Carlos

Novillo

Consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid

Madrid también es campo

No podemos seguir anclados en el siglo pasado

Carlos Novillo, consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid, defiende una agricultura madrileña basada en la calidad, la proximidad, la innovación y la conexión real con el consumidor

Máximo Gómez

La entrevista tuvo lugar en la Asamblea de Madrid, en plena celebración de un pleno. El edificio imponía y los pasillos, llenos de gente, reflejaban la intensidad de la jornada. Nos hicieron pasar a un despacho acristalado, con unas vistas impresionantes sobre Madrid: mucha urbe y, al menos a primera vista, poco campo. Allí esperábamos una entrevista con un político.

A los pocos minutos entró Carlos Novillo. Cercano, accesible y dispuesto a conversar, enseguida apareció la persona. Y, con ella, alguien que conoce el campo madrileño, lo escucha y cree en su futuro.

cámara entrevista

Madrid

REPORTAJE:

Madrid también es campo. Y conviene recordarlo.

Quizá porque la imagen de la capital lo ocupa casi todo, porque Madrid se explica muchas veces desde su fuerza urbana, económica, cultural y turística, o porque al hablar de campo tendemos a mirar hacia otros territorios con más superficie agrícola, se olvida con demasiada facilidad que la Comunidad de Madrid tiene también agricultores, ganaderos, industria agroalimentaria, municipios rurales, tradición, producto y territorio.

Un campo que se equilibra

Carlos Novillo lo tiene claro. Ingeniero agrónomo, bombero de profesión y hoy consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, mira el campo madrileño desde una posición poco habitual: con formación técnica, experiencia en emergencias y responsabilidad política sobre tres áreas que, lejos de estar desconectadas, aparecen en su discurso como parte de una misma visión.

“Aunque lo ves aquí tan urbanita, nunca perdemos esa referencia al campo”, afirma. Para Novillo, el sector primario no es un elemento residual dentro de una región de más de siete millones de habitantes, sino una pieza de equilibrio. “El campo en Madrid es el pilar que nos equilibra”, resume.

"En Madrid, el campo es el pilar que nos equilibra"

"Los agricultores y ganaderos son verdaderos ecologistas practicantes"

La Comunidad de Madrid reúne en una misma consejería competencias que, a primera vista, podrían parecer alejadas: medio ambiente, agricultura e interior. Pero Novillo defiende justo lo contrario. Para él, la agricultura, la ganadería, la gestión forestal, el agua, la prevención de incendios y la protección del territorio forman parte de un mismo ecosistema.

Ahí está buena parte de la noticia. Madrid también es campo. Y no lo está haciendo nada mal.

El medio ambiente

“Huimos de esa concepción de que la agricultura y la ganadería son enemigas del medio ambiente”, explica. Su planteamiento es claro: sin agricultores y ganaderos, no hay mantenimiento del paisaje, ni mosaico agrario, ni prevención eficaz frente a los incendios. El olivar, el viñedo, los pastos o la actividad ganadera no son solo producción; también son gestión del territorio.

Novillo habla de agricultores y ganaderos como “verdaderos ecologistas practicantes”. No lo dice como una frase decorativa, sino como una idea de fondo: “el campo madrileño presta servicios ambientales que la sociedad no siempre ve, no siempre reconoce y no siempre paga” recalca.

En una región que crece, que mira ya hacia el Madrid de los ocho millones de habitantes, el campo aparece como contrapeso. Como memoria, como paisaje, como alimento y como vínculo con una esencia que la ciudad no debería perder.

Madrid no puede competir en volumen con otras grandes regiones agrarias. El propio consejero lo reconoce sin rodeos. La Comunidad tiene una superficie limitada y una escala distinta. Pero ahí, precisamente, aparece su oportunidad.

“No podemos competir en cantidad. Tenemos que competir en calidad”, afirma.

Esa frase resume buena parte de la estrategia. Madrid tiene una enorme ventaja: su mercado está al lado. Siete millones de habitantes, millones de visitantes, restaurantes llenos, comercio especializado, grandes eventos y una marca territorial con una potencia extraordinaria.

El reto es que ese consumidor mire al producto madrileño, lo reconozca, lo valore y esté dispuesto a pagar por él.

"Tenemos que conectar mejor todos los eslabones de la cadena"

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La cadena como estrategia

La huerta de Aranjuez, la huerta del Tajuña, los vinos de Madrid, la nueva denominación de origen del aceite, la carne de Guadarrama, la aceituna de Campo Real, el ajo fino de Chinchón, el fresón, el espárrago, la miel o los productos transformados forman parte de una realidad agroalimentaria más amplia de lo que muchas veces se percibe.

Madrid tiene campo, pero también tiene mercado. Tiene productores, pero también industria, restauración, turismo, comercio y marca. Y ahí es donde Novillo sitúa la clave, “tenemos que conectar mejor todos esos eslabones” lo tiene claro.

Una de las ideas más interesantes de la entrevista es su insistencia en la cadena. “El campo no puede sostenerse solo desde la producción. Necesita industria, restauración, distribución, investigación, consumidores y administración. Necesita que todos entiendan que la rentabilidad del origen no es un asunto aislado, sino una condición para que el conjunto funcione” afirma contundente.

“Si la industria y la restauración no cuidan al productor, al final eso va a ir en detrimento de su cuenta de negocio”, advierte.

