El cultivo de arroz en España avanza hacia una recuperación en la producción tras años marcados por la sequía, pero los agricultores advierten que la doble cara de esta mejoría es un panorama de costes crecientes, plagas, y la competencia exterior y falta de herramientas fitosanitarias que amenaza la viabilidad del sector.
Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la campaña de comercialización 2024/2025 registró una producción de aproximadamente 562.294 toneladas, lo que supone un incremento del 69 % frente al año anterior tras dos años de sequía severa. Sin embargo, este aumento no oculta los problemas. En algunas zonas, se estiman pérdidas de rendimiento de hasta el 25 % y en variedades específicas, como la “bomba” o “Albufera”, podrían alcanzar el 50 %.
Competencia externa y etiquetado: la presión de las importaciones
Otro de los grandes problemas es la fuerte competencia exterior. Países como la India, Tailandia y Vietnam son los principales exportadores de arroz.
El mercado español, aunque históricamente ha sido exportador, ha pasado a ser deficitario, con aumento de importaciones de países extracomunitarios y exportaciones principalmente a la UE y Reino Unido. La demanda de consumo en mercados específicos y las políticas internas de los países, como las prohibiciones de exportación para controlar precios han sido fatores claves en este cambio. “Con la cantidad de arroz que viene de fuera no podemos igualarnos porque no trabajamos con las mismas condiciones, ni la calidad de nuestro arroz es comparable”, sentencia José Luis Sosa, agricultor sevillano.
En cuanto a las exportaciones españolas, en los últimos años, se han mantenido relativamente estables en cantidades ligeramente superiores a las 200 mil toneladas. La UE y Reino Unido son los destinos principales de estas exportaciones.
Los productores también critican que en España no se exige de modo obligatorio indicar en la etiqueta el país de cultivo del arroz, lo que dificulta al consumidor distinguir entre arroz nacional y arroz importado.
“Es muy importante conocer el origen de lo que consumimos, por eso insistimos en la creación de una denominación de origen que certifique la calidad que tiene nuestro arroz”, indica José Luis Sosa.
El sector arrocero está solicitando desde hace mucho tiempo la obligatoriedad de etiquetar el origen del arroz, ya que, tal como ha venido denunciando las distintas organizaciones agrarias, muchos operadores han tratado de vender arroz asiático como si fuera valenciano, usando imágenes tradicionales de Valencia y la Albufera que pueden confundir a los consumidores.

Una brecha de precios insostenible
En la campaña comercial 2024-2025, las importaciones de arroz blanqueado alcanzaron un récord histórico de 1,17 millones de toneladas, más de la mitad de ellas libres de aranceles, según datos del último Informe del Mercado del Arroz Creed.
A esta cifra se suman 787.000 toneladas de arroz descascarillado, aproximadamente la mitad correspondientes a variedades Basmati exentas de impuestos. Esta avalancha de importaciones a bajo precio, unida al aumento de los costes de producción, ha colocado al sector arrocero europeo bajo una presión sin precedentes.
El informe destaca también la creciente diferencia entre el precio del arroz importado y el europeo. El arroz de grano largo de Myanmar se vende actualmente a 285 €/t, frente a los 480 €/t de hace un año. En contraste, el arroz italiano tipo “Lungo-B” alcanza los 1.100 €/t, lo que refleja una disparidad que ha forzado a los productores de la UE a rebajar sus precios entre un 20 % y un 30 %.

Esta caída de precios, unida a los elevados costes de producción europeos, pone en riesgo la sostenibilidad económica y social del cultivo, que genera miles de empleos y mantiene ecosistemas rurales y humedales esenciales. Y es que la competencia exterior y falta de herramientas fitosanitarias amenaza la viabilidad del sector.
Fitosanitarios obsoletos y prohibiciones que lastran la producción
Los agricultores denuncian que las restricciones europeas a las materias activas están dejando al cultivo sin herramientas eficaces para combatir plagas y malas hierbas.
“Llevamos 15 años utilizando las mismas materias activas, hay variedades que ya han generado resistencia y no conseguimos eliminarlas”, explica Nado Durá, agricultor valenciano.
La falta de alternativas viables, junto con la prohibición de herbicidas y fungicidas eficaces, ha reducido el rendimiento y la rentabilidad del cultivo. “Nos han quitado productos que funcionaban y los nuevos son más caros y menos efectivos”, reconocen los agricultores.
Aunque la producción de arroz ha logrado remontar tras el periodo de sequía, el sector está en una encrucijada. Con costes de producción elevados, rendimientos a la baja, precios insuficientes, competencia internacional y falta de herramientas fitosanitarias. El resultado de todo esto provoca que el cultivo esté al borde del colapso si no se adoptan medidas urgentes para garantizar su competitividad y sostenibilidad







