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La misión del palentino Miguel García para recuperar un trigo desaparecido hace más de medio siglo

Miguel García, campesino que trabaja la agricultura ecológica en Paredes de Nava, trabaja con 21 variedades tradicionales conservadas en el Banco de Germoplasma para identificar y multiplicar el histórico Rojo Basto. Este cereal es autóctono de Tierra de Campos y desapareció hace años

Natalia Lozano

Recuperar el Rojo Basto, una variedad de trigo que durante décadas fue habitual en los campos de Tierra de Campos y que desapareció con la llegada de las variedades modernas, es el objetivo que persigue Miguel García, agricultor ecológico de Paredes de Nava (Palencia). Para lograrlo, cultiva actualmente 21 variedades tradicionales de trigo procedentes del Centro de Recursos Fitogenéticos de Alcalá de Henares con el propósito de identificar cuál de ellas corresponde a ese cereal del que tanto había oído hablar en casa.

Miguel García en el momento de la siega de uno de sus campos de trigo

«Siempre escuchaba a mis abuelos y a la gente mayor hablar del Rojo Basto, pero nadie conservaba semillas. Fue entonces cuando decidí investigar para intentar recuperarlo»

Los inicios del proyecto

El proyecto comenzó hace varios años, cuando García descubrió que aquellas variedades locales, sustituidas hace años por semillas mejoradas y de mayor rendimiento, seguían conservándose en el banco nacional de germoplasma. Allí cualquier ciudadano puede solicitar pequeñas muestras para investigación, aunque la cantidad inicial apenas alcanza los diez gramos por variedad.

Con ese material de partida y la colaboración de la Universidad Politécnica de Madrid, ITAGRA e ITACyL, este campesino ha ido multiplicando las semillas hasta obtener ya varios kilos de cada una. El siguiente paso será continuar su multiplicación y caracterización para determinar cuál de ellas corresponde al histórico Rojo Basto y conocer también el potencial agronómico del resto de variedades recuperadas.

«Todavía no puedo decir al cien por cien cuál es el Rojo Basto, pero después de los ensayos ya hemos podido descartar varias variedades y cada vez estamos más cerca»

Recuperar biodiversidad agrícola

Más allá de encontrar un único trigo, García considera que el verdadero valor del proyecto reside en recuperar la diversidad genética que ha desaparecido de los campos españoles durante las últimas décadas.

«Antes cada pueblo tenía sus propios trigos porque estaban adaptados al terreno y al clima. Hoy prácticamente todo se siembra con muy pocas variedades comerciales», afirma.

Por ello, su intención no es únicamente identificar el Rojo Basto, sino conservar el mayor número posible de estas variedades locales antes de seleccionar aquellas que presenten mejores aptitudes para la panificación, el cultivo ecológico o determinadas características nutricionales.

En su opinión, recuperar este patrimonio genético también supone ofrecer alternativas al modelo actual.

«Estas semillas no pertenecen a ninguna multinacional, son un patrimonio de todos y creo que merece la pena conservarlas»

Agricultura ecológica y variedades locales

Miguel García lleva ocho años dedicado a la agricultura ecológica. Aunque procede de una familia de agricultores, decidió cambiar el modelo convencional que desarrollaba la explotación familiar cuando regresó a Paredes de Nava tras finalizar sus estudios de informática y trabajar durante un tiempo fuera del municipio.

«Le dije a mi padre que, si me quedaba en el campo, sería para hacer agricultura ecológica. Era la única forma en la que entendía continuar con la explotación familiar», recuerda.

Actualmente cultiva unas 80 hectáreas siguiendo una rotación de cereal, leguminosas y oleaginosas, un modelo que considera viable económicamente sin depender de grandes superficies ni de elevados consumos de fertilizantes y fitosanitarios.

La recuperación de los trigos antiguos nació como un proyecto personal, pero hoy también responde a una demanda creciente por parte de pequeñas panaderías y obradores artesanos interesados en harinas procedentes de variedades tradicionales, valoradas por sus cualidades organolépticas y su comportamiento en procesos de panificación artesanal.

«Mi idea al principio no era comercializar estos trigos, pero ahora veo que esa es precisamente la mejor forma de ponerlos en valor»

De hecho, varios obradores ya se han interesado por estas variedades, aunque la producción todavía es insuficiente para abastecerlos.

Un trabajo todavía en sus primeras fases

El proyecto se encuentra aún en fase de multiplicación de semilla. Algunas variedades apenas disponen de unos pocos kilos de producción, por lo que todavía no pueden destinarse a la elaboración de harina. La prioridad sigue siendo aumentar la disponibilidad de semilla para garantizar su conservación y poder realizar ensayos agronómicos y de calidad.

García reconoce que el camino no ha sido sencillo. Los primeros intentos de multiplicación fracasaron por causas tan diversas como la mezcla accidental de las parcelas o los daños provocados por aves, obligándole a comenzar de nuevo en varias ocasiones.

Pese a ello, mantiene intacta la motivación. «Esto empezó como un proyecto romántico para recuperar el trigo de mis abuelos, pero me he dado cuenta de que tiene mucho más valor. Estamos recuperando biodiversidad y parte de la historia agrícola de Tierra de Campos», concluye.

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