La próxima sementera llega al campo marcada por la presión de dos de sus principales costes, los fertilizantes y gasóleo. El encarecimiento de ambos insumos se produce además en un momento especialmente delicado para las explotaciones cerealistas, que afrontan las labores de otoño con unos márgenes ajustados y con la necesidad de tomar decisiones sobre abonado, rotaciones y superficie sembrada.
José Antonio Marcos, jefe del Área de Cereales y Fertilizantes de Bernabé Campal, considera complicado que los precios de los fertilizantes puedan bajar de forma significativa por la propia situación del mercado. A su juicio, los fabricantes europeos tienen un margen limitado para reducir costes porque buena parte de las materias primas proceden del exterior y llegan a precios elevados.

Fertilizantes de Bernabé Campal
“Es muy difícil que los precios de los fertilizantes puedan bajar por la propia situación del mercado»
Su diagnóstico coincide en parte con la fotografía que ofrece la Comisión Europea. Bruselas reconoce que los mercados mundiales de fertilizantes han experimentado una elevada volatilidad y que la guerra de Ucrania, las restricciones comerciales y las tensiones geopolíticas han incrementado la presión sobre los precios y la disponibilidad. En su Plan de Acción sobre Fertilizantes, presentado en mayo de 2026, la Comisión identifica precisamente como objetivos mejorar el acceso de los agricultores a fertilizantes asequibles, reforzar la producción europea y reducir la dependencia de las importaciones.
Dependencia exterior
Uno de los elementos que condicionan el mercado es la política comercial de la Unión Europea respecto a Rusia y Bielorrusia. Desde el 1 de julio de 2025 se aplican nuevos derechos arancelarios a determinados fertilizantes nitrogenados procedentes de estos países.
Desde Campal apunta precisamente a este escenario cuando señala que, si la mercancía exterior deja de resultar competitiva para entrar en Europa debido a los aranceles y otros costes, la oferta disponible se reduce. En el caso del fósforo, subrayan además la dependencia europea de proveedores exteriores.
La Comisión Europea también reconoce esta vulnerabilidad. En su diagnóstico previo al Plan de Acción sobre Fertilizantes explica que las tensiones geopolíticas han alterado las cadenas de suministro y que la escalada de precios de la energía y de determinadas materias primas repercute directamente sobre el coste de producción de los fertilizantes.
Los datos de Eurostat, la Oficina Europea de Estadística, confirman que la presión sobre los insumos ha vuelto a intensificarse. En el segundo trimestre de 2026, el precio medio de los fertilizantes y mejoradores del suelo aumentó un 13,4% interanual en la Unión Europea, mientras que la energía y los lubricantes se encarecieron un 22%. En el conjunto de los insumos agrarios, la subida fue del 4,7%.
665 millones para fertilizantes
El Gobierno ya ha puesto en marcha medidas específicas para amortiguar esta situación. En junio amplió en 165 millones de euros el presupuesto destinado a compensar el incremento del precio de los fertilizantes, hasta alcanzar los 665 millones de euros.
La cuantía de referencia quedó fijada en 38,33 euros por hectárea para los cultivos de secano y 92,50 euros por hectárea para los de regadío.
El Ministerio de Agricultura ha comenzado ya a ejecutar estas ayudas. Según los datos comunicados por el propio departamento, en la primera semana de septiembre se abonaron 494,5 millones de euros a 249.376 agricultores, mientras que está previsto publicar en octubre un segundo listado de beneficiarios y efectuar el correspondiente pago.
Para Marcos, sin embargo, estas ayudas no solucionan por sí solas el problema estructural del mercado. “Si el precio de las materias primas y los costes de fabricación permanecen elevados, difícilmente los fabricantes pueden trasladar al agricultor un precio inferior sin algún tipo de apoyo externo” señala.
El gasóleo añade presión justo antes de la sementera
El segundo gran foco de preocupación es el combustible. La ayuda extraordinaria de hasta 20 céntimos por litro para el gasóleo agrícola fue prorrogada hasta el 30 de septiembre, pero su finalización se produce precisamente cuando se concentran buena parte de las labores de preparación del terreno y siembra. El Gobierno ya ha manifestado públicamente su intención de mantener el apoyo, aunque todavía está pendiente concretar cómo y durante cuánto tiempo.
El riesgo de convertir el abonado en una variable
Más allá de la coyuntura de precios, desde Campal se pone el foco en una consecuencia que considera especialmente preocupante: que el agricultor reduzca o retrase el abonado para intentar cuadrar las cuentas. “El fertilizante tenía que ser una parte del input de la cuenta agrícola que debería ser fija y lo han convertido en variable”, sostiene.
“ante unos costes elevados, algunos agricultores han ido prescindiendo especialmente del abonado de fondo y retrasando las decisiones sobre fertilización”
El técnico de Bernabé Campal explica que, . El problema, en su opinión, aparece cuando esta estrategia se repite durante varios años y termina afectando a la fertilidad del suelo y, con ella, al potencial productivo.
Marcos defiende por ello un manejo más ajustado de la fertilización, “apoyado en análisis de suelo y en decisiones técnicas sobre dosis, formulaciones y momentos de aplicación”. No se trata necesariamente, explica, de utilizar más fertilizante, sino de ajustar la estrategia de abonado a las necesidades reales del cultivo y a las características de cada parcela.
La advertencia llega en un momento en el que los agricultores tienen que decidir la sementera con dos variables enfrentadas: por un lado, unos precios de los cereales que, según Marcos, ofrecen cierto alivio y esperanza y por otro, unos costes de producción que siguen tensionados.
Así, la cuestión para la nueva campaña no se limita a cuánto cuesta una tonelada de fertilizante o un litro de gasóleo. La decisión que afronta ahora el agricultor es cuánto puede gastar sin comprometer la rentabilidad de la explotación y, al mismo tiempo, cuánto puede dejar de gastar sin poner en riesgo el potencial productivo de sus tierras.
La respuesta del mercado todavía no despeja esa incógnita. Y, mientras Bruselas trabaja para reducir la dependencia exterior y España prepara nuevas medidas de apoyo, la sementera llega con una presión de costes que vuelve a colocar al fertilizante y al gasóleo en el centro de las decisiones del campo.







