Todo empezó en 1965, cuando nuestros padres decidieron apostar por algo que parecía sencillo pero que sabían que era extraordinario: la patata. Desde entonces, padres e hijos hemos trabajado codo a codo, aprendiendo unos de otros, compartiendo secretos que solo se transmiten de generación en generación.
Hoy, con el orgullo de ser una empresa familiar auténtica, seguimos mirando cada patata como si fuera la primera vez. Desde nuestro hogar en Navalcarnero, en el corazón de Madrid, hemos construido algo más que un negocio: hemos creado una familia extendida que incluye a agricultores, clientes y compañeros que comparten nuestra pasión por hacer las cosas bien. Porque aquí, cada detalle importa, cada proceso se cuida con mimo y cada patata lleva nuestra firma de calidad.
La excelencia no es casualidad, es trabajo diario
Cuando te enseñan que la calidad no se negocia, aprendes a no conformarte con menos. Por eso, hemos conseguido algo de lo que estamos tremendamente orgullosos: certificaciones que no todo el mundo tiene. IFS Food, Global GAP… nombres que quizá suenen técnicos, pero para nosotros son medallas de honor que colgamos con satisfacción.
Trabajamos solo con agricultores que conocemos, en los que confiamos, y que, como nosotros, entienden que la tierra hay que tratarla con respeto.

Cada proveedor pasa nuestros controles, cada patata se revisa, cada proceso se supervisa. Porque sabemos que cuando una familia pone nuestra patata en su mesa, está confiando en nosotros.
Y es que tener laboratorios acreditados por ENAC controlando todo lo que hacemos no es solo un trámite; es nuestra forma de dormir tranquilos sabiendo que hemos hecho todo lo posible por entregar lo mejor.
La Chulapona. Más de una década de orgullo madrileño
Si hay algo que de verdad nos enorgullece es hablar de La Chulapona. En 2025 celebró su décimo aniversario y este 2026 seguimos recogiendo los frutos de esa trayectoria. Aún nos emociona recordar el día en que nos convertimos en la primera patata en conseguir el sello M de la Comunidad de Madrid, que garantiza su calidad y procedencia.
La Chulapona no es solo una patata; es un homenaje a todas esas mujeres valientes que trabajaron nuestra tierra, que se mancharon las manos para sacar adelante a sus familias.
Es madrileña de pura cepa, cultivada en la Comarca de Las Vegas y Villamanrique del Tajo, con métodos que nuestros abuelos reconocerían: sin químicos raros, sin prisa, respetando el ritmo de la naturaleza.
Desde julio hasta septiembre, cuando el campo está en su mejor momento, nuestros agricultores amigos la cuidan como si fuera suya, porque, al final, un poco sí lo es. La recogemos a mano, la lavamos con cariño, la empaquetamos pensando en la familia que la va a cocinar. Y cuando la vemos en los principales lineales de Madrid, sentimos el mismo orgullo que el primer día.
En más de diez años, La Chulapona ha llegado a lugares que jamás imaginamos. Chefs reconocidos la eligen, aparece en medios gastronómicos, y los consumidores la piden por su nombre. Lo que empezó como un sueño familiar hoy es un símbolo de calidad madrileña.

Creciendo sin perder nuestras raíces
El éxito trae responsabilidades, y nosotros las asumimos con la misma seriedad con la que nuestros padres nos enseñaron a trabajar. Por eso, cuando decidimos ampliar nuestras instalaciones, lo hicimos pensando en grande: más de 2 millones de euros de inversión para modernizar y multiplicar nuestra capacidad.
Hoy contamos con tecnología que nuestros padres ni imaginarían: una selectora óptica de última generación, sistemas de almacenamiento que prolongan la vida de nuestras patatas y una logística ágil que nos permite llegar más lejos que nunca. Pero lo más importante sigue igual: nuestra obsesión por hacer las cosas bien.
Porque crecer no significa cambiar quién eres; significa poder hacer mejor lo que siempre has hecho.
Mirando al futuro sin olvidar de dónde venimos
En 2026 seguimos avanzando con la misma ilusión. Apostamos por lo ecológico, por productos que cuiden el planeta que queremos dejar a quienes vienen detrás. Incorporamos sistemas de riego inteligente, promovemos envases 100% reciclables y buscamos siempre formas más responsables de cultivar y distribuir.
Ser una empresa familiar no significa quedarse en el pasado; significa construir el futuro sobre valores sólidos, con la misma honestidad con la que empezamos.







