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El agua no es el problema

Escuchar no puede convertirse en un mero trámite administrativo. Escuchar significa incorporar conocimiento, experiencia y realidad a la toma de decisiones.

El agua no es un problema del regante. El agua es una cuestión estratégica de país. Y cuanto antes lo entendamos, mejor.

Durante los últimos meses, el sector ha presentado sus alegaciones a los Esquemas de Temas Importantes sobre los que se construirán los futuros planes hidrológicos de cuenca. No hablamos de un documento más. Hablamos de la base sobre la que se decidirá cómo se gestionará uno de los recursos más valiosos para nuestra economía y para nuestra capacidad de producir alimentos.

Porque cuando hablamos de agua hablamos de industria agroalimentaria, empleo y exportaciones. Hablamos de desarrollo rural y de la capacidad de nuestros pueblos para seguir teniendo futuro.

Por eso no podemos seguir abordando este asunto desde posiciones enfrentadas. No tiene sentido confrontar conservación y desarrollo, medio ambiente y producción, agua y agricultura. El reto es precisamente el contrario: encontrar el equilibrio que permita conservar lo que tenemos y, al mismo tiempo, garantizar actividad económica, empleo y oportunidades.

El regante no consume agua. El regante transforma agua en alimentos. Esa es una diferencia fundamental que a veces olvidamos cuando se aborda este debate desde posiciones simplistas.

«Escuchar no puede convertirse en un mero trámite administrativo. Escuchar significa incorporar conocimiento, experiencia y realidad a la toma de decisiones».

La Administración tiene una enorme responsabilidad en este proceso.

Escuchar no puede convertirse en un mero trámite administrativo. Escuchar significa incorporar conocimiento, experiencia y realidad a la toma de decisiones. Los agricultores llevan décadas invirtiendo en modernización, eficiencia y tecnología para producir más con menos recursos. Esa experiencia debe formar parte de las soluciones.

Y la cadena alimentaria tampoco puede permanecer al margen. El agua no termina en una parcela. El agua está presente en cada alimento que llega a una industria, a un almacén, a un lineal o a una mesa.

Por eso la estrategia debe construirse entre todos.

Seguramente no todas las alegaciones serán aceptadas. Nunca lo son. Pero participar sigue siendo una obligación para quien cree en el futuro del campo. Lo que está en juego es demasiado importante como para quedarse al margen.

Porque cuando hablamos de agua no estamos discutiendo únicamente sobre planificación hidrológica.

Estamos decidiendo qué agricultura e industria queremos, es decir, nuestro presente y futuro. Y esa decisión nos afecta a todos.

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