Con esa intención nació La Chulapona, un proyecto impulsado por Frusangar para dar nombre, origen y valor a la patata madrileña de Km 0.
Madrid también es
tierra de patatas
Durante generaciones, los agricultores de la comarca de Las Vegas han cultivado patatas aprovechando las fértiles vegas del río Tajo. Un paisaje agrícola que forma parte de la identidad del sureste madrileño y que, cada verano, da lugar a una patata nueva apreciada por su frescura, su textura y su calidad.
Sin embargo, esa producción tenía un problema: llegaba al mercado sin una identidad propia. Aunque se cultivaba a pocos kilómetros de la capital, el consumidor difícilmente podía distinguir una patata madrileña de cualquier otra.
En una comunidad donde el cultivo apenas ocupa unas 330 hectáreas, de las 303.000 de superficie agrícola útil, mantener viva esta tradición supone mucho más que producir un alimento. Significa preservar un paisaje agrícola, apoyar a los agricultores locales y demostrar que la proximidad también es un valor diferencial.
Fue precisamente para cambiar esa realidad por lo que Frusangar impulsó hace 15 años La Chulapona, una marca nacida para poner nombre, origen y valor a la patata cultivada íntegramente en la Comunidad de Madrid.
Una apuesta por la cercanía, la trazabilidad y el orgullo de un producto que siempre estuvo ahí, pero que hasta entonces apenas tenía voz.


«Detrás de cada patata hay un origen.
Detrás de La Chulapona, además, hay un compromiso con el territorio.»
Juancarlos y Rufino Sánchez
CEO Frusangar (2ª GENERACIÓN)
La Chulapona nació con un propósito claro: acercar al mercado una patata cultivada íntegramente en la Comunidad de Madrid, identificable desde el primer momento y respaldada por un proyecto que pone en valor el trabajo realizado en el campo.
Representa una forma de entender la producción basada en la proximidad, la trazabilidad y el apoyo a los agricultores madrileños.
Cada campaña comienza en las tierras de la comarca de Las Vegas y finaliza en los hogares con la garantía de conocer de dónde procede el producto y quién lo ha cultivado.
Además de su origen, La Chulapona destaca por ser una patata nueva, recolectada durante el verano y comercializada fresca, sin largos periodos de almacenamiento. Para cada campaña se seleccionan variedades adaptadas a las condiciones de cultivo de la región como la Soprano, protagonista de la campaña 2026, apreciadas por su equilibrio entre textura, sabor y versatilidad en la cocina.
Ese compromiso con la calidad y el producto local llevó a La Chulapona a convertirse en la primera patata reconocida con el sello M Producto Certificado de la Comunidad de Madrid, un distintivo que avala su origen y refuerza la confianza del consumidor en un alimento cultivado a pocos kilómetros de su mesa.
Origen
Cultivada íntegramente en la Comunidad de Madrid.
Patata nueva
Recolectada en verano y comercializada fresca.
Variedad de la campaña
Soprano, seleccionada por su calidad y comportamiento culinario.

Proximidad
Del campo madrileño a la mesa en pocos kilómetros.
Garantía
Primera patata con el sello M Producto Certificado.
Más de cuatro décadas dedicadas a la patata y una misma idea: dar valor al producto de su tierra.
Detrás de La Chulapona, una historia de familia
Frusangar nació hace más de 40 años como una empresa familiar especializada en la patata y, desde entonces, ha mantenido un vínculo estrecho con los agricultores de la Comunidad de Madrid.
Hoy, la compañía está liderada por la segunda generación de la familia.
Juan Carlos y Rufino crecieron entre sacos de patatas, acompañando a sus padres en un oficio que con el paso del tiempo se convirtió también en su proyecto de vida.
Ese conocimiento del sector y la relación construida durante décadas con los productores les permitió identificar una realidad que pasaba desapercibida para la mayoría de los consumidores: Madrid cultivaba una patata de gran calidad, pero apenas era reconocida por su origen.
«Vimos una oportunidad de acercar el producto de cercanía a los madrileños y la acogida está siendo muy buena. Año tras año comprobamos que el proyecto sigue creciendo.»

