Desde el pasado 1 de enero, el escenario del comercio internacional de carne de vacuno ha dado un giro proteccionista. El Gobierno de China ha decidido aplicar medidas de salvaguardia que incluyen el establecimiento de contingentes de importación por países. Una vez superados estos límites, las compras de carne de vacuno procedentes del exterior se enfrentan a un arancel adicional del 55%.
Esta medida afecta de lleno a los principales proveedores del gigante asiático: Brasil, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Sin embargo, en el caso de España, el impacto es inexistente en términos directos.
«No hay por qué preocuparse»
Javier López, director general de Provacuno (la Interprofesional del Vacuno de Carne), ha sido tajante al analizar la situación en recientes declaraciones. «Realmente la aplicación de aranceles no nos afecta porque el mercado chino está actualmente cerrado para el vacuno español. Al no haber operaciones, no hay impacto directo», afirma López, lanzando un mensaje de calma a los ganaderos y a la industria nacional.
No obstante, desde el sector se mantiene una vigilancia estrecha sobre las consecuencias indirectas. El principal temor reside en un posible cambio en los flujos de producto. Si los grandes exportadores del Mercosur o Australia ven dificultado su acceso a China debido al elevado precio que imponen los nuevos aranceles, podrían redirigir sus excedentes hacia la Unión Europea, un mercado con precios atractivos pero que podría verse tensionado por un exceso de oferta externa.
Un 2026 marcado por la escasez y los precios altos
A pesar de la incertidumbre internacional, el sector viene de un año 2025 de récords, con precios históricamente altos para el productor. Según el análisis de Provacuno, esta tendencia se mantendrá, al menos, durante el primer semestre de 2026.
La situación actual está definida por un «desequilibrio tremendo» entre la oferta y la demanda. Con una producción europea muy ajustada y un «descalabro» en el censo de algunos países vecinos, se espera que la tensión en los precios continúe. Además, la coincidencia en el calendario de las campañas de Navidad y el Ramadán (que este año cae en los primeros meses) mantendrá la demanda en niveles muy altos, asegurando que, por ahora, el principal desafío del vacuno español no sea China, sino la capacidad de cubrir las necesidades de un mercado interno y europeo sediento de producto.
En resumen: los aranceles chinos son hoy una noticia lejana para el campo español, que sigue centrado en gestionar una producción corta y unos costes que, aunque altos, se ven compensados por la fortaleza de los precios en origen.







