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El tomate de industria refuerza su papel estratégico en el regadío andaluz

La campaña arranca con buenas condiciones agronómicas, pero bajo la presión de los costes y la incertidumbre del mercado. Eugenio Ferreira, director general de Las Marismas de Lebrija, destaca el potencial productivo de la campaña pese al aumento de costes.

El tomate continúa siendo uno de los pilares del sistema hortícola andaluz, tanto por su peso económico como por su capacidad de generar empleo y actividad industrial. Según los datos más recientes, Andalucía superó en la campaña 2025 las 5.200 hectáreas de tomate de industria, con una producción de 419 millones de kilos y un rendimiento medio cercano a las 80 toneladas por hectárea. La comunidad representa en torno al 17,5% de la producción nacional, consolidándose como la segunda región productora tras Extremadura. Este crecimiento sostenido, especialmente en zonas como el Bajo Guadalquivir, confirma el carácter estructural del cultivo.

Campaña 2026

En este contexto, la campaña 2026 reafirma ese papel estratégico. Así lo subraya Eugenio Ferreira, director general de Las Marismas de Lebrija. “La campaña 2026 consolida el tomate de industria como el cultivo estructural para la zona del Bajo Guadalquivir, siendo el mayor generador de rentabilidad y de empleo agrícola e industrial”.

Este posicionamiento responde, en palabras del propio Ferreira, a una combinación de factores técnicos y organizativos. “La confianza y la especialización del productor en el cultivo, el uso de variedades de alto rendimiento y calidad adaptadas a nuestras condiciones, y la planificación integral desde el Departamento Técnico ofrecen garantías de éxito agrícola y de obtención de materia prima de excelente calidad”.

Superficie en esta campaña

La superficie plantada se mantiene en niveles similares a la campaña anterior, si bien las perspectivas son positivas. “Esperamos que, con las buenas condiciones de clima, la disponibilidad de agua y la instalación del cultivo en fechas óptimas, obtengamos un incremento de productividad y una disponibilidad de pastas y salsas superior al año anterior, lo que nos permitirá garantizar a nuestros clientes un suministro estable de productos de alta calidad”, explica Ferreira.

Condiciones favorables

La plantación se inició a comienzos de marzo y se prolongará hasta finales de abril. Este arranque de campaña está marcado por unas condiciones especialmente favorables. “Las precipitaciones acumuladas durante el invierno y el inicio de la primavera han dejado los suelos con una estructura y una reserva hídrica que facilitan notablemente las operaciones de plantación y el arraigo inicial del cultivo”, señala.

Este contexto ha permitido un desarrollo inicial muy homogéneo. “En términos prácticos, esto se traduce en la homogeneidad del cultivo, con plantas vigorosas desde las primeras semanas”. No obstante, el director general introduce un matiz de prudencia: “La primera lectura de este periodo es positiva, aunque todo dependerá de la evolución del cultivo en los próximos meses”.

Las condiciones agronómicas actuales permiten manejar previsiones optimistas: “El punto de partida, con suelos en condiciones óptimas, plantas homogéneas y dotación de agua garantizada, permite aspirar a una productividad media de entre 115 y 120 toneladas por hectárea, que caracteriza a nuestra zona”. Aunque insisten que el rendimiento final depende en gran medida de lo que ocurra en julio y agosto.

Las temperaturas también han acompañado en esta fase clave. “Se han mantenido dentro de los rangos óptimos, sin episodios de frío tardío ni picos térmicos que fuercen un crecimiento desequilibrado”, afirma. A ello se suma una mejor situación hídrica respecto a campañas anteriores, aunque insiste en su carácter estratégico: “La gestión del riego en tomate de industria es determinante en las fases de cuajado y engorde, y cualquier desviación tiene impacto directo sobre el rendimiento y la calidad”.

Situación en el mercado

Desde el punto de vista de mercado, Ferreira subraya la estabilidad del sector: “El tomate de industria opera en un mercado con una estructura contractual relativamente estable, lo que aporta un nivel de previsibilidad del que carecen otros cultivos”. La demanda se mantiene sólida, especialmente en productos transformados, tanto en el mercado nacional como en exportación: “Prácticamente el 90% de nuestro producto se destina al mercado europeo”.

No obstante, advierte que la rentabilidad sigue siendo un equilibrio delicado: “Depende de mantener el equilibrio entre el precio pactado y unos costes de producción elevados”. Por ello, incide en el papel de la eficiencia: “Cada tonelada que se pierde por una mala gestión del riego, un retraso en la protección fitosanitaria o una recolección mal sincronizada tiene un impacto directo en los márgenes”.

Finalmente, desde Las Marismas de Lebrija se apuesta por una estrategia basada en la anticipación y el rigor técnico: “La eficiencia se construye desde el inicio de la campaña: en la elección varietal, en la calidad de la plantación, en la infraestructura de riego y en el acompañamiento técnico continuado”. En palabras de Ferreira, “no hay atajos en un cultivo tan exigente como el tomate de industria”.

Retos del sector

Pese a este buen arranque, el sector sigue enfrentando importantes desafíos. “Todas las campañas agrícolas presentan retos en un contexto muy condicionado por factores geopolíticos, económicos y sociales, y los condicionantes estructurales del tomate de industria siguen presentes con toda su intensidad”, advierten desde Las Marismas de Lebrija.

El principal de ellos sigue siendo el incremento de costes: “Los insumos, como mano de obra, fertilizantes, fitosanitarios o combustible, han registrado incrementos acumulados significativos en los últimos tres ejercicios que no han sido absorbidos en su totalidad por las mejoras de precio en origen”.

A este escenario se suma la presión regulatoria: “El marco sobre productos fitosanitarios se estrecha campaña a campaña. La reducción del catálogo de materias activas obliga a replantear estrategias, con mayor peso de la gestión integrada y la vigilancia agronómica continuada”. Según Ferreira, “no es un problema coyuntural, sino una tendencia estructural que requiere adaptación permanente”.

Además, el contexto internacional añade incertidumbre: “El conflicto en Oriente Medio está provocando un incremento en los costes de energía, en el transporte y una mayor dificultad en la definición de un mercado globalizado”.

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