Natalia Lozano
La campaña de patata en el norte de Castilla y León arranca este año marcada por la incertidumbre climática y el recuerdo reciente de campañas difíciles. Aunque el calendario agronómico sitúa el periodo óptimo de siembra entre finales de abril y, sobre todo, el mes de mayo, muchos productores han comenzado ya a trabajar la tierra antes de lo habitual.
José Martín, agricultor de la zona de Aguilar de Campoo y miembro de la empresa familiar, Propacer, explica que lo normal es respetar los tiempos tradicionales: “Por la zona norte de Castilla y León normalmente la fecha de empezar es finales de abril, pero el mes bueno, bueno, es mayo”.
La falta de lluvias acelera las decisiones
La ausencia de precipitaciones está empujando a los agricultores a anticiparse. “Como no da previsión de lluvia, la gente se está empezando un poco a apresurar a sembrar y hay agricultores que ya lleva casi una semana sembrando. No suele ser lo normal”, señala Martín.
Sin embargo, este adelanto no está exento de riesgos: “El suelo está todavía frío… y le cuesta mucho a la planta nacer porque no tiene temperatura”. Esta situación puede favorecer la aparición de enfermedades y hongos en el cultivo.
El miedo a repetir problemas recientes está detrás de muchas decisiones. Hace dos campañas, las lluvias primaverales retrasaron la siembra hasta mayo e incluso junio, lo que empujó la recolección a un otoño especialmente lluvioso.

“Estábamos en noviembre y quedaban muchísimas patatas por sacar. Muchos agricultores tienen miedo de que vuelva a pasar lo mismo”, recuerda Martín. Por ello, están optando ahora por sembrar antes para intentar recolectar también antes.
Riesgos agronómicos de sembrar antes de tiempo
A pesar de esta tendencia, el propio agricultor muestra cautela: “Las patatas que he sembrado siempre pronto las cuesta mucho arrancar, tienen más posibilidades de coger enfermedades”.
Aunque prevé comenzar la siembra en breve, lo hará en parcelas situadas más al sur, donde las condiciones son algo más favorables, evidenciando la importancia del equilibrio entre calendario y condiciones del suelo.
Incertidumbre en el mercado
En paralelo, el mercado también genera dudas. El posible solapamiento de producciones, especialmente con la patata temprana procedente del sur, podría provocar un exceso de oferta.
“Se van a juntar en el mercado y puede que haya algo de colapso”, advierte Martín. Ante este escenario, muchos productores contemplan retrasar la venta: “Aspiramos a venderlas en el año siguiente, de enero en adelante”.

La campaña anterior sigue muy presente en los almacenes. “Tenemos todavía un millón de kilos casi almacenados”, señala, reflejando la lentitud del mercado.
Los precios, además, apenas compensan: “Se están vendiendo poco más que los gastos”, lo que añade presión a las decisiones de esta nueva campaña.
A pesar de todo, la calidad sigue siendo un factor determinante, especialmente en variedades destinadas a fritura. “Lo más importante es que haga un buen frito”, subraya.
Un sector condicionado por el clima y la incertidumbre
La campaña de 2026 se perfila así, como un ejercicio de equilibrio constante entre clima, experiencia previa y mercado. El mensaje principal es claro: la tradicional siembra tardía del norte de Castilla y León se está viendo alterada por la falta de lluvias y el temor a repetir los problemas en la recolección, en un contexto donde cada decisión puede marcar el resultado final de la campaña.







