Durante años, la disponibilidad de agua ha condicionado poco las decisiones de riego en muchas explotaciones de A Limia. Pero la modernización de las infraestructuras y la futura gestión de los consumos abren un escenario diferente: ya no bastará con tener agua disponible, sino que será necesario saber cuánto, cuándo y cómo aplicarla.

Sobre este cambio hablará Pablo González, de Mooxvice, en la jornada técnica «El agua y la agricultura en Galicia», que se celebrará el próximo 3 de septiembre en Xinzo de Limia (Ourense).
Su ponencia, titulada «Uso eficiente del agua en el regadío», se centrará en la situación actual del riego en la comarca y en las herramientas que pueden ayudar a avanzar hacia una agricultura más precisa y eficiente.
El problema de regar “a ojo”
Uno de los principales aspectos que abordará González es la forma en la que todavía se gestiona el riego en algunas explotaciones. Según explica, es habitual tomar decisiones sin conocer con precisión la humedad del suelo o las necesidades reales del cultivo.
«Aquí la gente suele dar agua un poco a ojo», señala. En algunos casos, los ciclos de riego pueden prolongarse durante seis, ocho o incluso diez horas, una práctica que puede tener consecuencias tanto para el consumo de agua como para el propio cultivo.
«El exceso de agua no es necesariamente una garantía para la producción«, advierte González
En cultivos como la patata puede favorecer la aparición de enfermedades y, además, provocar la filtración de nutrientes y fertilizantes hacia las aguas subterráneas. «Tanto el defecto como el exceso es malo», resume González. La clave, por tanto, está en encontrar el equilibrio.
Sensores y automatización para decidir mejor
La alternativa pasa por incorporar herramientas que permitan conocer mejor qué está ocurriendo en el suelo y actuar en consecuencia.
González hablará sobre el uso de sensores de humedad y electroválvulas para automatizar el riego, dos tecnologías que permiten avanzar hacia una gestión basada en información y no únicamente en la experiencia o la intuición.
El objetivo no es simplemente reducir el agua utilizada, sino aplicar al cultivo exactamente la cantidad que necesita y en el momento adecuado. Una mayor precisión puede contribuir a mejorar el aprovechamiento de los recursos, proteger el suelo y evitar pérdidas innecesarias de nutrientes.

Este cambio cobra una especial relevancia en A Limia, donde la modernización del regadío supondrá también una nueva forma de entender la gestión del agua. La previsión de establecer límites o cuotas de consumo obligará a prestar mayor atención a cada decisión relacionada con el riego.
El reto de demostrar que la tecnología compensa
Sin embargo, la incorporación de estas herramientas no está exenta de dificultades.
«Uno de los principales retos es hacer visible para el agricultor el retorno de la inversión«, reconoce González.
La agricultura de precisión exige invertir en sistemas de monitorización y control, y no siempre resulta sencillo transmitir cuándo se empezarán a percibir los resultados. «Les cuesta ver cuánto tiempo van a tardar en ver resultados», explica.
Por eso, la jornada también pretende servir como espacio para acercar estas tecnologías al sector y explicar de forma práctica qué posibilidades ofrecen.
González considera que «la concienciación será otro de los grandes desafíos». Ahorrar agua, proteger las aguas subterráneas y reducir el impacto ambiental del riego son objetivos que requieren algo más que cumplir con una normativa: exigen cambiar la forma de tomar decisiones en el campo.







