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Galicia necesita aprender a almacenar y gestionar mejor el agua

Alejandro Pérez, de la Universidad Politécnica de Cartagena, analizará en la jornada “El agua y la agricultura en Galicia” el papel de la digitalización, las infraestructuras y el riego eficiente ante un escenario de lluvias más concentradas y mayor demanda climática.

Galicia tiene agua, pero eso ya no significa necesariamente que disponga de ella cuando la agricultura la necesita. La concentración de las precipitaciones en periodos cada vez más cortos y el aumento de la demanda climática obligan a replantear la gestión de un recurso que, hasta hace no tanto, parecía ajeno a las preocupaciones del campo gallego.

Alejandro Pérez, catedrático de la Universidad Politécnica de Cartagena

Sobre esta transformación hablará Alejandro Pérez, catedrático de la Universidad Politécnica de Cartagena, durante la jornada técnica «El agua y la agricultura en Galicia».

La cita tendrá lugar el próximo 3 de septiembre en Xinzo de Limia (Ourense).

Su intervención, titulada «Agua, regadío y digitalización: la base del futuro en el campo», pondrá el foco en dos cuestiones que considera fundamentales: digitalizar el manejo del agua y disponer de infraestructuras capaces de almacenarla para utilizarla cuando sea necesaria.

Lluvias más concentradas y una mayor demanda de agua

El reto, según explica Pérez, no se limita a la cantidad total de lluvia que recibe un territorio. El problema está también en cuándo y cómo llega esa agua.

Las precipitaciones pueden concentrarse en episodios intensos y breves, provocando escorrentías y dificultando que el agua se infiltre y pueda aprovecharse posteriormente. Sin infraestructuras adecuadas para retenerla, una parte importante de ese recurso termina perdiéndose.

Programa de la Jornada Técnica «El agua y la agricultura en Galicia»

A esta situación se suma el incremento de las temperaturas y de la evaporación, que aumenta las necesidades hídricas de los cultivos. Pérez recuerda que «incluso en Galicia ya existen dificultades relacionadas con la disponibilidad de agua para determinados usos agrícolas, como el cultivo de maíz destinado a la alimentación del ganado».

«Tenemos que digitalizar el manejo del agua y, sobre todo, tener infraestructuras para poder almacenar esa agua que hay», resume el investigador.

La idea es especialmente relevante en territorios tradicionalmente asociados a la abundancia de precipitaciones. Para Pérez, seguir teniendo episodios de lluvia no garantiza disponer de agua suficiente durante el resto del año si no existen sistemas capaces de regular y conservar ese recurso.

Digitalizar para saber cuándo y cuánto regar

La segunda gran línea de su ponencia será la digitalización de la gestión del agua.

El objetivo es avanzar hacia un modelo en el que las decisiones de riego puedan basarse en un mayor conocimiento de las necesidades reales de los cultivos y en un control más preciso de los recursos disponibles.

«Si no digitalizamos la gestión, no vamos a poder controlar ni la calidad, ni la cantidad, ni la necesidad que tienen los cultivos», señala Pérez.

Esta transformación resulta especialmente significativa en un momento en el que A Limia afronta la modernización de sus infraestructuras de regadío. El desafío, según se abordará durante la jornada, no será únicamente construir nuevas redes o poner en marcha sistemas de abastecimiento, sino aprender a gestionar el agua de una manera más eficiente y adaptada a las nuevas condiciones climáticas.

El riego localizado, una herramienta para ganar eficiencia

Pérez también analizará el papel de los sistemas de riego más eficientes, con especial atención al riego localizado y, en particular, al goteo.

La aplicación del agua directamente en la zona donde el cultivo la necesita permite reducir pérdidas y mejorar el control sobre el riego. Para el investigador, «la modernización debe avanzar hacia sistemas que permitan aprovechar mejor cada recurso disponible y evitar aplicaciones innecesarias».

Su intervención conectará así infraestructura, tecnología y manejo agronómico en un mismo reto: garantizar que el agua disponible pueda conservarse, distribuirse y utilizarse con la mayor eficiencia posible.

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