Erika Abad tiene 28 años, es agricultora y trabaja junto a su hermano en el campo de Humanes, en la provincia de Guadalajara. Ambos se dedican a la agricultura de secano y de regadío, con cultivos de cereal, alfalfa y espárrago verde. Este último tiene un peso importante en su actividad. Hoy ha acudido a la tractorada para expresar el malestar de un sector que, asegura, cada vez tiene más dificultades para salir adelante.
Entre los problemas que más afectan a su explotación, señala el encarecimiento del gasóleo agrícola y de los fertilizantes, dos elementos imprescindibles para mantener la actividad. Según denuncia, el gasóleo agrícola está un 51 % más caro que hace unos años, mientras que el precio del abono continúa disparado. «Como sigamos así, estamos a pérdidas», advierte.
«Estamos muy disgustados con todo lo que nos está pasando»
La situación resulta especialmente complicada en estas fechas, coincidiendo con la siembra del cereal en la provincia de Guadalajara. Los elevados costes de producción condicionan el trabajo diario y aumentan la incertidumbre sobre la rentabilidad de las cosechas. Para Erika, el problema no es puntual, sino una dificultad que amenaza la continuidad de muchas explotaciones agrícolas.
Sin motivos para seguir
El testimonio de Erika pone rostro a una de las grandes preocupaciones del sector. La falta de relevo generacional. Con 28 años, forma parte de una nueva generación que ha decidido continuar trabajando en el campo, pero que se encuentra con un escenario económico cada vez más difícil.
Su hermano, de 30 años, también se dedica a la agricultura. Sin embargo, cuando se le pregunta qué motivos encuentra para seguir adelante con la profesión, su respuesta es contundente: «Pues ahora mismo ninguno».
La razón, insiste, es la falta de rentabilidad. Ambos continúan vinculados a una actividad que conocen de cerca, pero temen que la situación económica les impida mantener sus explotaciones en el futuro.
«Estamos a pérdidas y, como esto siga así, no vamos a llegar a ningún lado», lamenta.
La experiencia de los dos hermanos refleja la contradicción a la que se enfrentan muchos jóvenes agricultores. Pese a estar dispuestos a trabajar y mantener viva la actividad agraria, necesitan que los números permitan sostener sus explotaciones.
«Si esto sigue así, el campo español se pierde»
Erika ha acudido a la movilización con la esperanza de que las reivindicaciones del sector se traduzcan en cambios. No es la primera protesta de los agricultores, pero considera que es necesario seguir reclamando soluciones ante el aumento de los costes y la incertidumbre económica.
«Esperamos que esto cambie porque, si no, el campo español se pierde», afirma.
Su mensaje resume la preocupación de una agricultora joven que trabaja en secano y regadío, cultiva cereal, alfalfa y espárrago verde y comparte con su hermano la responsabilidad de sacar adelante una explotación. Para ella, el futuro del campo depende de que la actividad vuelva a ser rentable y permita a quienes hoy trabajan la tierra continuar haciéndolo mañana.
Desde Humanes, Erika Abad se suma así a las voces de la tractorada que reclaman medidas para aliviar los costes de producción y garantizar la continuidad de la agricultura. Una reivindicación que va más allá de la situación de una explotación concreta: sin rentabilidad y sin jóvenes que puedan vivir del campo, el futuro del sector queda en entredicho.








