Natalia Lozano
La campaña del ajo 2026 ha dejado una cosecha de excelente calidad en España, pero el optimismo en el campo contrasta con la preocupación que se vive en los almacenes. El sector atraviesa uno de los momentos comerciales más complejos de los últimos años, marcado por la escasa actividad del mercado y el aumento de las importaciones procedentes de terceros países.
«El problema ya no es solo el precio, sino que no hay movimiento», resume David Toral, de SAT Toral. Como productor, asegura que la recolección ha finalizado con buenos resultados y un producto de gran calidad, pero explica que la comercialización está prácticamente paralizada.

«Otros años podía haber precios bajos, pero había ventas. Este año la sensación en todo el sector es que el mercado está parado»
Una campaña excelente en el campo
La valoración del cultivo contrasta con la situación del mercado. La Asociación Nacional de Productores y Comercializadores de Ajo (ANPCA), que reunió recientemente a productores y operadores para analizar la campaña, destaca que la superficie cultivada en España se ha mantenido estable, superando ligeramente las 24.000 hectáreas.
Además, la organización subraya que el ajo cosechado presenta una excelente calidad sanitaria y comercial. El ajo Spring ha recuperado los rendimientos perdidos en campañas anteriores por los problemas climáticos, mientras que el ajo Morado, pese a ofrecer una calidad sobresaliente, ha registrado producciones ligeramente inferiores a las expectativas iniciales.
Las importaciones, en el centro de la preocupación
El principal motivo de inquietud para el sector se encuentra en la evolución del mercado europeo. Según los datos de ANPCA, las importaciones de ajo procedentes de terceros países hacia la Unión Europea han aumentado un 128,4 % en la última década, alcanzando las 111.812 toneladas.
China continúa siendo el principal proveedor, con más de 74.000 toneladas importadas, mientras que Egipto ha experimentado el mayor crecimiento, con un incremento del 390,3 % respecto a hace diez años.
74.000 toneladas
importadas
un incremento
del 390,3 % respecto
a hace diez años
Ante este escenario, la asociación ha acordado iniciar los trabajos para solicitar la activación de la cláusula de salvaguardia, una herramienta prevista por la normativa comunitaria para evaluar el impacto de las importaciones y adoptar medidas si se demuestra un perjuicio para la producción europea.
«No competimos con las mismas reglas»
David Toral considera que la dificultad no reside únicamente en los precios, sino en la diferencia de exigencias con las que trabajan los productores europeos y los de terceros países. «Estamos orgullosos de cumplir con todos los protocolos de seguridad alimentaria, medioambientales y laborales que exige Europa. El problema es competir con productos que llegan desde países donde esas obligaciones no existen y cuyos costes de producción son mucho menores», explica.
En su opinión, el consumidor desconoce esa diferencia porque el producto importado termina vendiéndose en muchos casos a un precio similar al del ajo nacional.
El origen, una información necesaria
Otro de los aspectos que preocupa al sector es la identificación del origen del producto. Desde SAT Toral defienden que el comprador debería conocer con claridad dónde se ha cultivado el ajo que adquiere. «Nosotros no pedimos que el consumidor compre obligatoriamente ajo español.
«Lo que pedimos es que pueda elegir con toda la información, sabiendo qué producto se ha cultivado aquí y cuál procede de terceros países»
Asimismo, lamenta que la fuerte caída de los precios en origen no tenga reflejo en los lineales de los supermercados. «El consumidor sigue pagando prácticamente lo mismo, mientras que el agricultor recibe mucho menos. Hay un desequilibrio evidente dentro de la cadena comercial», añade.

Un sector que pide igualdad de condiciones
Productores y comercializadores coinciden en que la prioridad pasa por garantizar unas condiciones de competencia equivalentes para todos los operadores que abastecen el mercado europeo. Consideran que la aplicación de los mismos requisitos en materia de seguridad alimentaria, uso de fitosanitarios, sostenibilidad y condiciones laborales permitiría competir en igualdad.
Mientras tanto, el sector afronta los próximos meses con la esperanza de que el mercado recupere actividad y que el excelente nivel de calidad del ajo español encuentre la respuesta comercial que, por el momento, sigue sin llegar.







