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sábado, marzo 2, 2024
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¿Conoces los ingresos extra que puedes tener gracias a los créditos de carbono?

El Programa de Carbono permite al agricultor percibir ingresos a cambio de realizar determinadas prácticas que mejoran el suelo de su explotación, como la siembra directa.

La nueva PAC ha traído varios cambios que en muchos casos representarán una bajada significativa de los ingresos de los agricultores y una serie de exigencias ambientales que, en algunos casos, pueden representar pérdidas del orden del 30%.

Como vía para complementar los ingresos del agricultor se va abriendo paso el Programa de Carbono, por el que el agricultor recibe una remuneración a cambio de realizar ciertas prácticas que mejoran el suelo.

Los agricultores que deseen participar de esta nueva forma de trabajo pueden dirigirse a Oleokelsa y analizar las condiciones en las que se establecería el contrato, ya que la empresa tiene la exclusiva de la compañía eAgronom para participar en el programa en Castilla y León (con la opción de realizar contratos en el resto de España y en Portugal).

Las explotaciones idóneas deben superar las cien hectáreas y los contratos se firman por diez años, prorroglables hasta treinta. “Si llegados los cinco años el agricultor no está convencido, podría abandonar el proyecto”, señala César Álvarez, director técnico de este proyecto en Oleokelsa.

En ese periodo, al agricultor solo se le pide que adopte una serie de prácticas, como la siembra directa, que mejoren la estructura del suelo y le permitan conservar mejor los nutrientes o mejorar su capacidad de retención de agua (adicionalidad).

El agricultor empezaría a tener ingresos por este programa a partir del segundo año. En el cereal se estima entre 1 y 1,5 créditos de carbono por hectárea, mientras que en los leñosos se asigna entre 3,5 y 5 créditos por hectárea.

Hay que tener en cuenta que en el mercado actual un crédito de carbono de este tipo cotiza en torno a 45 euros, de los que el agricultor recibe el 60%.

Materias primas

Los créditos de carbono nacieron como consecuencia del protocolo de Kyoto de 1997, que marcó los objetivos internacionales de emisiones de CO2. Estas regulaciones, además de la opinión pública, están presionando a las industrias a reducir su creciente huella de carbono.
La mayoría de las soluciones pasan por el desarrollo del mercado del carbono. De esta forma, las emisiones de CO2 se convierten en materias primas con un precio: los créditos de carbono, que son el equivalente a las emisiones de una tonelada de CO2.

Existen dos tipos de créditos de carbono que pueden venderse en los mercados:

Los créditos de carbono regulados, establecidos por el principio de ‘techo y comercio’ y que están regulados a nivel regional y nacional. Los créditos de carbono regulados existen por mandato.

Los créditos de carbono voluntarios, también llamados ‘compensaciones’. Los generan, compran y venden las empresas para alcanzar sus compromisos de emisiones, señala Alonso. Estos se pueden dividir en ‘certificados de carbono’ y ‘créditos de carbono voluntarios de alta calidad’. Los voluntarios son un mercado opcional.

Mercado regulado

En el mercado regulado, las empresas que operan bajo los programas de ‘techo y comercio’ reciben anualmente un número de créditos de carbono, que se van reduciendo cada año. Los créditos funcionan “como un permiso para hacer emisiones”, señala el consultor.

Algunas compañías emiten menos que los créditos que tienen, lo que les da un exceso de créditos de carbono que no han usado. Cuando una compañía, dentro del Régimen Europeo de Comercio de Emisiones, no puede rebajar sus emisiones por debajo de la cuota asignada, tiene que comprar créditos de carbono excedentarios de otras empresas para compensar su exceso.

Los créditos de carbono regulados tienen la garantía de los gobiernos que los emiten y son el resultado de que algunas empresas emiten por debajo de su techo autorizado de emisiones para su fabricación. Son por tanto muy fiables y tienen una cotización diaria.

Para Luis Carlos Alonso, los créditos de carbono voluntarios están aún en un mercado en evolución. Hay que tener en cuenta lo que se conoce como ‘green washing’ o ‘lavado de imagen verde’. En este, las empresas, “sin obligación legal formal pero que quieren aparentar un grado de reducción de sus emisiones, pueden hacerlo comprando certificados de carbono que no siempre tienen las máximas garantías”, apunta.

En un mercado nuevo, pero creciente, esto deja mucha incertidumbre, “pero también abre una inmensa oportunidad para aquellas entidades que puedan proveer estos créditos”.

