Natalia Lozano
La escalada de tensión en Oriente Medio, con epicentro en Irán y el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz, ha comenzado a trasladar incertidumbre a los mercados energéticos internacionales y, por extensión, al sector agrícola. El posible encarecimiento del petróleo y del gas natural amenaza con impactar directamente en los fertilizantes nitrogenados, clave para la próxima campaña, y en otros costes esenciales como el gasóleo o la energía, en un momento en el que el equilibrio entre ingresos y gastos del campo vuelve a ponerse en cuestión.
El estrecho por el que transita una parte esencial del comercio energético mundial, y entre un 20% y un 30% del comercio marítimo de fertilizantes y materias primas, se ha convertido en un punto crítico para las cadenas de suministro. Una interrupción prolongada podría reducir los flujos de urea, amoníaco y otros fertilizantes procedentes de Oriente Medio, además de elevar los costes logísticos. A ello se suma que la producción en Irán, uno de los principales exportadores mundiales de urea, podría haberse reducido por precaución ante posibles ataques y problemas en el suministro de gas natural, materia prima fundamental para los fertilizantes nitrogenados.
Los mercados ya están reaccionando a esta incertidumbre. El precio internacional de la urea ha registrado subidas en puertos de Egipto y Estados Unidos, reflejando tensiones en el suministro y una mayor demanda anticipada ante la campaña de primavera.
Empresas y analistas detectan los primeros movimientos
En el ámbito empresarial, las primeras señales de inquietud ya son visibles. José Antonio Marcos, jefe del Área de Cereales y Fertilizantes de la empresa española Bernabé Campal, reconoce que “quizá sea un poco pronto”, pero confirma que el conflicto ya está generando movimientos en el mercado. “Este conflicto afecta a la energía, al petróleo y al gas natural, y eso repercute directamente en los fertilizantes, especialmente en los productos nitrogenados”, explica.
Según señala, los fabricantes han comenzado a paralizar operaciones a la espera de mayor claridad. “De momento lo que han hecho es suspender cotizaciones para ver de qué manera va a afectar la situación. Hay nerviosismo y poco margen de maniobra”, afirma. En su opinión, la urea podría ser uno de los productos más afectados si la tensión se prolonga: “El sentimiento es de subida, pero estamos a la espera de cuánto será. Esto va a tener repercusiones en los costes para el sector agrícola”.
Desde la multinacional agrícola Limagrain, su responsable de producto de cereal, Paulino Esquej, también anticipa un escenario complicado para los fertilizantes. “Yo supongo que el fertilizante se va a ver perjudicado. Ya había una queja importante por el precio y ahora es un momento difícil”, señala. Aunque recuerda que en los cultivos de invierno los costes ya están asumidos, advierte de que el impacto puede sentirse especialmente en los cultivos de primavera, como el maíz, cuya siembra comienza ahora. Pese a la incertidumbre, lanza un mensaje de cautela: “Hay inestabilidad, pero hay que llamar a la tranquilidad y analizar los números para que el agricultor sepa cuál es la mejor opción en cada caso particular”.
En la misma línea se pronuncia desde Cádiz, Urbano Herrero, de la empresa de fertilizantes FITESA, que subraya la estrecha relación entre el mercado de fertilizantes y la geopolítica. “El mercado de fertilizantes es muy sensible al contexto geopolítico porque está directamente ligado a la energía. Una escalada de tensión en Oriente Medio genera incertidumbre inmediata, especialmente en los fertilizantes nitrogenados”, explica. Según indica, el mercado ya está reaccionando: “Varias compañías han retirado cotizaciones y estamos viendo subidas significativas en productos como la urea. Más que un problema de disponibilidad, lo que refleja ahora mismo el mercado es un alto nivel de incertidumbre y volatilidad en los precios”.
Mercados cerealistas en pausa
La tensión también se deja sentir en los mercados de materias primas agrícolas. Miguel Murciego, de Asegrain, empresa comercializadora de cereal, describe un mercado nacional de cereales “muy parado”, con escasa actividad tanto en la oferta como en la demanda. En el mercado internacional, el maíz y la soja han registrado subidas en Chicago, impulsadas por el repunte del petróleo y la incertidumbre en el Golfo Pérsico, mientras que el trigo se mueve con altibajos.
En España, algunas lonjas comienzan a reflejar estos movimientos. La Lonja de Salamanca elevó recientemente en un euro el precio de referencia del trigo blando, hasta los 202 euros por tonelada, mientras que avena y triticale también registraron ligeras subidas.
Preocupación en el campo
En el terreno de las explotaciones, los agricultores ya perciben las primeras consecuencias. Diego Hernández, agricultor de Villarmentero de Esgueva (Valladolid), denuncia que el aumento del gasóleo ha sido inmediato. “Han subido el gasoil y el gas al día siguiente, cuando me imagino que ese gasoil lo tenían ya comprado y procesado. Ha sido pura especulación y aprovecharse de la situación”, afirma.
