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El sector arrocero encara 2026 con optimismo hídrico y tensión en el mercado

El sector arrocero encara 2026 con más estabilidad hídrica, aunque pendiente de la evolución de los precios, la demanda y el equilibrio frente a las importaciones

Natalia Lozano

La campaña arrocera 2026 se espera con buenas perspectivas hídricas y productivas, tras varios años marcados por la sequía, aunque el sector mantiene su preocupación por la situación del mercado y la competencia exterior. Así lo refleja el balance realizado por el agricultor sevillano Álvaro Pallarés, en línea con los datos presentados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en la última mesa sectorial del arroz.

Optimismo por el agua embalsada y continuidad en las siembras

“Con respecto al agua embalsada que tenemos ahora mismo estamos muy contentos, eso nos da mucha tranquilidad. Se acabó la incertidumbre durante unas campañas porque tenemos agua embalsada y nos va a garantizar años de siembra continua”, señala Pallarés.

El Ministerio coincide en este diagnóstico. Las abundantes precipitaciones registradas en los primeros meses de 2026 permiten prever condiciones óptimas de riego para la campaña 2026/27, cuya siembra comenzará en abril. Tras dos años de sequía, el cultivo consolida su recuperación.

Según los datos oficiales, la superficie sembrada en 2025 alcanzó las 97.100 hectáreas, un 13 % más que en la campaña anterior. La cosecha se situó en casi 734.000 toneladas, un 20 % más que en 2024/25 y muy por encima de la media de las últimas cinco campañas. Las principales comunidades productoras fueron Andalucía, líder en producción, seguida de Extremadura, Cataluña y Comunidad Valenciana.

Situación del cultivo y apuesta por la innovación

En las explotaciones, el calendario avanza según lo previsto. “Ahora mismo estamos en barbecho, cuando se sequen las tierras empezamos a labrar para poder empezar la siembra en abril”, explica el agricultor.

Pallarés destaca que el pasado año se aplicó un manejo técnico riguroso, siguiendo las pautas del ingeniero agrónomo, lo que permitió obtener “resultados extraordinarios” que esperan repetir esta campaña.

La digitalización es otra de las líneas estratégicas. “Estamos digitalizando todo para tener controles de salinidad y consumo, además, estamos intentando avanzar en todo lo que podemos en innovación y tecnología”. En cuanto a variedades, su explotación mantiene un 80 % de arroz tipo índica o de perfil largo y un 15 % de japónica o redondo, una orientación que considera coherente con la tradición productiva y la demanda habitual.

Además, trabajan en la diferenciación por calidad y sostenibilidad. “Hay arroces de muchísima calidad, tenemos que diferenciarnos de esos mercados”, subraya. En esta línea, prevén tramitar entre 20 y 25 expedientes para certificar alrededor de 2.000 hectáreas como cultivo regenerativo el próximo año, con el objetivo de regenerar suelos y reducir la huella de carbono, en respuesta a lo que demanda el mercado.

Mercado parado y presión de las importaciones

Pese a la recuperación productiva, el momento comercial no es favorable. “No nos encontramos en el mejor momento. El mercado está muy parado, de la campaña del 25 puede haber más del 50 % en propiedad de los agricultores. No hay apetencia, la industria está abastecida por arroz de fuera”, lamenta.

El agricultor señala especialmente las importaciones procedentes de países como Camboya y denuncia que compiten en condiciones desiguales. “Tenemos que competir con países que no tienen ni restricciones ni normativas. Las condiciones no son las mismas”.

En octubre, durante la campaña, se registraron operaciones de arroz Índica entre 300 y 360 euros por tonelada. Sin embargo, la falta de demanda impide una recuperación clara de precios. “No podemos estar por debajo de los costes de producción. Hay que pensar en los agricultores de aquí y ver qué pasa con Mercosur y todos estos acuerdos”, advierte.

El Ministerio señala que, en un contexto de amplia disponibilidad mundial, las cotizaciones actuales son inferiores a campañas previas, aunque similares a las de otros productores europeos y superiores a las de terceros países.

Apoyos de la PAC y cláusula de salvaguardia

El sector continúa recibiendo respaldo a través del Plan Estratégico de la Política Agrícola Común (PAC). En 2025, prácticamente toda la superficie sembrada se acogió al ecorrégimen de espacios de biodiversidad en cultivos bajo agua, especialmente a la medida de gestión sostenible de la lámina de agua, además de beneficiarse de la ayuda asociada al arroz.

En conjunto, estas medidas aportaron alrededor de 28,2 millones de euros, a los que se suman la ayuda básica a la renta, el pago redistributivo y el apoyo a jóvenes agricultores.

En el ámbito comercial, el sector valora la aprobación por parte de la Unión Europea de una cláusula de salvaguardia automática para el arroz en el reglamento del sistema de preferencias arancelarias generalizadas (SPG), dentro del régimen “Everything But Arms” (EBA). Este mecanismo permitirá frenar automáticamente importaciones excesivas de arroz procedentes de países menos adelantados que puedan distorsionar el mercado europeo.

Los retos del sector

Más allá del mercado, los retos agronómicos persisten. “Estamos siempre pendientes de la climatología, eso es así”, resume Pallarés. A ello se suma la creciente restricción de materias activas en sanidad vegetal. “Tenemos muchas restricciones, cada vez estamos peor”, lamenta.

En paralelo, el sector trabaja en un ambicioso plan hidráulico para garantizar agua de mayor calidad y disponibilidad en el tiempo. “Es una obra grande y pesada, pero hará mucho bien”, concluye.

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