España mantiene su posición como gran referencia del sector oleícola mundial. Con cerca de la mitad de la producción global en la mayoría de las campañas y una red exportadora presente en más de 170 países, el aceite de oliva español continúa marcando el ritmo del mercado internacional. Sin embargo, la campaña 2025-2026 vuelve a poner de manifiesto los retos estructurales del sector: la volatilidad productiva ligada al clima, la presión sobre los precios y la necesidad de asegurar la rentabilidad del cultivo.
A pesar de las dificultades, los datos confirman que el liderazgo de España en el aceite de oliva se sustenta en una combinación difícilmente replicable por otros países. Volumen de producción, modernización del olivar, tecnología en las almazaras y una potente estructura empresarial orientada a la exportación.
Una campaña condicionada por el clima
La campaña 2025-2026 se está viendo fuertemente marcada por las condiciones meteorológicas del invierno. La persistencia de lluvias y temporales durante los meses de diciembre y enero ha dificultado de forma significativa el ritmo de la recolección, especialmente en Andalucía, principal zona productora.
Desde la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO) explican que la acumulación de días de lluvia impidió mantener una recolección continua en amplias zonas del olivar andaluz, alterando el calendario habitual de entrada de aceituna en las almazaras.
El aforo inicial del Ministerio de Agricultura estimaba una producción nacional de 1.350.000 toneladas de aceite de oliva. Sin embargo, el avance real de la campaña ha llevado al sector a reconsiderar esas previsiones.
A cierre de diciembre de 2025, España había producido aproximadamente 720.000 toneladas, lo que representaba apenas el 53 % del aforo previsto. La mayor parte de la cosecha pendiente se concentraba en las provincias de Jaén, Córdoba y Granada, donde todavía quedaban por recolectar alrededor de 525.000 toneladas de aceite.
El retraso en la recolección tuvo además otro efecto relevante, la caída de aceituna al suelo. Según los datos recabados por AEMO entre productores, cooperativas y almazaras, entre un 35 % y un 40 % del fruto pendiente habría caído durante el mes de enero, debido al avanzado estado de maduración y a los episodios de lluvia y viento.
De esa aceituna caída, entre el 65 % y el 75 % no podrá recuperarse por el mal estado del terreno y las dificultades de recolección en parcelas con cubierta vegetal. Aplicando estimaciones medias, las pérdidas en Jaén, Córdoba y Granada podrían situarse en torno a 130.000 toneladas de aceite, superando las 140.000 toneladas si se incluyen mermas en otras zonas productoras.
Producción final cercana a la del año pasado
Con los datos más recientes, el sector empieza a dibujar una previsión más precisa del resultado final de la campaña. El presidente de AEMO, José María Penco, explica que la producción final se situará en niveles similares a los de la campaña anterior.
“Ahora ya tenemos más datos y nos acercaremos a 1.300.000 toneladas. Con los datos de febrero vemos que es una campaña media que al final se va a aproximar bastante al aforo previsto por el Ministerio”, señala.
No obstante, el dirigente del sector advierte de que el comportamiento del mercado está generando preocupación entre los productores. “Lo que sí vemos es que los precios están bajando bastante, sobre todo el lampante. Los aceites vírgenes extra, al haber menos, parece que están bajando menos”, explica. En su opinión, el objetivo prioritario debe ser estabilizar el mercado en niveles que permitan la sostenibilidad económica del cultivo.
“Lo que esperamos es que el mercado se estabilice en unos precios que hagan sostenible el cultivo, porque estamos entrando ya en línea roja. Los costes han subido mucho y sin embargo estamos volviendo a precios de unos 4 euros de media, que para el olivar tradicional no hace rentable el cultivo”, advierte.
Rentabilidad, el gran desafío del olivar tradicional
La evolución de los precios es actualmente uno de los factores que más preocupa al sector productor. Tras los fuertes incrementos registrados en campañas anteriores por la escasez de oferta, el mercado está iniciando una corrección.
Desde AEMO consideran que esa caída no responde necesariamente a fundamentos estructurales. “No hay razones para que suba o baje tan bruscamente”, apunta Penco, quien insiste en que el sector debe trabajar para garantizar una rentabilidad mínima para el agricultor. “Nosotros defendemos una rentabilidad mínima del cultivo y la calidad del aceite de oliva. Nuestro objetivo no es solo ser líderes en cantidad, sino también en calidad”, afirma.
En este sentido, la asociación apuesta por impulsar la producción de aceites de mayor valor añadido y por la modernización del sistema productivo. “Lo que pretendemos es trabajar para que se produzca más virgen extra y apostar por modelos productivos más eficientes, como el olivar intensivo y superintensivo”, explica el presidente de AEMO.
Menos virgen extra esta campaña
El retraso en la recolección y las condiciones meteorológicas también tendrán consecuencias en la calidad final del aceite producido. Según las estimaciones del sector, esta campaña presentará un menor porcentaje de aceites de oliva virgen extra, debido al impacto del retraso en la recogida y a la incidencia de heladas desde finales de diciembre. Como resultado, aumentará el peso relativo de las categorías virgen y lampante en el conjunto de la producción.
A pesar de ello, las lluvias también dejan un balance positivo de cara al futuro. Los embalses están recuperando niveles y el olivar afrontará la primavera con mejores reservas hídricas, lo que podría favorecer la próxima campaña.
El reto del aceite de oliva español
En este contexto, el reto será consolidar el posicionamiento del aceite de oliva español no solo como líder en volumen, sino también como referencia mundial en calidad. Como resume José María Penco: “Nuestro objetivo no es solo ser líderes en cantidad, sino también en calidad”. Un objetivo que resume el rumbo de un sector que, pese a la volatilidad de cada campaña, continúa siendo uno de los grandes motores del sistema agroalimentario español.