Ante esta incertidumbre, muchos productores optan por anticiparse. “Yo, por lo menos, he pedido gasoil para tener los tanques llenos y esperar acontecimientos. No sabemos lo que puede durar”, explica, recordando que en breve comienza la campaña de riegos, una etapa de alto consumo energético. “La repercusión que ha tenido el gasoil y los nitrogenados al día siguiente es una vergüenza, porque es pura especulación”.
Aun así, el agricultor considera probable que los precios del cereal también reaccionen. “Siempre que ha habido un conflicto de este tipo los cereales suben algo, por los barcos, los puertos o la situación internacional. Pero nunca se sabe”, señala. “Intentaremos aguantar y hacer algo de acopio. Poco más podemos hacer”.
El agricultor castellanomanchego, José Ramón Díaz de los Bernardos, advierte de que el conflicto en Irán puede tener consecuencias directas para el sector agrario a través de las cadenas logísticas y energéticas. “El problema es que parte del comercio mundial de fertilizantes y energía pasa por el Estrecho de Ormuz. Si esa ruta se ve afectada, se reducen los flujos de urea, amoníaco y otros fertilizantes y automáticamente suben los costes de transporte y de producción”, explica.
A su juicio, los mercados ya están reaccionando con incrementos del precio de la urea en distintos puertos internacionales y con fabricantes que han paralizado cotizaciones a la espera de mayor claridad. “Los fertilizantes nitrogenados dependen directamente del gas natural y del petróleo, así que cualquier tensión en esos mercados acaba trasladándose al precio final”, señala.
En este contexto, alerta de que el campo podría enfrentarse a un nuevo aumento de costes: “Si el conflicto se prolonga veremos fertilizantes más caros, gasóleo más caro y, en consecuencia, mayores costes por hectárea, algo que terminará afectando a la rentabilidad de las explotaciones y, posiblemente, también a los precios de los alimentos”.
Las organizaciones agrarias piden vigilancia y medidas
Las organizaciones profesionales agrarias también siguen con atención la evolución del conflicto. Desde la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), su secretario general, Miguel Padilla, advierte de que la tensión geopolítica no debe utilizarse como excusa para subidas injustificadas. “El campo español no puede seguir siendo el colchón que amortigua la especulación ajena”, señala, subrayando que “la crisis en el Golfo Pérsico no justifica una subida inmediata de los inputs agrícolas”. En este sentido, pide vigilancia sobre los precios del gasóleo, fertilizantes y electricidad y recuerda que, por ahora, “no hay desabastecimiento real hoy”.
Ante este escenario que se abre en Oriente Medio, el presidente de ASAJA, (Asociación de Jóvenes Agricultores), Pedro Barato, ha subrayado que el sector no puede asumir más presión en un contexto de elevada volatilidad y ha reclamado decisiones inmediatas para garantizar estabilidad en el suministro de fertilizante y en los costes de producción.
Desde la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), su presidente Cristóbal Aguado también alerta del impacto potencial del conflicto. “Las guerras nunca son buenas para el campo”, afirma, al tiempo que reclama a los gobiernos que “rebajen la tensión y actúen con mayor moderación para acabar con este conflicto cuanto antes”. Aguado advierte además de que, si la crisis se prolonga, el sector agrario podría ser uno de los más perjudicados por el encarecimiento de insumos como fertilizantes, combustible o energía.
La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) ha ido un paso más allá al denunciar que el precio del gasóleo agrícola se ha disparado hasta niveles “insólitos”, con ofertas que en algunos casos duplican las de hace una semana. “Estamos ante un caso claro de usura y especulación”, señalan desde la organización, que reclama al Gobierno que “actúe de inmediato para evitar estas prácticas especulativas”.
En la misma línea, la Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos advierte de una subida “fulminante” del gasóleo agrícola cercana al 4% desde el inicio de la crisis. “Cada vez que hay una crisis el gasóleo sube como la espuma y cuando la situación se modera baja como una pluma”, señalan.
Un sector en alerta
Con los mercados en pausa, el sector agrícola afronta las próximas semanas con cautela. Si el conflicto se limita en el tiempo, el impacto podría ser moderado tras un repunte inicial de los precios energéticos. Sin embargo, una escalada prolongada podría traducirse en subidas sostenidas del combustible y los fertilizantes, elevando los costes de producción y presionando aún más la rentabilidad de las explotaciones.
En un escenario ya marcado por la volatilidad climática y de los mercados, el conflicto en Irán amenaza así con trasladar una nueva ola de incertidumbre al campo europeo y español, con posibles repercusiones en toda la cadena alimentaria.