En ese contexto, Novillo destaca el papel del clúster agroalimentario, con más de 140 empresas trabajando en iniciativas comunes. Lo presenta como una herramienta para que el sector deje de funcionar por piezas separadas y empiece a reconocerse como una cadena con intereses compartidos.

También aparece ahí la importancia de comunicar mejor. En ese objetivo desempeña un papel fundamental la marca M Producto Certificado, el distintivo que identifica los alimentos de calidad producidos o elaborados en la Comunidad y que reúne ya a más de 500 empresas.

Una herramienta para que el consumidor reconozca el origen, pero también para construir una identidad común alrededor del sector agroalimentario madrileño.

La marca Madrid

Madrid tiene una marca potente y, según el consejero, sus productos deben subirse a ese impulso. Grandes eventos como la Fórmula 1 o la NFL, junto con los conciertos, el turismo, la restauración y el comercio, pueden convertirse en escaparates para llevar el campo madrileño hasta millones de consumidores.

“La marca Madrid es fundamental”, sostiene Novillo. “Todo lo que suene a Madrid hay que apoyarlo”.

Novillo insiste también en el papel de la investigación aplicada. No habla de innovación como concepto abstracto, sino como herramienta concreta para que el agricultor pueda adaptarse a los cambios del clima, del consumidor y del mercado.

En ese punto sitúa al IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario) como una pieza clave.

Investigación en variedades, recuperación de cultivos, adaptación a nuevas condiciones y transferencia directa al agricultor. “Somos como un pequeño laboratorio en toda España”, señala.

Exportar conocimiento

La idea es relevante: Madrid no aspira solo a producir, sino también a ensayar, mejorar, probar y exportar conocimiento. En una región pequeña en superficie agraria, la investigación puede convertirse en una ventaja competitiva si se traduce en soluciones útiles para el campo.

Garbanzo, vid, olivar, huerta, miel o nuevas líneas de transformación agroalimentaria aparecen en la conversación como ejemplos de un sector que puede crecer desde la calidad y la diferenciación.

El gran problema, reconoce Novillo, es el relevo generacional. Conseguir que los jóvenes miren al campo como una oportunidad y no solo como una herencia difícil. Que quien viene de una explotación familiar quiera continuar. Y que quien llega desde la ciudad pueda ver en el campo una nueva forma de vida y de negocio.

Pero para eso no basta con discurso. Hace falta rentabilidad, servicios, conectividad, transporte, sanidad, educación y oportunidades en los municipios rurales. “Si no, evidentemente, lo hacemos más difícil”, admite.

"Todo lo que suene a madrid hay que apoyarlo"

"El campo necesita jóvenes, pero los jóvenes necesitan razones para quedarse"

Oportunidades para el medio rural

El consejero habla de llevar al medio rural las oportunidades de la gran ciudad. No como una frase hecha, sino como una condición necesaria para evitar el abandono. “El campo necesita jóvenes, pero los jóvenes necesitan razones para quedarse o para llegar” afirma.

Y ahí vuelve una idea central: si la sociedad quiere campo, paisaje, alimentos de calidad, gestión del territorio y pueblos vivos, tiene que entender que todo eso tiene un coste y un valor.

El agua aparece como preocupación y ocupación constante. Madrid tiene una singularidad clara: el Canal de Isabel II ha permitido construir, en palabras del consejero, “el gran río de Madrid”. Pero la disponibilidad actual no puede llevar a la confianza absoluta. Los embalses pueden estar en buena situación un año y exigir restricciones si llegan periodos prolongados de sequía.

Para el campo, Novillo defiende modernización, tecnificación y una transformación real del regadío. “No podemos seguir anclados en el siglo pasado”, afirma. Habla de agricultores capaces de manejar el riego desde el móvil, controlar las condiciones del suelo y tomar decisiones con datos.

"El campo necesita jóvenes, pero los jóvenes necesitan razones para quedarse"

Modernización

La modernización del agua no aparece solo como una cuestión ambiental, sino también como una herramienta de rentabilidad. Hacer más sencilla la tarea del agricultor, ajustar recursos, mejorar eficiencia y preparar al sector para escenarios de mayor incertidumbre climática.

La entrevista con Carlos Novillo deja una idea clara: Madrid no mira al campo como una postal ni como una actividad secundaria, sino como equilibrio, economía, identidad y futuro.

La región no puede competir en superficie o volumen, pero tiene una oportunidad evidente en la calidad, la proximidad, la investigación, la industria y un enorme mercado consumidor a pocos kilómetros del origen. Madrid también es campo: está en sus huertas, viñedos, olivares, ganaderías, industrias y pueblos.

Al terminar la entrevista, mientras Madrid seguía extendiéndose al otro lado de aquella sala acristalada, quedó una sensación difícil de trasladar únicamente con cifras, planes o declaraciones. Carlos Novillo conoce el sector, comprende su importancia y habla de agricultores y ganaderos desde el respeto, la cercanía y una visión de conjunto.

Su accesibilidad, su atención y su predisposición no fueron solo una cortesía para facilitar esta entrevista. También reflejan una forma de acercarse al campo madrileño y a quienes lo sostienen. Después de escucharle, la conclusión resulta inevitable: la agricultura de Madrid parece que está en buenas manos. 

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