Ricardo Ortega
Luis Navedo es el nuevo presidente de la Asociación Española de Biogás, AEBIG. Como tal, participó a finales de julio en la Jornada Técnica de Biogás organizada por AgroLaGranja en colaboración con la Diputación de Valladolid.
-Nos gustaría deslindar dos conceptos que a menudo se confunden, como biogás y biometano.
-El biogás es un gas que se produce de manera natural cuando los residuos orgánicos, como el estiércol de los animales o restos de cosechas, se descomponen sin oxígeno. Este proceso ocurre en un sistema cerrado llamado digestor, y el biogás que se obtiene está compuesto principalmente de metano.
De este modo, el biometano es simplemente el biogás que se ha limpiado y depurado para separar el metano del resto de gases. Es muy similar al gas natural que utilizamos en nuestras casas, con la ventaja de que proviene de fuentes renovables 100%.
-¿Cuál es la situación en España?
-El biogás y el biometano representan una solución relevante para abordar los retos ambientales asociados a las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente el metano.
Además de contribuir a su reducción, permiten la generación de energía renovable en forma de biometano y de bioproductos útiles, como el digerido (a veces conocido como ‘digestato’, por influencia del inglés). En España el sector se encuentra con un claro potencial de crecimiento.
-¿Sectores como el ganadero ven en él una solución a los purines?
-En relación con el sector ganadero no existe una única solución aplicable de forma generalizada, sino un conjunto de opciones que deben adaptarse a las características de cada explotación y territorio. Entre ellas, el biogás puede desempeñar un papel importante, ya que contribuye a la valorización de estos residuos, reduce impactos como los olores y permite su estabilización, al tiempo que genera energía renovable.
No obstante, es fundamental entender el biogás como parte de un enfoque integral de gestión, en el que cobra también especial relevancia el tratamiento y la adecuada valorización agronómica de los digeridos resultantes.
-¿Qué importancia tiene el digerido?
-Mucha y, de hecho, el éxito del sector depende de entenderla correctamente. La producción de biogás y biometano comienza mucho antes de que la energía llegue al consumidor: empieza en la gestión de los residuos generados en explotaciones agrícolas y ganaderas.
Si una instalación es capaz de tratar grandes volúmenes de residuos, pero después genera una cantidad similar de digerido sin una salida agronómica definida, el ciclo queda incompleto.
Por eso es fundamental implicar al sector primario en esta transición. Sin soluciones eficaces para la valorización de purines, estiércoles y otros subproductos orgánicos, será muy difícil disponer del volumen de gas renovable que se necesita para alcanzar los objetivos de descarbonización.
-¿Seguridad alimentaria y la seguridad energética están vinculadas?
-La transición energética no puede desarrollarse de espaldas a agricultores y ganaderos, que son actores clave en este proceso. El reto no es únicamente encontrar consumidores para el biometano, sino también generar valor a partir de los coproductos que se obtienen durante su producción.
En este sentido, el digerido representa una oportunidad estratégica. Su utilización puede contribuir a reducir la dependencia de fertilizantes minerales y químicos, especialmente en un contexto marcado por el incremento de costes y la volatilidad del mercado internacional.
Desde AEBIG consideramos que las administraciones deberían impulsar medidas concretas que fomenten la aplicación agronómica del digerido, incluyendo objetivos o porcentajes mínimos de fertilización orgánica procedente de plantas de biogás.
-¿Qué propone el RD del Miteco y qué alegaciones ha presentado AEBIG para mejorarlo?
-Valoramos que el proyecto de Real Decreto incorpore mecanismos como el sistema de cuotas de consumo de biometano, ya que supone un avance relevante para el desarrollo del sector. Sin embargo, consideramos que aún puede reforzarse para garantizar un despliegue efectivo de la producción en España.
Desde AEBIG hemos presentado alegaciones centradas en mejorar el equilibrio de la norma. Una de las principales es que el sello de excelencia sea voluntario, ya que vincularlo al cumplimiento de obligaciones podría generar inseguridad jurídica y barreras innecesarias en el mercado.
-¿Qué esquema de trabajo se ofrece a la explotación ganadera interesada?
-Existen diferentes esquemas de participación de una explotación ganadera en este tipo de proyectos. Uno de ellos es el autoconsumo energético, en el que se instala un digestor en la propia granja para tratar las deyecciones ganaderas ‘in situ’ y producir energía térmica o, en algunos casos, energía eléctrica mediante cogeneración.
Otra opción es el desarrollo de plantas centralizadas orientadas a la producción de biometano, en las que se valorizan distintos tipos de residuos orgánicos para generar gas renovable destinado a su inyección en la red.
En este modelo, los ganaderos pueden aportar sus purines y estiércoles a las plantas, mientras que los agricultores pueden beneficiarse del uso de los digeridos como fertilizante orgánico.
-¿Qué ventajas tiene para esas explotaciones?
-Para el sector ganadero destacan la mejora en la gestión de los residuos, la reducción de impactos ambientales y la posibilidad de diversificar ingresos.
Respecto a los costes, dependen del modelo de participación: en el caso del autoconsumo, requieren inversión en instalaciones y mantenimiento, mientras que en los esquemas de suministro a planta, los costes suelen estar asociados principalmente a la logística y al transporte del material.
-¿Qué papel les toca jugar a las administraciones?
-El reto pasa por fortalecer la coordinación entre las distintas administraciones públicas y consolidar un marco estable que aporte certidumbre y agilice el desarrollo de proyectos en todo el territorio. Avanzar en esta dirección permitirá aprovechar plenamente el potencial del biogás y el biometano como palancas para la descarbonización, la economía circular y la mejora de la competitividad del sector agroganadero.
En el contexto europeo, muchas de las políticas de apoyo al biometano se han orientado no solo a su contribución a la transición energética, sino también a su papel como vía de generación de ingresos complementarios para agricultores y ganaderos, favoreciendo la economía rural.
La agroindustria española parte aún con cierta desventaja frente a otros países de nuestro entorno, especialmente en comparación con Francia o Italia.
-¿Qué ventajas aporta una planta de biometano a la localidad o comarca en la que se instala?
-Una planta de biometano aporta varias ventajas claras al territorio en el que se ubica. En primer lugar, contribuye a la gestión sostenible de residuos orgánicos locales, transformándolos en energía renovable y en fertilizantes de origen orgánico, lo que encaja plenamente en los principios de la economía circular.
Además, tiene un impacto positivo en la economía local, ya que genera empleo directo e indirecto durante la construcción y la operación, y dinamiza actividades auxiliares en la comarca. También ayuda a reducir emisiones de gases de efecto invernadero y a avanzar en la independencia energética del entorno rural.
-¿Se percibe así por los habitantes de esos territorios?
-La percepción social suele ser diversa. En muchos casos, cuando se dispone de información clara y se establece un diálogo temprano con la población, la aceptación es positiva al entenderse sus beneficios ambientales y económicos.
Sin embargo, también es normal que al principio existan dudas o preocupaciones, especialmente relacionadas con el tráfico, los olores o el impacto local. Por eso la transparencia, la participación y la comunicación continua son claves para generar confianza y mejorar la integración de estos proyectos en el territorio.







