. por un complejo de especies parasitoides, entre ellos el bracónido Opius inflammatus, recientemente citado en cultivos de Almería (Alcázar-Alba et al., 2025). Estos casos demuestran la importancia de conservar y gestionar la biodiversidad autóctona en el entorno agrícola para optimizar el control biológico natural.

Investigación en CBC en horticultura protegida (IFAPA)

La relación entre biodiversidad vegetal y control de plagas en los alrededores de los invernaderos ha generado debate, ya que puede tener efectos tanto beneficiosos como adversos. Uno de los principales temores es que estas plantas hospeden plagas o virus, suponiendo un riesgo fitosanitario.
En este sentido, el IFAPA, en colaboración con Fundación Cajamar, y la Universidad de Granada ha desarrollado durante más de una década estudios orientados a fomentar la biodiversidad mediante la implantación de setos con especies autóctonas en el entorno de los invernaderos. El objetivo es crear hábitats seminaturales que dificulten la entrada de plagas a los cultivos.

Los resultados obtenidos demuestran que estos setos tienen un efecto limitado en la incidencia de plagas y virus, dado que las plagas más comunes en invernaderos, como B. tabaci y F. occidentalis, son exóticas y no utilizan las especies autóctonas como hospedadores principales (Rodríguez et al., 2014; 2018). Su presencia en los setos se debe, probablemente, a la dispersión entre invernaderos.

Por el contrario, se ha comprobado que estos setos funcionan como reservorios de enemigos naturales, tanto generalistas como especialistas, que interceptan plagas en movimiento, contribuyendo al control biológico (Rodríguez et al., 2018; Cotes et al., 2018). El proyecto de Transición Ecológica 2021 (Ref. TED2021-130632B-I00), amplió este enfoque a escala de paisaje.

El objetivo fue evaluar el control biológico que pueden generar las pocas manchas de vegetación seminatural que aún persisten en el paisaje de horticultura protegida. Mediante el uso de plantas centinela infestadas experimentalmente con B. tabaci, se estimó que el control biológico natural alcanza un 57%, del cual el 45% corresponde a depredación y el 12% a parasitismo. Estos datos subrayan el valor ecológico de las áreas seminaturales en la provisión de servicios ecosistémicos clave, actuando los setos como facilitadores de la presencia de estos depredadores y parasitoides en el entorno inmediato de los invernaderos.

Cabe destacar que el coste de implementación de estos setos representa menos del 1% del coste total de infraestructura de un invernadero (Parra et al., 2020), lo que los convierte en una opción accesible y de bajo impacto económico. Para facilitar su adopción, IFAPA ha desarrollado la herramienta digital Diseñen (https://www.xn--diseen-zwa.es/es/), que permite a técnicos y agricultores diseñar setos adaptados a la horticultura protegida. Actualmente se sigue trabajando para identificar qué elementos específicos de la biodiversidad son responsables del control biológico observado, con el fin de diseñar estrategias eficaces de manejo paisajístico.

Autores

Mario Porcel

Investigador Centro IFAPA Churriana, Málaga

Sergio Pérez Guerrero

Investigador Centro IFAPA Las Torres, Sevilla

Estefanía Rodríguez Navarro

Investigadora Centro IFAPA La Mojonera, Almería

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