Natalia Lozano
El cultivo de cebolla atraviesa una de las campañas más complicadas que se recuerdan en España. A pesar de que la producción no está siendo especialmente elevada en muchas zonas productoras, los agricultores se enfrentan a un escenario de precios bajos, una comercialización muy lenta y una fuerte competencia de importaciones procedentes de terceros países y de otros mercados europeos. El resultado es un sector que, en numerosos casos, está vendiendo por debajo de los costes de producción e incluso optando por destruir parte de la cosecha ante la imposibilidad de encontrar salida comercial.
Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, España dedica cada año en torno a 23.000-24.000 hectáreas al cultivo de cebolla, con una producción que suele superar el millón de toneladas, siendo Castilla-La Mancha y Castilla y León las dos principales zonas productoras del país.
Precisamente Castilla-La Mancha ha reforzado en los últimos años su liderazgo. José Luis Calzado, responsable de la cooperativa Coovimag, destaca que la provincia de Ciudad Real se ha convertido en el principal referente nacional del cultivo.
«Coovimag es la cooperativa más grande de cebollas de la provincia de Ciudad Real, que es ahora la principal provincia productora de cebollas. En superficie ha superado por primera vez a Albacete y aquí se está incrementando mucho cada año la superficie cultivada de cebolla». La cooperativa reúne más de 1.000 hectáreas de cultivo entre sus socios.
Una tormenta perfecta para el mercado
El principal problema de esta campaña no está siendo tanto la producción como la falta de ventas. Luis Fernando Rubio, director de la Asociación de Productores de Cebolla de Castilla-La Mancha, explica que la saturación del mercado europeo ha frenado las exportaciones españolas.
«El principal problema que tenemos es que la comercialización está siendo muy escasa porque hay una sobreproducción, no solamente aquí en España, sino en todos los países europeos. Los mercados de destino, que normalmente eran demandantes de cebolla española, este año tienen sus propias producciones y eso está conllevando a que la demanda sea muchísimo más pequeña que en campañas normales«. La situación se agrava porque la cebolla española de mayor calibre, uno de los productos más demandados tradicionalmente por Europa, también está encontrando dificultades para salir al mercado.

«La comercialización está siendo muy lenta y el único método de venta es con mucha competencia, no solamente europea, sino también de terceros países».
Las importaciones hunden los precios
A la elevada oferta europea se suma la llegada de cebolla importada desde países como Nueva Zelanda, Chile o Argentina. Rubio explica que parte de esa cebolla llegó a Europa sin contratos cerrados de venta.
«Se embarcó sin contrato cerrado, por mera especulación, y eso ha provocado un tapón muy importante en el mercado europeo. Esa cebolla ha tenido que bajar mucho el precio para poder comercializarse y eso ha arrastrado también el precio de nuestra cebolla». El resultado es que muchos productores no pueden vender legalmente su cosecha.
«Los precios ahora mismo se encuentran, sobre todo en el campo, por debajo de los costes de producción. La Ley de la Cadena Alimentaria prohíbe vender a pérdidas y muchos agricultores se ven obligados a eliminar la producción».
Esta situación también la están viviendo los productores andaluces. Álvaro Cortés, agricultor sevillano, explica que la campaña ha estado marcada por los bajos rendimientos como consecuencia de las abundantes lluvias registradas durante el ciclo del cultivo. «Los rendimientos, con el año que ha habido de agua han sido malos. La cebolla se ha perdido mucho y la que ha aguantado esl rendimiento que ha dado es por debajo de la media «. Pese a ello, destaca que la calidad del producto ha sido elevada.
«En cuanto a sanidad estaban bien, la verdad que después de todo el agua no había mucho tratamiento y la cebolla ha sido de muy buena calidad la que ha quedado, pero el problema ha sido los rendimientos bajos y el precio tirado».
Cortés coincide además en señalar el impacto que han tenido las importaciones sobre las cotizaciones. «El problema de los precios es que un mes antes de empezar con la campaña de aquí de la cebolla nacional se estaba pagando la cebolla de fuera a 40, 50 céntimos, incluso 60 y en cuanto ha entrado la nacional se ha tirado el precio. Nos han dicho que estaban los almacenes llenos y que la cebolla venía de fuera más barata”.
José Luis Calzado coincide en el diagnóstico y asegura que la situación actual es excepcional. «Es un año muy malo, de los peores que se conocen en cuanto a la venta y a la producción. La producción está siendo escasa hasta ahora, pero el precio es tan bajo que estamos muy por debajo del coste de producción».
La cebolla temprana no puede esperar
Uno de los factores que agrava la situación es que buena parte de la cebolla que actualmente se recoge corresponde a variedades tempranas, con muy poca capacidad de almacenamiento.
«La cebolla temprana no tiene conservación ninguna. Tiene que comercializarse en un plazo máximo de un mes o un mes y medio», explica Calzado.

Solo las variedades de conservación, que comenzarán a recolectarse a finales del verano y durante el otoño, permiten almacenar el producto durante meses, aunque nadie garantiza que entonces el mercado haya recuperado el equilibrio.
Expectación ante la campaña de otoño
Las altas temperaturas registradas este verano también añaden incertidumbre sobre la producción de las variedades tardías. Luis Fernando Rubio señala que todavía es pronto para saber cuál será el rendimiento definitivo.
En Castilla y León, donde el calendario de producción es más tardío, los agricultores observan la evolución con cautela. Rafael Castaño, agricultor de Madrigal de las Altas Torres (Ávila), explica que las cebollas que actualmente se comercializan corresponden a las siembras de otoño y tampoco pueden almacenarse.

«Como no se puede conservar por las temperaturas tan altas, aprovechan que tienes que quitarla del campo y eso hace muy complicado defender el precio».
Sobre la cosecha que llegará a partir de septiembre, prefiere mantener la prudencia. «Ahora mismo el cultivo está bien, pero tenemos que esperar y ver cómo evoluciona»








