Mercedes Iborra
Un otoño cálido ha alterado el ritmo natural del cítrico. La climatología ha vuelto a marcar el inicio de campaña con temperaturas superiores a lo habitual en Europa durante octubre y noviembre, lo que ha retrasado la activación del consumo, afectando tanto a naranjas tempranas como a mandarinas.
Sin frío sostenido, el consumidor europeo demora la entrada del cítrico en su cesta. No es desinterés, es desajuste estacional. La fruta española ha llegado en su calendario habitual, pero el mercado todavía no estaba preparado para absorberla, especialmente en segmentos tempranos.
Este desfase confirma que el calendario fisiológico del cultivo y el calendario emocional del consumidor ya no están completamente alineados. Es un patrón que va a repetirse.
Y mientras el clima redefine el consumo, otro factor externo está presionando las ventanas comerciales de manera estructural: El hemisferio sur.
La presencia en Europa de fruta del hemisferio sur se ha convertido en un factor determinante. Sudáfrica y Perú han ampliado su permanencia en destino gracias a mejoras logísticas y a programas de abastecimiento más precisos.
En esta campaña 2025/2026, Perú supera las 200.000 toneladas exportadas en easy-peelers (cítricos fáciles de pelar) y Sudáfrica se aproxima a las 800.000 en pequeños cítricos. Su salida tardía coincide con la entrada española en precoz y condiciona tanto a mandarinas como a las primeras naranjas.
No es una cuestión de calidad, la fruta española sigue siendo reconocida en Europa por sabor, vida útil, seguridad y consistencia, sino de calendario y ocupación del lineal. La ventana española se estrecha porque el hemisferio sur ha aprendido a llegar más lejos y a durar más.

Hoy, España compite menos en volumen y más en valor
El aforo nacional apunta a una campaña corta: 5,44 millones de toneladas, la cifra más baja en 16 años. Esta reducción no afecta por igual a todas las especies, pero introduce un denominador común, que la fruta española sigue siendo competitiva porque ofrece consistencia en los atributos que el mercado europeo más valora.
En mandarinas, las variedades de media estación muestran una calidad destacada, con buen equilibrio de ºBrix/acidez y comportamiento óptimo en poscosecha. España no compite solo en toneladas, compite en regularidad, calidad comercial y fiabilidad.
En materia sanitaria, el incremento de ciclos de plagas asociado al calor (trips, mosquito verde, ácaros) ha exigido un manejo más disciplinado, pero el sector está respondiendo con mayor profesionalización, con monitoreo más frecuente, intervenciones ajustadas y estrategias integradas que dan resultados. El cotonet (Planococcus citri) sigue siendo el desafío estructural, pero se están consolidando enfoques más efectivos que combinan control biológico, manejo cultural y precisión en las aplicaciones.
En cuanto a precios, el inicio de campaña ha mostrado cotizaciones firmes en origen. Las causas de esta firmeza son claras: menor oferta nacional, menor oferta global, y alta valoración de la fruta española en destino.
Las primeras referencias oficiales rondan los 0,50–0,60 €/kg en árbol para fruta de calidad, un nivel superior a la media de campañas recientes. Sin embargo, la rentabilidad no depende solo del precio inicial, sino del porcentaje de fruta realmente comercializable, de la eficiencia en campo y de la capacidad para alinearse con las semanas en las que el mercado responde mejor. Lo positivo es que el retail europeo reconoce la fiabilidad del cítrico español.
Genética, innovación y CRISPR: las claves para la próxima década
Más allá de la campaña, el sector global está evolucionando hacia una competencia basada en ventanas y genética. Países como Marruecos, con un incremento relevante de la variedad de mandarina tardía Nadorcott, y los programas del hemisferio sur, orientados a frutas de sabor estable, muestran que el mercado se está reorganizando alrededor de materiales capaces de ofrecer consistencia.
España debe reforzar su estrategia varietal, y aquí la biotecnología, incluida la edición génica como CRISPR, una herramienta de edición génica que permite acortar décadas de mejora vegetal en pocos años y que ofrece una oportunidad real para acelerar la adaptación con variedades que coloreen antes con menos frío, árboles más resistentes a estrés térmico e hídrico y perfiles sensoriales más estables para exportación.

Eficiencia, impacto y trazabilidad: factores que ya influyen en la compra
El mercado europeo ya no solo evalúa la fruta por calidad sensorial, evalúa también la eficiencia del sistema productivo. Conocer el balance de carbono, la eficiencia hídrica o el coste energético por kilo útil se está convirtiendo en un elemento diferenciador para proveedores estratégicos.
España, con su nivel de organización y profesionalización, tiene capacidad para liderar esta transición y convertir la sostenibilidad en ventaja competitiva real, no en un discurso teórico.
España sigue siendo un origen estratégico, pero debe jugar con nuevas reglas. La campaña 2025/2026 confirma que el cítrico español mantiene sus fortalezas históricas: calidad, regularidad, capacidad técnica y seguridad alimentaria. Lo que cambia no es España, sino el entorno.
El sector deberá trabajar con anticipación varietal, precisión agronómica, sanidad integrada, eficiencia operativa y una estrategia comercial basada en ventanas, no en inercias.
Europa sigue queriendo cítricos españoles. De hecho, los valora más que nunca. El reto ahora no es defender el liderazgo, sino redirigirlo hacia un modelo adaptado al clima, al mercado global y a las nuevas exigencias del retail, y es el momento de hacerlo poniendo en valor la tradición sin olvidar que es necesaria una estrategia acorde a la nueva realidad del mercado.







