Natalia Lozano
El conflicto en Oriente Medio sigue dejando sentir sus efectos más allá del ámbito geopolítico y está impactando de lleno en sectores estratégicos como el agrario. La escalada de tensiones en la región y su repercusión en los mercados energéticos han provocado un encarecimiento sostenido del petróleo y del gas, que ya se nota en el día a día de agricultores y empresas en España. Apenas mes y medio después del inicio de la crisis, la volatilidad y la incertidumbre se han convertido en factores habituales en la planificación de la campaña.
En este contexto, el aumento de los costes energéticos y de materias primas esenciales está condicionando de forma directa las decisiones en el campo. Así lo explica José Antonio Marcos, jefe del Área de Cereales y Fertilizantes de Bernabé Campal, quien asegura que “la situación sí que está afectando de manera directa al campo” y que, tras varias semanas de conflicto, “se ha mantenido y se ha materializado la subida del gasóleo”.

El gasóleo condiciona las siembras
Uno de los impactos más inmediatos se está produciendo en el uso de combustibles. “En el tema de los combustibles se está notando de manera drástica”, señala Marcos, quien matiza que, aunque existen algunas medidas para aliviar la presión, “aun así la energía está siendo muy cara y está limitando algunas siembras de cultivos de regadío en algunas zonas que riegan con motores de gasoil”.
Esta situación está obligando a replantear cultivos: “han pasado de pensar en sembrar remolacha o maíz para pensar en girasoles únicamente para intentar evitar el riego porque el coste para ellos es muy alto”.
Fertilizantes al alza y escasez de urea
A esta presión se suma el encarecimiento de los fertilizantes, estrechamente ligado al precio del gas. “Ha habido una subida bastante grande del precio de la urea por la subida del gas”, explica, y añade que las expectativas de una posible bajada se han desvanecido: “llegado a este momento ya vemos que es imposible del todo”.
Incluso en un escenario de resolución del conflicto, advierte, el impacto seguiría presente: “los costes ya están asumidos, con lo cual la cobertera del maíz, de las remolachas y de las patatas con nitrógeno va a ser a un coste mucho más alto que el de otros años”.
En cuanto a la disponibilidad, la situación tampoco es favorable: “urea hay poca en el mercado y la que hay es cara”, lamenta.
Adaptación técnica para reducir costes
Ante este escenario, el sector se ve obligado a adaptarse: “no va a quedar otro remedio más que decidir otros productos podemos utilizar para la cobertera productos un poco más técnicos y más efectivos para conseguir bajar la dosis”.
El objetivo pasa por optimizar el uso de nutrientes sin comprometer la producción, en un contexto en el que cada decisión tiene un mayor impacto económico.
Buena sementera, pero preocupación en el secano
Pese a este contexto, la campaña de siembra avanza con relativa normalidad gracias a una climatología favorable. “Se está haciendo una sementera más o menos buena”, apunta, destacando que este año se están implantando ciclos más largos, lo que podría traducirse en mejores rendimientos. “Esto, entre comillas, esperanza al agricultor que la producción va a ser un poco más alta”.
Sin embargo, esta misma falta de precipitaciones empieza a generar inquietud en el secano. “A partir de ahora ya necesita lluvia y eso empieza a preocupar”.
Precios a la baja y clima de pesimismo
El panorama general, no obstante, sigue marcado por el pesimismo. “Casi todo lo que tiene que ver con el agricultor ahora mismo está en un clima pesimista”, reconoce. A los altos costes se suma la debilidad de los precios del cereal. “Ya no es que no remonte, sino que además también está cayendo un poco el precio”.
La cercanía de la nueva cosecha y la falta de demanda están presionando el mercado, con compradores que retrasan operaciones a la espera de precios más bajos.
Incertidumbre y decisiones a corto plazo
La incertidumbre ha condicionado también la toma de decisiones en toda la cadena. “Nadie se atrevía a comprar”, recuerda sobre las primeras semanas del conflicto, aunque ahora “ya hay un poco más de tranquilidad porque lamentablemente ya contamos con un coste elevado de nitrógeno”.
Aun así, el miedo sigue presente. “Esa incertidumbre y ese miedo, hace que todo vaya con menos previsión y todo eso supone más gastos”.
El sector resiste a la espera de cambios
En este escenario, el papel del asesoramiento técnico cobra especial relevancia. “Lo único que queda, es recomendar productos un poquito más eficientes que alivien un poco el coste”, subraya Marcos. Por ellos desde Campal insisten en que en estos momentos tan difíciles, es más importante que nunca, apoyarse en los consejos y asesoramientos de técnicos de empresas especializadas. «Siempre estamos al lado del agricultor, buscando la eficiencia en todos sus procesos».
Pese a todo, el sector sigue adelante. “Es una profesión de costumbres, y el agricultor continúa y continúa hasta el final”, concluye, confiando en que la evolución del contexto internacional permita revertir una situación que mantiene en vilo al campo.







