Ricardo Ortega
La cercanía de febrero anuncia unos días más largos y unas temperaturas algo más suaves, con las que el suelo va abandonando la textura de roca propia del invierno y se convierte en un elemento vivo, con el que poder trabajar.
Es entonces cuando el agricultor de regadío -al menos en la mitad norte de España- debe poner en práctica su estrategia de siembras, que este año se ha convertido en una verdadera ruleta rusa; ninguno de los grandes cultivos presenta una situación boyante, con la que garantizarse unos ingresos tan dignos como para garantizar la rentabilidad de la explotación.
El año que acabamos de despedir ha sido más bien negro en relación con la patata. España incrementó la superficie de cultivo en un 10% hasta las 66.700 hectáreas, según cifras del Ministerio de Agricultura, y sin embargo la producción cayó en torno al 2%.
La meteorología condicionó tanto las siembras como el desarrollo de la planta, y el balance final no fue muy positivo desde el punto de vista agronómico. Tampoco lo fue desde el punto de vista de los ingresos, sobre todo para aquellos productores que habían apostado por sembrar sin contrato.
El azar decide
La ruleta rusa es un ‘juego’ en el que se coloca una bala en el tambor del revólver, se gira para que la posición sea aleatoria y después el jugador se apunta a sí mismo y dispara. Es el azar el que decide. O la estadística. Quizá como en el caso de la agricultura de regadío de este 2026 marcado como nunca por la geopolítica y por las ocurrencias del inquilino de la Casa Blanca.
Desde el sector de la patata se apunta a una corrección, a que se siembre menos tubérculo en beneficio de otras producciones, pero ¿cuáles?
Remolacha en crisis
Para la campaña 2025-2026, la siembra de remolacha en Andalucía fue de unas 6.000 hectáreas, principalmente en Cádiz (3.600 hectáreas) y Sevilla (2.200), cifra que representaba un descenso significativo. Para este año, además, hay un factor determinante que no anuncia nada bueno: ya no trabaja la molturadora de Jerez de la Frontera (Cádiz).
En la mitad norte se superaron las 20.000 hectáreas, aunque ese año había cuatro fábricas (las de La Bañeza, Toro, Miranda y Olmedo) y esta vez serán apenas dos: la de Azucarera en Toro y la de Acor en Olmedo. La campaña de contratación sigue abierta y nadie se atreve a dar una cifra de hectáreas.
La campaña de contratación de la cooperativa Acor, con sede en Olmedo (Valladolid), arranca con la expectativa de que con 55 euros por tonelada se cubran los costes, e incluso se pueda llegar a obtener beneficios a partir de las cien toneladas por hectárea. La cooperativa tiene capacidad para molturar la remolacha de unas 12.000 hectáreas.
Al mismo tiempo, la oferta de contratación de Azucarera es personalizada a cada agricultor, en función de su tipo de explotación. Desde la compañía se apunta que las propuestas garantizan al cultivador una alta rentabilidad que convierte a la remolacha en el cultivo “más cómodo y seguro” de su rotación.
Las opciones se adaptan a las necesidades y preferencias de cada productor, que puede elegir si quiere gestionar el cultivo por su cuenta o si prefiere elegir el servicio de Agroteo y el asesoramiento agronómico de Aimcra.
El precio internacional del azúcar se sitúa en torno a los 520 y 530 euros la tonelada, mientras el consumidor español paga en torno a un euro por un kilo de azúcar: este alimento se usa como precio de reclamo para atraer al cliente, lo que tradicionalmente ha generado quejas por parte de la industria.
Mal de muchos…
No pinta bien para el cultivo de la raíz, aunque cabe recurrir al refranero y tener claro que mal de muchos, consuelo… para el regadío. La escasa competencia de otras producciones de regadío rentables aún puede dar una oportunidad a la remolacha, un cultivo muy conocido por el agricultor, con el que mantiene un vínculo casi emocional, con un precio que ya conoce por adelantado antes de sembrar; el reto es siempre ajustar lo gastos y tratar de alcanzar las mayores producciones.
En cualquier caso, este año el remolachero va a prestar más atención al telediario que nunca; el resultado de su trabajo va a depender en gran medida del precio internacional del azúcar, de las importaciones desde Ucrania, del acuerdo con Mercosur y de todas las novedades que vaya deparando una actualidad enloquecida, casi demencial.
¿Y qué pasa con el maíz?
En los últimos años el maíz ha supuesto la mitad de las importaciones de grano españolas. Las noticias internacionales hablan de mejora de su cotización en las bolsas, pero eso no ha llegado aún a España.
Hay elementos para sostener esa idea. En primer lugar, que la Lonja de León repetía esta semana el ‘precio’ de referencia de 217 euros por tonelada para el maíz.
El segundo dato tiene que ver con EEUU, situado como el principal exportador de maíz hacia la Unión Europea, con 3,09 millones de toneladas. Con esa cifra adelanta a Brasil (con 2,95 millones de toneladas) y a Ucrania (con 2,50 millones de toneladas).
Aún no hay datos de lo que ha comprado cada país, pero los analistas apuntan a que la piel de toro puede haber sido el principal destino de todo ese grano, lo que no se contempla como una buena noticia para las cotizaciones.
Hay tiempo para decidir. Hagan sus apuestas… aunque no está claro si el juego es la ruleta a secas o la ‘ruleta rusa’.







