Los regantes, a través de Fenacore y Feragua, han solicitado que los sólidos decantandos en las balsas y canales de riego queden expresamente excluidos de la Ley 7/2022 de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular. Las organizaciones consideran que la normativa deja un «vacío legal» sobre este tipo de materiales, una situación que, según denuncian, está provocando que en algunas actuaciones de mantenimiento se interpreten como residuos, con las consiguientes obligaciones de gestión y un fuerte incremento de costes.

El responsable técnico de Feragua, Francisco Carrasco, sostiene que la ley no contempla de forma específica estos sedimentos y reclama una modificación normativa que evite interpretaciones contradictorias.
«La ley de residuos no habla absolutamente nada de este sedimento natural que decanta en las infraestructuras de riego. Por eso digo que hay un vacío legal. Queremos que se deje claro en la legislación que ese sedimento no es un residuo, sino que quede exceptuado y se pueda seguir utilizando como remediador de suelo, que es lo que se venía haciendo normalmente», afirma.
Un material natural que los agricultores aprovechan para mejorar sus fincas
Desde Feragua explican que estos sedimentos proceden de las partículas en suspensión que transporta el agua de riego y que se depositan de forma natural en balsas y canales. Se trata, principalmente, de limos y arcillas que históricamente han contribuido a formar las vegas de los ríos y que los propios agricultores emplean para mejorar la estructura y fertilidad de sus parcelas.
Carrasco subraya que esta práctica está plenamente implantada en el campo.
«Normalmente se saca con medios mecánicos y los propios agricultores que tienen parcelas colindantes a la balsa lo utilizan como una especie de materia orgánica natural que permite remediar o mejorar el suelo»
Las organizaciones insisten además en que estos materiales no presentan peligrosidad y plantean que, si fuera necesario, puedan someterse a análisis para acreditar su inocuidad antes de su utilización agrícola.
Es más, comentan que este mismo problema lo tienen las administraciones públicas con la gestión y explotación de las presas. “Cuando una presa después de un tiempo abre sus desagües de fondo, lo que se vierte al cauce público es “chocolate”, es decir, agua con mucho sólido decantado que se vierte sin ningún tipo de problemas al cauce”, comenta Carrasco.

Alertan de un incremento de costes de hasta doce veces
Fenacore y Feragua advierten de que, si estos sedimentos acabaran considerándose residuos, su gestión obligaría a transportarlos mediante sistemas específicos y entregarlos a gestores autorizados, lo que dispararía el coste de las labores periódicas de limpieza de las balsas.
Según las estimaciones manejadas por ambas entidades, actuaciones que actualmente rondan los 350.000 euros anuales podrían superar los tres millones de euros, con incrementos de entre diez y doce veces respecto a la situación actual.
Para Carrasco, el impacto económico sería inasumible para muchas comunidades de regantes y explotaciones agrícolas.
«Si eso lo convierten en un residuo, los costes de transporte especial y los cánones de gestión llevarían al colapso de todas las balsas, porque nadie va a limpiarlas, retirando el sedimento, económicamente no se puede aguantar»
El responsable técnico advierte además de que este escenario podría traducirse en importantes incrementos de las cuotas que pagan los regantes e incluso comprometer la viabilidad de numerosas explotaciones agrícolas.
Consulta pública abierta hasta septiembre
Las organizaciones recuerdan que el Ministerio mantiene abierto un proceso de consulta pública previa sobre posibles modificaciones de la Ley 7/2022, un trámite que consideran una oportunidad para introducir una excepción específica para los sedimentos de decantación de las infraestructuras de riego.
Feragua y Fenacore confían en que la futura reforma elimine la inseguridad jurídica existente y permita mantener un aprovechamiento que, según defienden, responde plenamente a los principios de economía circular al reutilizar un material natural para la mejora de los suelos agrícolas.







