Natalia Lozano
El tren de borrascas que ha azotado en las últimas semanas buena parte del territorio ha dejado una profunda huella en el campo. Excesos de humedad, suelos encharcados, problemas de asfixia radicular y retrasos en las labores agrícolas marcan el balance provisional de un otoño-invierno especialmente lluvioso.
Los daños no solo se aprecian en cultivos ya implantados, donde el exceso de agua ha debilitado el sistema radicular y puede favorecer la aparición de enfermedades fúngicas, sino también en parcelas destinadas a próximas siembras, que presentan desequilibrios nutricionales y pérdida de estructura en el suelo. De no corregirse, “estas afecciones podrían traducirse en una merma de los rendimientos”.
“Cada año es distinto y requiere decisiones diferentes”
Ante esta situación, Francisco Fernández, técnico agrónomo con amplia experiencia en el asesoramiento de explotaciones, insiste en la necesidad de actuar con criterio profesional.
“Lo primero que yo recomendaría como técnico es que los agricultores se asesoraran por personas especializadas, que no hicieran lo que hace su vecino ni sigan las recomendaciones de lo que hicieron el año pasado, porque ningún año es igual que otro”, afirma.
Según explica, cada campaña supone “un reto nuevo” y las decisiones deben adaptarse al tipo de cultivo, la pluviometría registrada, los resultados del año anterior y las características específicas de cada parcela.
La analítica de suelo, paso imprescindible
Para el técnico, el punto de partida es claro: “Lo primero y esencial es hacer una analítica del suelo. En cultivos anuales, hay que ver qué es lo que tengo y, en función de eso, tomar decisiones”.
Francisco subraya la importancia de mantener un buen nivel de materia orgánica y un complejo arcillo-húmico equilibrado. En caso de carencias, recomienda aportar enmiendas orgánicas y corregir posibles bloqueos nutricionales antes de planificar el abonado.
“No hay ninguna receta mágica, ni ningún abono mágico. El mismo abono, en dos tipos de tierra diferentes, puede dar resultados distintos dependiendo de lo que tengamos debajo”, advierte.
Reforzar el sistema radicular tras el exceso de agua
En los cultivos ya implantados, el exceso de humedad obliga a extremar la precaución. “Habría que reforzar mucho el sistema radicular, bien con fungicidas o bien con abonos ricos en fósforo para aumentarlo y mejorarlo debido al exceso de agua que ha habido”, señala.
En las nuevas siembras, “el objetivo debe ser garantizar un buen enraizamiento desde el inicio, prestando especial atención al aporte de fósforo para favorecer el desarrollo inicial de la planta” indica.

Más profesionalización y confianza en el asesoramiento técnico
El técnico recurre a un símil médico para explicar su planteamiento: “Si tú vas al médico y estás malo, lo primero que te manda es hacer una analítica y, en función de esa analítica, te manda un tratamiento. En el campo debería ser igual”.
Por ello, hace un llamamiento a avanzar hacia una mayor especialización: “A ver si en el campo vamos mejorando y nos vamos volviendo más especialistas. Y los agricultores empiezan a confiar más en técnicos que tenemos mucha experiencia y que llevamos muchos campos de distintas personas”.
Ante este escenario, la planificación basada en datos y el asesoramiento profesional se consolidan como herramientas clave para reducir riesgos y proteger la rentabilidad de las explotaciones agrícolas.







