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Más de 700 litros por metro cuadrado ponen contra las cuerdas al campo valenciano

La DANA Adam está dejando importantes consecuencias en el campo valenciano, especialmente en las comarcas de la Safor y la Marina Alta, donde las lluvias torrenciales han superado los 700 litros por metro cuadrado en algunos puntos. Según una primera estimación de urgencia de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), las inundaciones podrían afectar a unas 8.000 hectáreas de cultivos e infraestructuras agrarias.

La situación sigue siendo complicada este lunes, con nuevas precipitaciones en las zonas afectadas que dificultan las labores agrícolas y la evaluación de los daños. Muchos agricultores todavía no han podido acceder a sus parcelas debido a las inundaciones, los caminos anegados y las dificultades de comunicación en algunos municipios. Otros se encuentran ocupados achicando agua de sus viviendas.

Por este motivo, las organizaciones agrarias advierten de que todavía es pronto para cuantificar las pérdidas económicas. La magnitud definitiva de los daños dependerá de la evolución de las lluvias, del tiempo que permanezca el agua acumulada en los campos y de la capacidad de drenaje de cada explotación.

Los cítricos, en el punto de mira en plena campaña de recolección

Los cítricos son uno de los cultivos que más preocupan al sector, especialmente la naranja Navelina, cuya recolección acaba de comenzar, además de las mandarinas tempranas. Las lluvias han obligado a paralizar las labores de recogida y están afectando a la comercialización por la imposibilidad de acceder a numerosas parcelas.

El exceso de agua puede provocar la caída y el rajado de los frutos, podredumbres y otros problemas de calidad comercial. Además, el encharcamiento prolongado favorece la asfixia radicular y determinadas enfermedades, como las asociadas a Phytophthora. En los frutos también pueden aparecer podredumbres relacionadas con condiciones de humedad persistente, entre ellas el llamado aiguat.

El riesgo es mayor en suelos arcillosos, poco profundos o con un drenaje deficiente. La evolución de las temperaturas y el tiempo que tarden las parcelas en evacuar el agua serán factores determinantes para conocer el alcance de las afecciones.

Los daños también pueden extenderse a otros cultivos. El aguacate presenta una especial sensibilidad al exceso de humedad en el suelo y puede sufrir asfixia y podredumbre de las raíces. En las hortalizas, las inundaciones pueden ocasionar pérdida de plantas, daños en hojas y frutos, enfermedades fúngicas y retrasos en las plantaciones y recolecciones. Los caquis también podrían verse perjudicados por el exceso de humedad en un momento importante para su recogida, especialmente en la Ribera.

Árboles arrancados, caminos anegados y daños en las infraestructuras

Los desbordamientos de ríos y barrancos han provocado arrastres de tierra y arrancado árboles, además de desperfectos en muros, acequias, instalaciones de riego, casetas de aperos, maquinaria e invernaderos.

A las pérdidas directas en las cosechas se suman, por tanto, los costes de reparación y recuperación de las explotaciones. La situación puede agravarse si las precipitaciones continúan y se prolonga el tiempo necesario para desaguar las parcelas.

AVA-ASAJA reclama a las administraciones apoyo para realizar tratamientos fungicidas preventivos, así como ayudas directas y medidas fiscales para los agricultores afectados por este nuevo episodio de lluvias torrenciales, casi dos años después de las inundaciones del 29 de octubre de 2024.

Por su parte, LA UNIÓ Llauradora advierte de que los daños agronómicos, las pérdidas de producción y los problemas de calidad comercial se concentrarán principalmente en la Safor y la Marina Alta, con afecciones también en la Ribera Alta y la Ribera Baixa, aunque su alcance dependerá de las condiciones particulares de cada parcela.

Lluvias beneficiosas fuera de las zonas más castigadas

Aunque el balance es preocupante en las comarcas inundadas, las organizaciones agrarias recuerdan que las precipitaciones pueden tener efectos positivos en el resto del territorio valenciano, donde no se han registrado acumulaciones tan extremas.

En los cultivos de secano, el agua contribuye a recargar los acuíferos y embalses, mejorar las reservas hídricas del suelo y favorecer el desarrollo de los cultivos de cara a la próxima temporada. También puede beneficiar a la ganadería mediante la recuperación de los pastos.

En las zonas litorales menos afectadas, las lluvias pueden reducir las necesidades de riego y contribuir al lavado de los árboles. Sin embargo, estos beneficios quedan condicionados por la intensidad de las precipitaciones y por la ausencia de encharcamientos prolongados.

El campo valenciano afronta ahora una fase decisiva: comprobar los daños cuando sea posible acceder a las parcelas, evaluar la evolución de los frutos y recuperar las infraestructuras afectadas. Mientras continúen las lluvias, el sector mantiene la preocupación por una campaña citrícola que acaba de arrancar y que podría sufrir nuevas pérdidas tanto en producción como en calidad comercial.

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