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En modo trabajo

“Bajar impuestos, ayudas directas para aliviar costes y dejar de cargar siempre en los mismos”

Estamos en ese momento del año en el que el trabajo en el campo deja de ser una previsión y pasa a ser una sucesión de decisiones encadenadas, casi sin margen, casi sin pausa.

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Máximo Gómez

Las coberteras avanzan como se puede, las tierras se preparan en cuanto el suelo lo permite y las siembras de primavera se van ajustando sobre la marcha, en función de lo que cada parcela admite.

No hay una campaña uniforme, ni un ritmo común; hay tantas campañas como fincas, como condiciones y como decisiones tomadas a tiempo o a destiempo.

Venimos de meses en los que el agua lo ha condicionado todo. Ha habido parcelas donde no se ha podido entrar, otras donde el cultivo ha sufrido más de lo previsto y, entre medias, un continuo reajuste que ha obligado a replantear lo que parecía decidido. Y, aun así, el trabajo ha seguido, porque en el campo no hay otra forma de hacer las cosas.

Ahora todo se concentra. Son semanas en las que cada labor pesa más, en las que cada día cuenta un poco más que el anterior y en las que, sin que apenas se note, se termina de definir buena parte de la campaña.

Y es precisamente en este punto, cuando más estabilidad se necesita, cuando vuelve la inestabilidad que viene de fuera para entrar de lleno en el campo.

Los costes.

Energía, gasóleo, fertilizantes. Subidas que, en plena campaña, se mueven en algunos casos entre el 20% y el 50%, y que están suponiendo, solo en el impacto conjunto de combustible y fertilización, más de 40 millones de euros semanales adicionales para el sector.

No es una cifra abstracta ni lejana. Es lo que acaba costando cada hectárea, cada labor, cada decisión.

El campo sabe adaptarse a la incertidumbre del clima, porque lo ha hecho siempre. Lo que resulta mucho más difícil es asumir, una vez más, costes que no ha generado y sobre los que no tiene ningún control.

Porque hay tensiones que vienen de fuera, pero no pueden descargarse siempre en los mismos.

Y el campo lleva demasiado tiempo absorbiéndolas.

Hace falta actuar. Y hace falta hacerlo ya.

Si se quiere ayudar al campo, hay medidas inmediatas: bajar impuestos, ayudas directas para aliviar costes y dejar de cargar siempre sobre los mismos. Lo demás es alargar el problema.

El campo ya está haciendo su parte.

Y en estas semanas, en las que se decide la campaña, convendría que no tuviera que hacerlo solo una vez más.

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