Juan Pedro Almodóvar es agricultor de toda la vida y llega desde Extremadura a la tractorada de Madrid con un mensaje claro: el campo atraviesa una situación cada vez más complicada y su futuro está en juego. Actualmente cultiva arroz y olivos, dos producciones con las que intenta reducir su dependencia de la mano de obra, cuya gestión considera cada vez más difícil.
«Tenemos los costes por las nubes y, luego, los costes de lo que nosotros producimos están tirados por el suelo»
Resume así, para explicar los motivos que le han llevado a participar en la movilización. La falta de rentabilidad es, para él, uno de los principales problemas del sector. En plena campaña de la aceituna, asegura que han comenzado con precios mínimos que ni siquiera permiten cubrir los costes de producción. Una situación que, según advierte, también afecta a otros cultivos, como el maíz y el tomate.
A los problemas económicos se suman la burocracia y las dificultades para encontrar mano de obra. Un conjunto de obstáculos que, en su opinión, está haciendo que la actividad agrícola pierda atractivo, especialmente para las nuevas generaciones. «Yo supongo que estaréis hablando con la última generación de agricultores en mi familia», afirma. De hecho, ha decidido recomendar a sus hijos que no se incorporen al campo, porque no encuentra motivos suficientes para animarlos a continuar con la profesión.
«Si no defendemos la agricultura y la ganadería, estamos nada más que mintiendo»
Para Juan Pedro, defender el mundo rural implica mucho más que reivindicar los pueblos, significa proteger las actividades que sostienen buena parte de su economía. Por eso, considera que cualquier discurso sobre el futuro de los pueblos pierde sentido si no se acompaña de medidas que garanticen la continuidad de agricultores y ganaderos.
«Aquí defendemos mucho el mundo rural, pero el mundo rural es justamente campo, agricultura y ganadería»
Almodóvar reconoce que ha participado en numerosas movilizaciones y que, con el paso del tiempo, percibe un desgaste entre los agricultores. A su juicio, el envejecimiento del sector y el desánimo de quienes han dejado de acudir a las protestas reflejan un problema de fondo, el abandono progresivo del campo.
Una reivindicación marcada por la solidaridad
La jornada de protesta en Madrid también ha estado marcada por la noticia de la tragedia del accidente de tren que ha afectado al desarrollo del acto reivindicativo. Juan Pedro explica que los agricultores habían acudido con ganas de hacer oír sus demandas, pero que la situación les ha dejado «como un jarro de agua fría». Ante estas circunstancias, destaca la solidaridad que caracteriza al mundo rural y al sector agrícola y ganadero.
Pese a las numerosas movilizaciones en las que ha participado, sigue reclamando cambios que permitan mantener viva la actividad agraria. Su preocupación va más allá de la situación económica inmediata. Teme que la falta de rentabilidad, el envejecimiento y la ausencia de relevo generacional terminen por dejar el campo sin continuidad.
Su testimonio pone rostro a una de las principales inquietudes de quienes han acudido a Madrid para reclamar soluciones. «Me da igual quién salga y quién se siente en el sillón el día de mañana después de las elecciones, pero están acabando con el mundo rural«, advierte. Y concluye con una reflexión que resume su preocupación por el futuro: «Algún día nos acordaremos«.








