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La remolacha azucarera de Francia afronta una grave crisis por la sequía y las olas de calor

La producción francesa podría caer un 30% en 2026, según las primeras estimaciones de la CGB, que cifra en cerca de 1.000 millones de euros la pérdida de valor para el conjunto del sector

La campaña de remolacha azucarera en Francia afronta un escenario especialmente complicado debido a los efectos de una sequía excepcional y de varios episodios de altas temperaturas registrados durante el verano. La Confederación General de Productores de Remolacha (CGB) alerta de importantes pérdidas en numerosas zonas productoras y estima que la producción nacional podría reducirse un 30% este año.

La organización calcula que el impacto económico de esta caída podría alcanzar cerca de 1.000 millones de euros para el conjunto de la cadena de la remolacha azucarera francesa. La situación fue expuesta por la CGB durante una visita de campo celebrada el 17 de septiembre en Seine-et-Marne, coincidiendo con el inicio de los primeros arranques de remolacha y con la presencia del prefecto Pierre Ory.

Según la organización de productores, los efectos de la falta de agua y de las olas de calor son especialmente visibles en varias de las principales regiones remolacheras de Francia, entre ellas Aube, Yonne, Champaña, Île-de-France, Oise, Centro-Valle del Loira, Alsacia y Eure.

Cultivos afectados por el estrés climático

La CGB señala que las plantas han sufrido un fuerte estrés climático que está afectando tanto a su desarrollo como a su estado sanitario. Entre los daños observados se encuentran el secado del follaje, la pérdida de hojas y las alteraciones en el desarrollo de las raíces. Las condiciones meteorológicas también habrían favorecido una mayor presión de las plagas, agravando los problemas de unas plantas que llegan al inicio de la cosecha en condiciones muy desiguales. En algunas parcelas, la organización francesa asegura que las pérdidas de rendimiento pueden alcanzar el 70% y advierte de que miles de hectáreas podrían finalmente no llegar a cosecharse.

«La remolacha ha tenido que funcionar en modo supervivencia durante todo el verano, pero en varias parcelas ya no lo consigue», explica Cyrille Milard, productor de remolacha en Seine-et-Marne y presidente de la CGB Île-de-France. El productor considera especialmente preocupante la situación de las parcelas más afectadas ante la ausencia de lluvias prevista.

Incertidumbre ante el inicio de la cosecha

El inicio de la campaña está marcado también por numerosas incógnitas para los productores franceses. Entre ellas figuran el rendimiento final de los cultivos, el estado sanitario de las raíces, la conveniencia de proceder al arranque, su capacidad de conservación en los silos y las consecuencias que tendrá la situación sobre la recepción y transformación de la remolacha en las fábricas azucareras.

La CGB considera que el sector se enfrenta a un nuevo episodio de crisis, seis años después de la crisis de la amarillez de 2020, que afectó también de forma importante a la remolacha francesa.

La CGB reclama medidas al sector y al Gobierno francés

Ante esta situación, la organización reclama a los grupos azucareros que hagan todo lo posible para cosechar y recibir el máximo volumen de remolacha, mientras que a las aseguradoras les pide indemnizaciones rápidas y adecuadas para los productores que contrataron seguros climáticos. La CGB reclama además al Gobierno francés un plan específico de apoyo a los productores para preservar la tesorería de las explotaciones y garantizar la continuidad de su actividad.

Entre sus peticiones figura también una política más ambiciosa de acceso al agua para la agricultura, que la organización considera fundamental para reducir la vulnerabilidad de los cultivos frente a los episodios de sequía y contribuir a la seguridad del abastecimiento alimentario. La organización pide asimismo reforzar las herramientas fitosanitarias disponibles y cita específicamente una autorización excepcional relativa al flupiradifurona para las siembras de 2027.

«Seis años después de la crisis de la «jaunisse«, nuestro sector debe afrontar de nuevo un golpe de gran magnitud», afirma Franck Sander, presidente de la CGB. A su juicio, las primeras observaciones justifican una respuesta inmediata de los poderes públicos y una actuación coordinada entre el Estado y el conjunto de la cadena remolachera.

La evolución de los rendimientos durante las próximas semanas y el desarrollo de los arranques permitirán concretar el alcance de los daños en la campaña de remolacha azucarera francesa de 2026.

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