Los drones han dejado de ser una herramienta experimental para convertirse en un aliado cada vez más habitual en la agricultura de precisión. Su capacidad para monitorizar cultivos, detectar problemas de forma temprana, optimizar tratamientos y facilitar la toma de decisiones los sitúa como una de las tecnologías con mayor potencial para el futuro del sector agrario. Sin embargo, su implantación aún se enfrenta a importantes retos normativos y formativos.
Estas son las principales conclusiones del webinar “Aplicación de drones en la agricultura”, celebrado este lunes dentro del ciclo AgroTech, impulsado por el Consejo Andaluz de Cámaras de Comercio. La jornada ha reunido a representantes de empresas tecnológicas, cooperativas, centros de investigación y organizaciones del sector para analizar cómo la robótica aérea está transformando la gestión de las explotaciones agrarias.
Durante la apertura, la secretaria general del Consejo Andaluz de Cámaras de Comercio, Estrella Freire, destacó la rápida evolución que ha experimentado esta tecnología en los últimos años. “Los drones son algo que nos sonaba muy futurista y hoy son una realidad que ha venido para quedarse”, afirmó. Según señaló, estas herramientas ya están contribuyendo a mejorar la sostenibilidad y la eficiencia de los cultivos.
El director de la Revista Campo y moderador del encuentro, Máximo Gómez, destacó la diversidad de enfoques aportados por los participantes y resumió una de las ideas que han marcado todo el debate: “La clave no es volar, sino decidir e interpretar”. En este sentido, recordó que los drones “han dejado de ser una herramienta experimental para convertirse en aliados estratégicos en la agricultura de precisión”.

Tecnología madura y cada vez más demandada
Los expertos coincidieron en que el sector ha superado la fase inicial de implantación y que la tecnología ya ha demostrado su utilidad en numerosos ámbitos.
Carlos García, gerente de Aerobur, señaló que durante los últimos años se han multiplicado los ejemplos de éxito tanto dentro como fuera de España. “Los drones no son la solución, son una herramienta para ayudar al agricultor. Una vez que se ha demostrado que son útiles, debemos apoyar entre todos que esta tecnología pueda utilizarse en el día a día”, explicó.

Desde el ámbito de la investigación, Rubén Vacas, del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), recordó que el sector lleva aproximadamente una década trabajando con estas herramientas. “Se está cerrando el círculo porque ya no solo obtenemos datos, sino que podemos tomar decisiones útiles y realizar actuaciones precisas a partir de ellos”, aseguró. Además, destacó que cada vez más empresas están demandando este tipo de servicios.

Una visión compartida por Marcos Muñoz, director de operaciones de Fitesa, quien considera que el verdadero reto ya no es tecnológico. “La tecnología ha madurado. Ahora el desafío está en convertir toda esa información en decisiones que aporten rentabilidad al agricultor”, afirmó.

Más allá de la monitorización
Aunque el uso de drones para la observación y el análisis de cultivos está ampliamente extendido, durante el webinar también se abordaron otras aplicaciones que están despertando un creciente interés entre los agricultores.
Carlos García destacó especialmente el desarrollo de drones para la aplicación de bioestimulantes y productos sólidos. Según explicó, esta tecnología ha demostrado su utilidad en situaciones donde la maquinaria convencional no puede acceder a las parcelas, como ocurrió recientemente en numerosas zonas agrícolas afectadas por el exceso de humedad.
“Hace unos meses había parcelas encharcadas donde la única forma eficiente de entrar era mediante drones. Ahí es donde realmente se aprecia el valor de esta tecnología”, señaló.
En la misma línea, Ignacio Santamaría, director de Bureba Ebro, explicó que las cooperativas ya están utilizando drones tanto para aplicaciones de precisión como para trabajos de monitorización y mapeo. “El dron es una herramienta más con la que el agricultor tiene que contar para determinados momentos. Estamos formando a nuestros socios, pero no todos tienen la capacidad de incorporar este tipo de equipos. Tenemos que avanzar poco a poco y ayudarles a interpretar los datos y sacarles partido”, explicó.

Santamaría reconoció que, en cultivos extensivos, donde los márgenes son cada vez más ajustados, la inversión inicial puede resultar elevada, aunque considera que la rentabilidad existe.
“Es una herramienta cara, pero la rentabilidad se puede encontrar y puede convertirse en un elemento muy positivo para la explotación”, aseguró.
“El agricultor viene y nos pide determinados tratamientos, y tener que decirle que no podemos hacerlo por cuestiones administrativas es probablemente lo peor que nos puede pasar porque nosotros estamos para ayudar”, lamentó.
El principal obstáculo: la normativa
A pesar de los avances tecnológicos, gran parte del debate giró en torno a la regulación de los tratamientos fitosanitarios mediante drones.
María del Carmen Márquez, responsable de Buenas Prácticas Agrícolas de AEPLA, explicó que actualmente esta tecnología avanza más rápido que el marco legal que la regula. “La tecnología avanza muy rápido, pero la legislación no lo hace al mismo ritmo”, afirmó.

Márquez recordó que los tratamientos fitosanitarios con drones siguen estando prohibidos salvo autorización expresa de las administraciones competentes y defendió la necesidad de crear una regulación específica para esta tecnología. “No es lo mismo una aplicación con dron que con avioneta. Necesitamos una categoría propia adaptada a sus características”, señaló.
Además, recordó que algunos países europeos ya han comenzado a dar pasos en esta dirección, autorizando determinados usos agrícolas bajo condiciones concretas.
Formación y acompañamiento al agricultor
Otro de los retos identificados por los participantes fue la necesidad de seguir formando a los agricultores para que puedan aprovechar todo el potencial de estas herramientas.
“El dron es una herramienta más con la que el agricultor tiene que contar, pero hay que acompañarlo para que aprenda a manejarla e interpretar los datos”, explicó Ignacio Santamaría.
Por su parte, Marcos Muñoz insistió en que el valor real de esta tecnología no está en el dispositivo en sí, sino en el conocimiento que genera. “El agricultor necesita saber qué está pasando en su cultivo, por qué está ocurriendo y qué debe hacer. La rentabilidad no la genera el dron, sino las decisiones que se toman gracias a la información que aporta”, afirmó.
El webinar concluyó con un mensaje compartido por todos los participantes: los drones ya forman parte del presente de la agricultura y seguirán ganando protagonismo en los próximos años. Sin embargo, para acelerar su implantación será necesario avanzar en la adaptación normativa, reforzar la formación y continuar demostrando, con datos y experiencias reales, su capacidad para mejorar la eficiencia, la sostenibilidad y la rentabilidad de las explotaciones agrarias.







