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Primera alerta por mildiu en viñedo en la campaña 2026

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Condado de Huelva ha encendido la luz roja: se han detectado los primeros focos de mildiu en parcelas de la comarca. No es una alarma estridente, pero sí una llamada a la atención urgente.

Emilio González Izquierdo

El hongo Plasmopara viticola, ese enemigo invisible que se alimenta de humedad y descuidos, ha vuelto a asomar la cabeza. Vicente Pérez García de Prado, presidente del organismo rector, lo dice con la serenidad de quien conoce el paño: «Aunque este año las condiciones no son tan favorables para el hongo como en la campaña pasada, no podemos bajar la guardia en ningún momento». Frase corta. Contundente. Necesaria.

El azote del 2025 aún recorre las cepas. La anterior campaña fue una herida abierta para muchos viticultores. El mildiu, favorecido por una primavera excepcionalmente húmeda, arrasó con más del 50% de la producción en algunas explotaciones. No fue solo un golpe económico, fue un jarro de realidad sobre la vulnerabilidad del campo ante un clima cada vez más caprichoso.

Ahora, el escenario parece distinto. Menos lluvia. Más sequedad ambiental. Un punto a favor. Pero la viticultura no se rige por sensaciones. La humedad nocturna, esas horas en que el rocío se posa sobre las hojas jóvenes, sigue siendo un cómplice perfecto para la germinación de esporas. Y las temperaturas suaves de abril, tan agradables para nosotros, son el caldo de cultivo ideal para el patógeno.

«Estamos en una fase muy sensible del viñedo. La viña está brotando y cualquier cambio en las condiciones puede activar el hongo. Por eso es fundamental estar atentos día a día», explica Pérez García de Prado. Y tiene razón. La brotación es como la infancia de la planta: delicada, prometedora, pero frágil ante cualquier amenaza.

Frente a este panorama, el Consejo no se ha limitado a emitir comunicados. Ha activado un protocolo de vigilancia reforzada y, más importante aún, ha puesto en marcha el programa ‘Reconocimiento Mildiu’. Una iniciativa práctica, de esas que se agradecen en el campo.

¿En qué consiste? Sencillo y efectivo: se incentiva al agricultor para que intensifique la inspección visual de sus parcelas. Cuando detecta hojas con manchas aceitosas en el haz o ese característico moho blanquecino en el envés, la firma inconfundible del mildiu, toma muestras y las remite para análisis de laboratorio. No se trata de esperar a ver qué pasa. Se trata de anticiparse.

«Queremos que el viticultor se sienta acompañado. Este sistema no solo nos ayuda a tener una imagen más clara de lo que está ocurriendo en el campo, sino que también refuerza la labor que ellos hacen cada día», señala el presidente. Y ahí está la clave: la tecnología y la institución al servicio del conocimiento empírico del agricultor.

Coordinación institucional: aprender de lo vivido

La memoria reciente duele, pero también enseña. Tras la debacle de 2025, el Consejo Regulador lideró una intensa labor de presión institucional ante la Junta de Andalucía y la Diputación de Huelva. El resultado: ayudas directas y mejoras en los seguros agrarios que permitieron a muchas explotaciones mantenerse a flote.

Ahora, la información recabada a través del ‘Reconocimiento Mildiu’ se cruza con los datos de la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF). Es una estrategia de inteligencia fitosanitaria: saber dónde está el enemigo, en qué fase de desarrollo se encuentra y qué medidas son más eficaces en cada momento.

Desde el ámbito puramente agronómico, las recomendaciones son claras y se basan en el sentido común aplicado:

  • Tratamientos preventivos, sí, pero solo cuando las condiciones meteorológicas lo justifiquen. No se trata de fumigar por fumigar, sino de aplicar el producto adecuado, en el momento preciso.
  • Favorecer la aireación de la planta mediante poda en verde y deshojado selectivo. Un follaje denso retiene humedad; una planta bien ventilada seca más rápido tras el rocío matinal.
  • Prestar especial atención a las parcelas con mayor vigor vegetativo o que ya registraron problemas la campaña anterior. El mildiu tiene memoria, y los focos suelen repetirse en las mismas zonas.

Pérez García de Prado lo resume con una frase que debería grabarse en cada bodega: «El viticultor del Condado conoce su viña mejor que nadie. Es el primero en detectar cualquier anomalía y su trabajo es clave para proteger la calidad de nuestros vinos y vinagres».

Más allá de protocolos, análisis y recomendaciones técnicas, hay algo que los informes no capturan: el olfato del viticultor. Ese paseo matutino entre hileras, la mirada experta que distingue una mancha inocua de un síntoma temprano, la decisión de actuar antes de que sea demasiado tarde.

El Condado de Huelva, con su uva Zalema como bandera y un terruño único entre el Andévalo y la Campiña, no solo produce vinos y vinagres de excelencia. Produce conocimiento. Y en momentos como este, ese saber acumulado es la mejor defensa.

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