La plaga del ‘cucat’ está causando importantes daños en los arrozales de la Albufera a pocos días del inicio de la siega. El ‘cucat’, conocido científicamente como Chilo suppressalis y también como barrenador del arroz, es una polilla cuyas larvas penetran en los tallos de la planta y pueden provocar que las espigas se sequen y no lleguen a formar grano. En una parcela de arroz de la variedad Campanar, situada en Cullera, se contabilizaron 41 espigas afectadas de un total de 120 en un metro cuadrado, lo que supone que un 34% de la producción en esa superficie está completamente perdida. El año pasado, la Conselleria de Agricultura anunció una campaña para proteger mediante técnicas biológicas el 100% de los arrozales valencianos frente al ‘cucat’, con una inversión de 420.000 euros y la instalación de 215.000 difusores en unas 15.600 hectáreas.
Más de un tercio de la cosecha, en riesgo
Las estimaciones realizadas sobre el terreno sitúan la merma en unos 260 kilos de arroz por hanegada, según ha constatado AVA-ASAJA durante una visita técnica a una parcela de Cullera. La cifra adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta que una cosecha normal ronda los 750 kilos por hanegada, por lo que los campos afectados pueden perder más de un tercio de su producción.
El problema se concentra en la acción del insecto conocido como ‘cucat’, cuyas larvas dañan las espigas. El cultivo se encuentra además en un momento especialmente delicado, ya que quedan apenas entre 10 y 12 días para el comienzo de la recolección.

Dudas sobre la eficacia del tratamiento
Durante una visita técnica a una parcela de Cullera se recogieron muestras de las feromonas empleadas para combatir el insecto mediante el sistema de confusión sexual. El objetivo es determinar si las varillas han dejado de emitir correctamente o si la falta de eficacia puede estar relacionada con una colocación insuficiente o una distribución inadecuada.
El tratamiento contempla, en teoría, la instalación de diez varillas por hectárea. Los agricultores sospechan, sin embargo, que esta cantidad podría no haberse colocado en todos los campos o que su distribución no haya sido la adecuada. Las zonas sin protección pueden facilitar la entrada de las palometas que realizan las puestas de las que posteriormente nacen las larvas responsables del ‘cucat’.
En este sentido, La Unió Llauradora también ha expresado su preocupación por el aumento de la incidencia del barrenador en diferentes zonas productoras de la Comunitat Valenciana. La organización señala que productores arroceros han trasladado problemas relacionados con la colocación y permanencia de algunos de los difusores de feromonas utilizados esta campaña.
Cambios en la colocación de los difusores
Según los productores consultados por La Unió, en campañas anteriores los difusores se colocaban una vez sembrado el arroz, mientras que este año se habría optado por instalarlos antes y durante la siembra. Los agricultores apuntan además que algunos dispositivos podrían no haber quedado correctamente colocados o incluso haber desaparecido, reduciendo la cobertura efectiva en determinadas parcelas.
La organización considera necesario analizar si estas modificaciones pueden estar relacionadas con la mayor presencia del ‘cucat’ detectada esta campaña y reclama una evaluación técnica sobre la distribución, permanencia y eficacia de los dispositivos en el terreno.
La primera generación, clave para frenar la plaga
El responsable del sector del arroz de AVA-ASAJA, José Pascual Fortea, subraya que el momento de actuación es determinante: “Si no se logra controlar la primera, las siguientes ya es imposible hacerlo”. El insecto realiza tres puestas entre junio y agosto, por lo que un fallo en la primera generación puede favorecer una proliferación difícil de contener durante el resto de la campaña.
El sistema de confusión sexual utiliza feromonas específicas para dificultar que los machos localicen a las hembras y, de esta forma, interrumpir su reproducción. Su aplicación se plantea como una alternativa al uso de insecticidas y permite reducir de forma considerable los tratamientos fitosanitarios.
Los agricultores reclaman una respuesta urgente
Los productores reclaman que se investigue cuanto antes el origen del fallo y que se evalúen los daños antes de que comience la siega. “Muchos arroceros y asociaciones agrarias hemos tratado de ponernos en contacto con Sanidad Vegetal para que investiguen el tema, pero no hemos obtenido ninguna respuesta”, señala el agricultor Javier Matoses.
Matoses reclama además ayudas para afrontar las pérdidas: “Es urgente una evaluación de daños y un fondo de compensación por la merma que se va a registrar”. Y advierte de la situación económica que atraviesa el sector: “Este es ya el remate final: el arroz más caro de toda la historia”.
Por su parte, La Unió reclama a la Conselleria que compruebe sobre el terreno la correcta colocación y permanencia de los difusores, determine las causas de las incidencias denunciadas por los productores y adopte medidas correctoras si se confirma una reducción de la eficacia del tratamiento.
La siega comenzará en menos de dos semanas
La urgencia aumenta porque faltan unos 10 días para que comience la recolección. Los agricultores consideran que la evaluación de los daños debe realizarse antes de que entre la maquinaria en los campos, ya que después será mucho más difícil determinar con precisión el alcance de las pérdidas.
La situación plantea además interrogantes sobre el funcionamiento del sistema de control del ‘cucat’. Los productores reclaman que se determine si el problema se debe a un fallo en la emisión de las feromonas, a una colocación incorrecta de las varillas o a una protección insuficiente de determinadas zonas.







