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La naranja navelina arranca la campaña en la Vega del Guadalquivir con buenas perspectivas de producción

El agricultor Alfonso Moreno Sánchez prevé recolectar alrededor de 50.000 kilos por hectárea en su finca de La Rinconada, donde ha adelantado la recogida para evitar pérdidas por el rajado de la fruta

La campaña de recolección de la naranja navelina ya está en marcha en la Vega del Guadalquivir. En La Rinconada, el agricultor Alfonso Moreno Sánchez afronta las primeras semanas de recogida con buenas perspectivas productivas, aunque con la precaución de adelantar algunas labores para evitar que parte de la fruta se pierda por el rajado de la piel.

«De momento va todo bien, el tiempo nos está acompañando», explica Moreno desde su finca, donde calcula una producción de unos 50.000 kilos por hectárea. Se trata de una cifra que considera normal para la zona y que se sitúa dentro de los rendimientos habituales de este cultivo, generalmente entre 45.000 y 55.000 kilos por hectárea.

El agricultor recuerda que alcanzar los 70.000 kilos por hectárea, como ha conseguido en alguna campaña anterior, constituye una producción extraordinaria y no el resultado más frecuente. «La producción va bien, no excesiva, pero bien, dentro de lo que el año nos pide», señala.

Adelantar la recolección para evitar pérdidas

Aunque la recogida se encuentra todavía en una fase temprana, las condiciones de la fruta han llevado a comenzar antes de lo previsto.

«La piel fina de las naranjas y el rajado que se está produciendo en algunas piezas aconsejan retirar parte de la cosecha para evitar que termine perdiéndose»

Explica Moreno, que sitúa el inicio de la campaña en torno al 26 y 27 de octubre.

La variedad que se recoge en su explotación es la navelina, una de las variedades tempranas de naranja. Aunque algunas piezas todavía presentan una coloración verde, el agricultor defiende que eso no significa necesariamente que la fruta no esté lista para el consumo.

«Está dulce, es comestible totalmente, a pesar de que esté verde», afirma.

Durante la visita a la finca, Moreno muestra una naranja recién cortada y destaca sus cualidades organolépticas. Según explica, el consumidor suele asociar el color amarillo o anaranjado con la madurez, aunque la coloración exterior no siempre refleja por sí sola el estado interno de la fruta.

La campaña de la navelina se prolongará hasta Navidad y, previsiblemente, hasta mediados de enero. Después comenzará la recogida de otras variedades, como la Lane Late y la Powell, dentro de un calendario que permite extender la temporada de naranja en la Vega del Guadalquivir hasta mediados de junio.

Los precios se mueven entre 23 y 25 céntimos por kilo

La evolución de los precios es una de las principales incógnitas para los productores. Moreno reconoce que, en su caso, los socios de su organización comercial no conocen el resultado definitivo hasta el momento de la liquidación. No obstante, las referencias que maneja sitúan actualmente el precio en campo «entre los 23 y los 25 céntimos por kilo». Una cantidad que debe compararse con unos costes de producción que calcula entre 12 y 15 céntimos por kilo.

Entre los costes que más pesan en la cuenta de resultados, el agricultor destaca la mano de obra y los fertilizantes, además de otros insumos y gastos asociados a la actividad. En términos generales, estima que mantener una hectárea de naranjos puede suponer entre «3.000 y 5.000 euros, dependiendo de las condiciones de producción».

Una apuesta por el largo plazo

Pese a la incertidumbre sobre los precios y al aumento de los costes, Moreno considera que el naranjo conserva un importante potencial económico en la Vega del Guadalquivir.

A diferencia de otros cultivos anuales, cuya rentabilidad puede variar considerablemente de una campaña a otra.

«Los resultados de los cítricos deben analizarse a los 5 años para poder saber la rentabilidad»

Desde su experiencia, el naranjo ofrece una alternativa rentable frente a producciones como el maíz, el algodón o el girasol, aunque insiste en que el balance debe contemplar tanto los ingresos como los gastos y las diferencias entre campañas.

La dimensión de las explotaciones también es diversa en la zona. Hay agricultores con superficies muy reducidas y otros que gestionan alrededor de un centenar de hectáreas. Moreno sitúa entre 15 y 20 hectáreas la dimensión de muchas explotaciones profesionales de tamaño medio, una superficie que, en su opinión, puede permitir vivir de la actividad agraria con trabajo y una gestión adecuada.

Con la navelina ya en los árboles y la recolección en marcha, los próximos meses serán decisivos para comprobar cómo evolucionan los precios y qué resultado económico deja una campaña que, por ahora, presenta buenas perspectivas productivas en esta finca de La Rinconada.

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