Emilio González Izquierdo
Cero positivos. Ni uno. Esta situación no es casualidad. Es el resultado de una estrategia colectiva, rigurosa y sostenida en el tiempo. El sector porcino español, referente mundial en calidad y sanidad animal, ha demostrado una vez más su capacidad de respuesta ante la mayor amenaza sanitaria que ha enfrentado en décadas. La aparición de los primeros casos de peste porcina africana (PPA) en jabalíes silvestres en noviembre de 2025 activó todos los protocolos.
Pero, atención: la enfermedad se quedó en el monte. No cruzó la valla. No entró en la nave. No infectó a un solo cerdo en explotación ganadera.
¿Cómo es posible? La respuesta se construye sobre tres pilares: bioseguridad extrema, vigilancia permanente y, sobre todo, compromiso. Desde que la PPA irrumpiera en la Unión Europea en 2014, España ha ido tejiendo una red de prevención que ahora da sus frutos. El Plan Estratégico Nacional de Bioseguridad en explotaciones porcinas, las guías de interpretación para encuestadores, la adaptación de la herramienta Biosegpor, la inversión en centros de limpieza y desinfección de vehículos… Todo un ecosistema de medidas que, lejos de quedarse en el papel, se aplica con disciplina diaria en cada explotación.
Y cuando el riesgo se materializó en los primeros positivos en jabalíes salvajes, el sector no falló. Pero, lejos de relajarse y sacar pecho por el buen trabajo realizado hasta el momento en materia de prevención, el sector porcino español va más allá.
El muro de contención invisible
Interporc, la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca, ha propuesto al Consejo General de Organizaciones Interprofesionales Agroalimentarias una modificación normativa para reforzar aún más las actuaciones de prevención. Y el pleno ha dado luz verde. La medida concreta: un ajuste temporal de las aportaciones económicas obligatorias, fijadas en 0,265 euros entre mayo y agosto de 2026, para dotar de recursos adicionales a las campañas de prevención. Es decir: el sector se aprieta el cinturón, invierte más, se exige más. Porque sabe que lo que está en juego no es solo su negocio, sino la confianza de millones de consumidores.
Aquí va la cifra clave, la que debería resonar en cada oficina de compras internacional: 142 casos en jabalíes. 0 casos en cerdos domésticos. Mientras el medio natural está profundamente infectado en zonas acotadas de Cataluña, las granjas españolas mantienen un estatus sanitario envidiable. Los Servicios Veterinarios Oficiales han inspeccionado 57 explotaciones en la zona infectada sin detectar sintomatología ni lesiones compatibles con la PPA en ninguna de ellas.
La vigilancia pasiva se ha reforzado. Los vallados se han multiplicado. Se han identificado más de 180 puntos de riesgo y se han instalado pasos canadienses y barreras selectivas que impiden el movimiento de jabalíes sin obstaculizar la actividad humana. Esto no es suerte. Es ciencia aplicada. Es gestión sanitaria de alto nivel. Es el fruto de años de trabajo coordinado entre administraciones, veterinarios, ganaderos y agentes rurales.
España es el segundo exportador mundial de productos porcinos, con más de 3 millones de toneladas vendidas en más de 130 países por un valor que ronda los 7.700 millones de euros. Detrás de esas cifras hay algo más valioso: prestigio. «Para el resto del mundo, nuestro modelo de producción es sinónimo de producción sostenible, calidad, bienestar animal y seguridad alimentaria», señalaba Alberto Herranz, director de Interporc. Esa reputación no se construye con marketing. Se gana con coherencia, con trazabilidad y con transparencia.
Sin embargo, en un mercado global donde la información viaja a velocidad de vértigo y la desinformación incluso más rápido aún, existe el riesgo de que la presencia de PPA en fauna silvestre española genere dudas infundadas sobre la seguridad de la carne de cerdo nacional. Nada más lejos de la realidad. La PPA no es zoonósica: no afecta a las personas ni por contacto ni por ingestión
Además, los controles en granja, matadero y cadena de distribución garantizan que solo productos seguros lleguen al consumidor.
Motivos para confiar
Los mercados internacionales tienen motivos de sobra para confiar en el porcino español. Primero, por los hechos: cero contagios en granjas a pesar de la presión epidemiológica en el entorno. Segundo, por la actitud: un sector que no espera a que le impongan medidas, sino que las anticipa, las amplía y las financia. Tercero, por la trayectoria: décadas liderando rankings internacionales de calidad, innovación y sostenibilidad.
La peste porcina africana es un desafío global. Europa acumula cerca de 1.500 casos en jabalíes en lo que va de 2026. España, con su modelo de contención, está escribiendo una de las respuestas más eficaces. No se trata de ocultar el problema, los datos son públicos, las zonas de riesgo están cartografiadas, se trata de demostrar que, con recursos, coordinación y determinación, es posible proteger la producción sin sacrificar la transparencia.
El cerdo español sigue siendo, hoy más que nunca, sinónimo de garantía. Para el ganadero que lo cría con orgullo. Para el industrial que lo transforma con rigor. Para el consumidor que lo elige con confianza. Y para el mercado internacional que, si mira más allá del titular alarmista, encontrará en España no un foco de riesgo, sino un ejemplo de excelencia sanitaria.