Los créditos de carbono voluntarios tienen menor precio que los regulados, precisamente porque son voluntarios y hoy por hoy no están respaldados por ninguna certificación oficial. Lo mismo sucede con los certificados de carbono con autocertificación. “Pero esta diferencia de precios es muy probable que se vaya cerrando en favor de los créditos voluntarios de alta calidad con certificación externa”, matiza Alonso.

Más absorción que emisiones

En el Objetivo 55 de la UE está incluido el sector de la agricultura. El acuerdo provisional establece dos periodos:

Por un lado está el periodo actual, hasta 2025: el compromiso de “deuda cero” que establece que las emisiones no deben superar las absorciones.

En el periodo 2026-2030 las absorciones deberán superar las emisiones. Para ello, se asignará a cada Estado miembro un objetivo nacional que deberá haber cumplido en 2030.
Ya se anuncia que habrá flexibilidad de los Estados miembros para alcanzar sus objetivos, permitiéndoles que puedan utilizar los créditos de carbono de tres formas:

-Ahorrarlos. Es decir, guardar los créditos excedentarios.

-Pedirlos prestados, si las emisiones son mayores de las que les permiten.

-Comercializarlos, pudiendo los países comprárselos y vendérselos entre ellos.
Un nicho de negocioLa agricultura del carbono es una de las nuevas vías de negocio que abre el proceso de adaptación al cambio climático promovido por la Unión Europea. El Consejo y el Parlamento han establecido un objetivo global de 310 millones de toneladas equivalentes de CO2 de absorciones netas a escala de la UE para 2030 en el sector de uso de suelos, árboles, plantas, biomasa y madera.

La meta es aumentar progresivamente las absorciones y reducir las emisiones para alcanzar el objetivo de la UE. El acuerdo provisional mantiene la posibilidad de comprar y vender unidades de absorción entre Estados y de utilizar las asignaciones anuales de emisiones excedentarias.

¿Es rentable para el sector primario?

Cualquiera puede organizar, producir y comercializar créditos de carbono voluntarios. Solo es necesario diseñar el proceso que científicamente se pueda demostrar que captura carbono. Es poco probable que un agricultor individual tenga “masa crítica” para poner en marcha un programa propio de créditos de carbono voluntarios.

Más bien, lo más sencillo es unirse a programas que ya han puesto en marcha empresas inversoras que acumulan y comercializan los créditos de cientos de miles de hectáreas.

Las empresas que están haciendo contratos de créditos de carbono voluntarios en España suelen acordar con cada agricultor que cobre un porcentaje de los créditos que genere en un programa de varios años.

Cultivos herbáceos

En España, en esta primera fase se está ofertando contratar créditos de carbono fundamentalmente para cultivos herbáceos, incluyendo los cereales y diversos cultivos de rotación. La generación de créditos de carbono depende de nuevas medidas de comprobada eficacia para fijar carbono que el agricultor debe comprometerse a realizar.

Estas incluyen las prácticas de no laboreo, o si la explotación viene haciendo mínimo laboreo si hasta ahora practicaba laboreo convencional. Los modelos actuales aún no diferencian entre cultivos a la hora de calcular los créditos generados. “Sin embargo, hay abundante información científica que demuestra que los cultivos de raíz profunda, como el girasol o la colza, secuestran más carbono por hectárea que los cereales”, señala Luis Carlos Alonso.

Al mismo tiempo, en los cultivos leñosos los esquemas de certificación no tienen muy claro aún cómo medir la “adicionalidad”. “Cabe esperar que los pagos de la PAC se vayan supeditando a medidas ambientales, como de hecho ya hay alguna”, recalca.

Un ingreso extra para el agricultor

Acogiéndose a un programa de créditos voluntarios, los agricultores pueden ir adecuando las prácticas agrícolas para secuestrar carbono y poder facturar créditos. “Con esto, no solo tendrían un ingreso extra, sino que además tendrán una certificación independiente de que su explotación es sostenible”, subraya el consultor.

La media en España para una rotación de cereales con oleaginosas o leguminosas utilizando prácticas de mínimo laboreo estaría entre 30 y 60 euros por hectárea, al precio actual de los créditos de carbono voluntarios. Sin embargo, el precio de estos créditos se espera que se duplique o incluso triplique en los próximos 5 años.

¿Y los cultivos leñosos?

En el caso de cultivos leñosos estas cifras se podrían duplicar si finalmente se ponen en marcha los modelos que permitan medir la adicionalidad. Por ejemplo, hacer cubiertas vegetales tiene un efecto positivo de secuestro de carbono. “Pero la obligatoriedad de hacerlas en la nueva PAC está teniendo una fuerte contestación por parte de las organizaciones agrarias porque estiman que se reducirán los rendimientos”, advierte.

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