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Los arroceros afrontan una campaña marcada por los bajos precios, las importaciones y la presión de las plagas

El sector alerta de que la próxima cosecha llega con los almacenes todavía cargados, costes elevados y pérdidas de hasta un 34% por plagas en algunas parcelas de l’Albufera

La campaña del arroz afronta sus semanas decisivas con un escenario que preocupa cada vez más a productores y organizaciones agrarias. A las puertas de una nueva cosecha, prevista para comenzar a mediados de octubre, el sector se encuentra con una combinación de factores que amenaza la rentabilidad del cultivo: precios a la baja, elevados costes de producción, existencias de la campaña anterior, entrada de arroz procedente de otros países y una creciente dificultad para controlar las plagas.

Desde Isla Mayor (Sevilla), uno de los principales municipios arroceros de España, el productor y CEO de Doñarroz, Álvaro Pallarés, pone el foco en la situación de los almacenes. Según sus estimaciones, todavía podrían quedar alrededor de 50 millones de kilos de arroz almacenados, cuando faltan menos de 60 días para que llegue la nueva cosecha.

Evolución de los precios

La situación genera especial incertidumbre ante la evolución de los precios. Los primeros indicios apuntan a que el arroz podría comercializarse durante la próxima campaña por debajo de los 0,50 euros por kilogramo que percibieron los agricultores la pasada temporada, una cantidad que el sector considera ya insuficiente para cubrir los costes de producción. La cifra queda además lejos de los aproximadamente 0,70 euros por kilo que llegaron a registrarse hace cuatro años.

“Todo apunta a que el precio seguirá siendo bajo o muy bajo, incluso por debajo de los costes de producción. Ese sería un problema muy serio para el sector”, advierte Pallarés.

Más arroz en los almacenes mientras continúan las importaciones

A la falta de salida de parte de la producción nacional se suma la entrada de arroz procedente del exterior. Pallarés señala que esta situación dificulta todavía más la recuperación del mercado. “no deja de entrar arroz de fuera”, asegura.

La presión sobre los precios se produce además en un contexto de costes de producción elevados. Combustible y fertilizantes continúan representando una parte importante del gasto de las explotaciones, reduciendo los márgenes de los productores y haciendo especialmente difícil afrontar una campaña en la que las previsiones de cotización no son favorables.

La situación preocupa especialmente en zonas como l’Albufera, donde la continuidad del cultivo no solo tiene una dimensión económica, sino también ambiental. La actividad arrocera desempeña un papel fundamental en la gestión del agua y en el mantenimiento del equilibrio del parque natural. Por ello, las organizaciones agrarias advierten de que la pérdida de rentabilidad podría acabar provocando el abandono de superficies, con consecuencias tanto para los agricultores como para el propio ecosistema.

Las plagas añaden presión a una campaña ya complicada

A los problemas de mercado se suma esta campaña la incidencia de las plagas, “ahora tenemos otra plaga que vulgarmente se denomina pudenta y aquí vamos luchando con ella”, reconoce Pallarés.

Otra de las plagas es la llamada ‘cucat’ o barrenador del arroz (Chilo suppressalis), que está provocando daños importantes en algunas zonas arroceras valencianas.

AVA-ASAJA ha constatado en una parcela de arroz de la variedad Campanar, situada en Cullera, 41 espigas afectadas de un total de 120 en un metro cuadrado, lo que supone una merma del 34% de la producción en esa superficie. Las estimaciones realizadas sobre el terreno apuntan a una pérdida aproximada de 260 kilos, frente a una cosecha normal de unos 750 kilos.

El problema llega además en un momento especialmente delicado, cuando se aproxima la recolección y existe poco margen para reaccionar.

Menos herramientas para proteger el cultivo

En la misma línea, La Unió Llauradora ha advertido del incremento de la incidencia del barrenador en diferentes zonas productoras de la Comunitat Valenciana. La organización señala que varios agricultores han comunicado problemas relacionados con la colocación y permanencia de los difusores de feromonas.

Según los productores consultados por la organización, esta campaña se habrían producido cambios respecto a años anteriores en el momento de instalación de los dispositivos, que se habrían colocado antes y durante la siembra. También se han señalado posibles problemas relacionados con la desaparición o incorrecta colocación de algunos difusores, lo que podría haber reducido la cobertura efectiva en determinadas parcelas.

La problemática del ‘cucat’ se enmarca, además, en una preocupación más amplia del sector por la reducción progresiva de las herramientas disponibles para combatir plagas y malas hierbas.

AVA-ASAJA advierte de que la desaparición de determinadas materias activas autorizadas está dejando a los productores con menos alternativas eficaces, mientras que al mismo tiempo deben mantener sus cultivos en unas condiciones que permitan preservar espacios naturales de gran valor.

La organización reclama también una mayor adaptación de la normativa a las nuevas tecnologías y defiende que herramientas como los drones para la aplicación de determinados tratamientos puedan utilizarse cuando permitan realizar aplicaciones más precisas, reducir costes y disminuir el impacto de los tratamientos.

Una campaña decisiva para el futuro del arroz

Con la nueva cosecha cada vez más cerca, el sector reclama medidas que permitan garantizar la viabilidad económica del cultivo. El temor de los productores es que la combinación de precios bajos, costes elevados, excedentes de la campaña anterior, importaciones y problemas fitosanitarios termine agravando una situación que ya consideran crítica.

En el caso de l’Albufera, el problema adquiere una dimensión todavía mayor. Los arroceros recuerdan que el mantenimiento del cultivo está directamente relacionado con la conservación de este espacio natural y que el abandono de los arrozales podría favorecer la proliferación de fauna y plagas y alterar un ecosistema estrechamente vinculado durante generaciones a la actividad agrícola. El mensaje que trasladan los productores es claro: sin un arroz rentable no habrá agricultores que puedan mantener los arrozales. Y la próxima campaña, que comenzará en pocas semanas, llega con demasiadas incertidumbre.

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