Las lluvias torrenciales de enero y febrero han pasado factura al cereal de invierno andaluz. Tras semanas de precipitaciones intensas y episodios de inundaciones, miles de hectáreas de trigo, cebada y avena han quedado anegadas, especialmente en el valle del Guadalquivir.
Ante esta situación, el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) ha publicado una serie de guías con recomendaciones prácticas para ayudar a los agricultores a tomar decisiones en sus parcelas tras los episodios de lluvias extremas.
Según el análisis realizado a partir de imágenes de satélite y modelos del terreno, la superficie potencialmente afectada sobre tierras arables podría alcanzar las 62.768,9 hectáreas en el escenario más amplio. Si se tiene en cuenta solo el agua detectada directamente por satélite, la cifra se sitúa en 32.232,5 hectáreas, pero al sumar las zonas donde el agua pudo haber estado presente, aunque no fuera visible en la imagen, el dato prácticamente se duplica.

Las provincias más afectadas
Sevilla es, con diferencia, la provincia más castigada, con hasta 51.688 hectáreas en el peor de los escenarios. Le siguen Cádiz, con 8.936 hectáreas, y Córdoba, con 1.344. En los datos analizados no aparecen afecciones en Almería. En algunas zonas concretas, como Andarax, Manilva o Grazalema, no se han podido extraer conclusiones definitivas por limitaciones técnicas o porque no se han detectado cambios claros en las imágenes.
Consecuencias
Más allá de las cifras, las consecuencias son evidentes. El exceso de agua impide que las raíces respiren con normalidad. Según el análisis, cuando el suelo permanece encharcado durante días, la planta se debilita. Además, reduce su crecimiento y puede perder buena parte de su potencial productivo, especialmente si el episodio ocurre antes de la floración, un momento clave para definir el número y el tamaño de los granos. En los casos más graves, la producción puede disminuir de forma notable.
La humedad constante también favorece la aparición de enfermedades de suelo, en el informe señalan “el mal del pie” y distintas pudriciones, además de hongos foliares como la septoria. A esto se suma otro problema práctico, la imposibilidad de entrar con maquinaria en muchas parcelas, lo que retrasa abonados y tratamientos en un momento decisivo para el cultivo.
Impacto
En términos económicos, el impacto puede ser muy relevante. Si se toma como referencia el trigo duro, según el análisis de IFAPA, el coste de implantación ronda los 157 euros por hectárea entre semilla y siembra, así que las pérdidas podrían situarse en algo más de cinco millones de euros. Considerando solo la superficie confirmada por satélite. Si se tiene en cuenta el escenario máximo, la cifra se acerca a los 9,9 millones de euros. Solo en Sevilla, el impacto podría superar los 8 millones.
Recomendaciones
Ante este panorama, el IFAPA plantea distintas opciones. En las parcelas claramente anegadas y con pocas posibilidades de recuperación, se recomienda levantar el cultivo y valorar una alternativa de primavera, como girasol o garbanzo, para limitar pérdidas. En las zonas donde la afectación es menos clara, se puede optar por reforzar el cultivo con fertilización nitrogenada y esperar su evolución, aunque se advierte de que las raíces pueden quedar más superficiales y el cereal será más sensible si la primavera viene seca y calurosa.
El informe insiste en que aún es pronto para conocer el alcance definitivo de los daños, ya que parte de las superficies podrían recuperarse si las condiciones acompañan. En cualquier caso, por extensión y posible impacto económico, las inundaciones de 2026 ya se perfilan como uno de los episodios más duros para el cereal andaluz en los últimos años.