Juan Carlos Sánchez
CEO Frusangar
(2ª GENERACIÓN)

Rufino Sánchez
CEO Frusangar
(2ª GENERACIÓN)
Fue esa reflexión la que impulsó el nacimiento de La Chulapona hace ya 15 años. Más que crear una marca, el objetivo era ofrecer al consumidor la posibilidad de elegir una patata madrileña identificable, cultivada cerca de casa y respaldada por una historia de agricultores, territorio y compromiso con la calidad.
Desde entonces, el proyecto no ha dejado de crecer. La acogida por parte de la distribución y de los consumidores ha consolidado una iniciativa que esta campaña prevé comercializar alrededor de 3,5 millones de kilos de patata bajo la marca La Chulapona, demostrando que el origen también puede convertirse en un elemento diferenciador.
«Llevamos 40 años como empresa, pero nuestros padres ya se dedicaban a esto. Nosotros prácticamente hemos crecido entre patatas.»

40 años
de trayectoria
2ª Generación
al frente de la empresa
15 años
impulsando La Chulapona
3,5 millones de kilos
previstos para esta campaña
Del campo a la mesa: el viaje de La Chulapona
Cada patata recorre un camino en el que la rapidez, el cuidado y la trazabilidad son fundamentales para conservar toda su calidad.
Una vez alcanzado el punto óptimo de maduración, comienza una campaña que requiere coordinación entre agricultores y Frusangar. La recolección se realiza durante los meses de verano y, en pocas horas, la patata llega a las instalaciones de la empresa para iniciar su preparación antes de salir al mercado.
Allí se somete a un proceso de selección, limpieza y clasificación que permite garantizar un producto homogéneo y en las mejores condiciones. Cada lote queda perfectamente identificado, asegurando su trazabilidad desde la parcela de cultivo hasta el punto de venta.
El objetivo es que el consumidor reciba una patata fresca, con todas las garantías de calidad y con la seguridad de conocer su origen. Un trabajo conjunto que comienza en el campo y termina en la mesa, manteniendo intacto el valor de un producto de proximidad.
Del campo a la central hortofrutícola en cuestión de horas, reduciendo tiempos de almacenamiento y preservando la frescura del producto.

1.
Patatas «La Chulapona» en campo

2.
“La Chulapona” llega a la fábrica de Frusangar

3.
“La Chulapona” avanza por las cintas de la fábrica

4.
Las patatas de “La Chulapona” se preparan para el envasado

5.
Sacos de “La Chulapona” listos para la distribución

Cuando toda la cadena suma
Productores, distribución, administración y mercados mayoristas comparten un mismo objetivo: impulsar una patata de proximidad con identidad propia.
El éxito de La Chulapona no depende únicamente del trabajo realizado en el campo o en las instalaciones de Frusangar. Detrás del proyecto existe una red de colaboración en la que participan agricultores, asociaciones del sector, instituciones públicas y plataformas de distribución que comparten una misma visión: poner en valor la patata cultivada en la Comunidad de Madrid.
Ese compromiso quedó reflejado durante la jornada protagonizada por Frusangar, y organizada por Revista Campo. Un encuentro que reunió a representantes de toda la cadena agroalimentaria para analizar el presente y el futuro del cultivo, compartir experiencias y reivindicar el valor de un producto local que conecta el campo con el consumidor.
La jornada puso de manifiesto que la colaboración entre todos los eslabones es la mejor herramienta para seguir fortaleciendo un proyecto que ha conseguido dar visibilidad a la patata madrileña.


Tres voces, un mismo proyecto
Administración
«La cadena de valor tiene que encontrarse y trabajar unida para comprender los retos de cada eslabón y seguir impulsando la patata madrileña.»
Ángel de Oteo / Director general de Agricultura de la Comunidad de Madrid
Sector productor
«Mostrar cómo nace un alimento, cómo se cuida en el campo y cómo continúa su recorrido hasta la industria es la mejor manera de poner en valor el producto madrileño y acercarlo al consumidor.»
Nicolás Benito / Presidente de ASEACAM
Comercialización
«Pisar el campo, ver cómo se recolecta la patata y conocer el trabajo que hay detrás de cada una de ellas nos ayuda a valorar el esfuerzo de quienes hacen posible que ese producto llegue a nuestra mesa.»
Gonzalo Reguera / Director de Mercados y Servicios de Mercamadrid




