Emilio González Izquierdo
Estamos a mediados de septiembre de 2026 y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) nos escupe en la cara un otoño que se niega a llegar. Las previsiones para las próximas tres semanas dibujan un escenario de tiempo anticiclónico y temperaturas que rozan los treinta y cinco grados en buena parte de la Península. Sembrar ahora mismo, con la tierra cocida y la humedad por los suelos, es tirar la semilla a la basura.
Durante la semana del 14 al 20 de septiembre predominará el tiempo anticiclónico y estable. Las temperaturas alcanzarán valores más altos de los habituales para estas fechas: las máximas superarán los 32 a 35 °C, Además, las precipitaciones serán escasas. AEMET
Las lluvias brillan por su ausencia en el norte y el oeste, y aunque el área mediterránea podría recibir algún chaparrón la semana que viene, la incertidumbre es la única cosecha segura. En este contexto, es vital ajustar la fecha de siembra a la previsión meteorológica y a la temperatura del suelo, no al santoral.
La única salida es abandonar la tradición y abrazar la tecnología para tomar la mejor decisión. El agricultor debe ahora transformarse en analista de datos, para saber cuándo el suelo deja de ser un medio hostil y se convierte en una cama térmica aceptable. Puede cruzar los datos de su estación meteorológica y sus sondas de humedad con los datos de internet y desarrollar su propio modelo de predicción para saber el día exacto en el que la tierra reúne las condiciones óptimas para la siembra.

A partir de ese momento, hay que saber escoger aquellas variedades que mejor se adapten a cada ventana de siembra, procurando siempre que sea semilla certificada que haya recibido los tratamientos pertinentes. De esta manera, el cultivo recibirá la protección necesaria en sus primeras semanas de vida. Lo que garantiza una nascencia uniforme y vigorosa, libre de hongos de suelo y del ataque de larvas, gusanos de alambre o gusanos grises.
Los especialistas coinciden en que una buena nascencia es la base para el desarrollo de un sistema radicular amplio, profundo y bien ramificado. Y que contar con abundancia de raíces exploradoras resulta imprescindible para que la planta pueda buscar agua y nutrientes en el subsuelo cuando llegue el estrés primaveral.
Si recomendamos una variedad de trigo de ciclo largo, con un periodo óptimo de siembra de unos 15-20 días, y transcurre ese tiempo sin que se pueda sembrar, quedará descartada y optaremos por recomendar otra variedad distinta que se adapte mejor a la nueva ventana de siembra. Luis Alonso.
Luis Alonso, técnico de la cooperativa Bureba Ebro, explica cómo cada año realizan campos de ensayo en los que prueban diferentes variedades de trigo, cebada, colza y otros cultivos. Su objetivo es obtener la variedad adecuada para cada agricultor, parcela y momento de siembra. «Buscamos optimizar los cultivos de cada socio, para que obtenga la máxima rentabilidad de cada uno de ellos.
«Por ejemplo, para siembras tempranas estamos recomendando Farmeo, una variedad de trigo raspudo, de ciclo medio largo, que se adapta muy bien a zonas altas y que no enferma. Es un trigo que que hemos probado este año en nuestros campos de ensayo, en el Valle de Tobalina y que acaba de entrar en nuestro catálogo» relata. «Pero pasada su ventana óptima de siembra recomendaremos otras variedades que se adapten mejor a ese momento, como pueden ser Extase, Celebrity o Esphere» reitera.
La sanidad vegetal desempeña un papel fundamental en el desarrollo de una agricultura eficiente. La calidad de la semilla es fundamental para la producción sostenible del cultivo, el aumento del rendimiento y la tolerancia a factores tanto bióticos como abióticos. ANOVE
Apostar por la semilla certificada es la mejor póliza de seguro, defiende la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (ANOVE). Y explica que trabajar con un material genético que cumple las garantías de calidad permite afrontar la implantación con el menor riesgo posible.
El agricultor del siglo XXI sufre la misma angustia que el de hace cien años. Tiene más herramientas, más datos y más tecnología, pero sigue mirando al cielo con la misma desconfianza con la que lo hacía su abuelo. La diferencia es que, en muchos aspectos, ya no tiene que tomar decisiones a ciegas. Sin embargo, mientras la tecnología no controle el clima, la certeza absoluta seguirá siendo una quimera.







