InicioAgricultura de conservación“La agricultura ecológica exige observación, planificación y conocimiento del suelo”

“La agricultura ecológica exige observación, planificación y conocimiento del suelo”

El agricultor Juan Luis Fradejas aprovecha la experiencia acumulada en su explotación zamorana para trasladarla a sus clases en INEA-Universidad Pontificia de Comillas. Conocer el suelo permite hacer compatibles lo ecológico y la agricultura de conservación

Agricultura ecológica y agricultura de conservación son dos formas de cuidar el suelo que se pueden hacer compatibles, algo que requiere paciencia y mucho estudio, pero que resulta de gran interés para la tierra y para el cultivo.

Lo señala Juan Luis Fradejas, profesor de INEA-Universidad de Comillas que compatibiliza su profesión con otro perfil profesional, que le resulta apasionante: ser agricultor en su explotación de la provincia de Zamora.

Juan Luis lleva décadas volcado con la agricultura y las experiencias que sigue acumulando en el campo son la principal forma de preparar sus clases.

Por ejemplo al sembrar una leguminosa sobre el rastrojo del cereal, apostando por mantener el suelo protegido y reducir al mínimo su alteración. “Aquí no hay herbicidas”, subraya. La gestión de las hierbas se basa “en la prevención, la rotación de cultivos y el manejo del suelo, apoyándonos en técnicas como la falsa siembra cuando las condiciones lo permiten”. También realiza picado de restos vegetales, siegas para henificado y manejo de cubiertas.

“Las leguminosas que he sembrado, además, contribuyen a mejorar la fertilidad del suelo gracias a su capacidad para fijar nitrógeno atmosférico”, recuerda, y es que “no se trata solo de sembrar un cultivo. Se trata de construir un sistema agrícola más sostenible, donde la producción y el cuidado del suelo vayan de la mano”.

¿Funciona la falsa siembra en agricultura ecológica?

Como traslada a sus alumnos -y a cualquiera que le siga en redes sociales-, ha realizado dos pases de “falsa siembra” con la grada rápida en una parcela ecológica.

“La idea es sencilla: preparar el suelo y dejar que las semillas de plantas adventicias germinen con la humedad y las condiciones adecuadas. Después, se eliminan mediante esta u otras labores muy superficiales antes de sembrar el cultivo definitivo”, recalca.

Muchas de las adventicias sobre las que ha actuado ya tienen el coleoptilo o una hoja desarrollada. “Por eso realizo este segundo pase, lo justo para eliminarlas y dejar que las próximas lluvias favorezcan nuevas nascencias, que podré controlar antes de sembrar el próximo cultivo de avena ecológica”, subraya.

Con la humedad de las lluvias, buscaba estimular la germinación de esas ‘malas hierbas’ presentes en el suelo. Una vez emergidas, las ha eliminado mediante una labor muy superficial con el vibrocultivador, antes de sembrar la avena ecológica.

“El objetivo es claro: reducir la presión de malas hierbas desde el inicio del cultivo, sin recurrir a herbicidas”, destaca.

Pero la clave está en hacerlo bien. Aprovechar la humedad del suelo, evitar labores innecesarias o demasiado profundas, mantener una buena estructura del terreno y elegir el momento adecuado para intervenir.

Qué ocurre en la tierra

Para Fradejas, la agricultura ecológica “exige mucha observación, planificación y conocimiento del suelo”. No se trata solo de trabajar la tierra, “sino de entender qué ocurre en ella y anticiparse a los problemas”.

Conocer el suelo es el primer paso para poder cuidarlo, y ello es más importante aún en la agricultura ecológica: “No se trata únicamente de producir una cosecha, sino de mantener y mejorar el recurso que hace posible esa producción”.

Estos días ha tomado muestras de suelo para conocer aspectos como la fertilidad (disponibilidad de nutrientes y materia orgánica) o las propiedades químicas (pH, conductividad eléctrica…).

También para hacerse una idea precisa de la salud de su suelo; por ejemplo de la evolución de la materia orgánica y otros indicadores relacionados con su funcionamiento.

Ese conocimiento le será de gran utilidad a la hora de adoptar decisiones, como al ajustar las estrategias de fertilización y manejo, “evitando aportaciones innecesarias y mejorando la eficiencia”.

Para este profesor de INEA, “lo que no se mide difícilmente se puede mejorar”. Por eso hay que tener en cuenta que el suelo “no es solo el soporte de nuestros cultivos: es un sistema vivo que debemos conocer, medir y cuidar”.

¿Qué es un penetrómetro?

En agricultura, conocer lo que ocurre bajo la superficie es fundamental. La compactación puede dificultar el desarrollo de las raíces, la infiltración del agua y la aireación del suelo.

Penetrómetro de suelo.

Por eso Juan Luis Fradejas recurre al penetrómetro de suelo, herramienta que permite medir la resistencia que ofrece el terreno cuando introducimos una punta metálica.

Nos aportará información muy útil, como detectar posibles capas compactadas o identificar a qué profundidad aumenta la resistencia del suelo.

Mediante su empleo “también podremos evaluar cómo influyen las labores agrícolas y el tránsito de maquinaria”, además de ayudarnos a tomar mejores decisiones sobre el manejo del suelo.

“Eso sí, los datos del penetrómetro deben interpretarse teniendo en cuenta la humedad del terreno, ya que un suelo seco ofrece más resistencia que uno húmedo”, destaca Fradejas.

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