La campaña de la patata en A Limia vuelve a estar marcada por la meteorología. Lo que comenzó en abril con unas condiciones óptimas para adelantar la siembra se ha transformado en un escenario de incertidumbre tras semanas de lluvias persistentes y tormentas que mantienen en vilo al sector agrario de la comarca.
Durante la última quincena de abril, aprovechando el buen estado del suelo, los agricultores consiguieron plantar aproximadamente el 40 % de la superficie prevista para esta campaña. Sin embargo, la llegada de precipitaciones continuadas a principios de mayo paralizó prácticamente toda la actividad en las fincas.
“El año está siendo complicado, una vez más, a efectos de plantación”, explica Servando Álvarez, del Instituto Orensano de Desarrollo Económico (Inorde). “A principios de abril y considerando el estado óptimo del suelo, nos las prometíamos muy felices y se empezó a hacer previsiones de siembra para mediados de abril”.
Un 40 % plantado y el resto aún en almacén
La lluvia dejó una situación especialmente delicada para los productores. Por un lado, parte de las parcelas ya sembradas quedaron inaccesibles incluso para realizar tratamientos básicos como la aplicación de herbicidas. Por otro, miles de kilos de patata de siembra permanecieron almacenados más tiempo del previsto.
“Teníamos un 40 % plantado, pero sin poder acceder a las parcelas, y un 60 % sin plantar con la semilla destinada a dicha labor en almacén, en condiciones lejos de ser óptimas”, señala Álvarez.
La semana pasada, la mejora temporal del tiempo permitió retomar con intensidad las labores de plantación, aunque el sector continúa pendiente de la evolución meteorológica y del riesgo de nuevas tormentas.
Daños en parcelas y problemas de conservación
Las precipitaciones ya están teniendo consecuencias en algunas zonas de cultivo, especialmente en las parcelas más profundas, donde el exceso de humedad dañó parte de la semilla ya enterrada.
Aun así, Álvarez, apunta que la mayoría de las patatas sembradas a finales de abril están brotando “con fuerza”, aunque las plantadas en los últimos diez días todavía no muestran nascencia debido al escaso tiempo transcurrido desde la siembra.

“La mayoría de las patatas plantadas a finales de abril están naciendo bien, salvo algunas zonas puntuales en las que las precipitaciones dañaron la patata ya plantada”, explica Álvarez.
La preocupación se centra ahora también en la semilla que todavía permanece en almacén. El retraso en la plantación y las dificultades de conservación pueden afectar directamente al potencial productivo de la campaña.
“Se están registrando problemas de conservación de patata de siembra que pueden desembocar en faltas de nascencia o incluso en escasez de planta”, advierte.
Una campaña marcada por la incertidumbre
La campaña de este año refleja dos realidades opuestas dentro del mismo sector. Los agricultores que lograron adelantarse a las lluvias afrontan ahora los efectos del exceso de agua en las parcelas, mientras que quienes aún no pudieron sembrar tratan de conservar la semilla en las mejores condiciones posibles antes de completar la plantación.
Con la meteorología todavía inestable y gran parte de la superficie pendiente de evolucionar correctamente, A Limia encara las próximas semanas con tensión e incertidumbre en uno de los cultivos más importantes para la economía agraria gallega.







