Emilio González Izquierdo
La superficie dedicada al cultivo del lúpulo en España ronda las 650 hectáreas, concentradas principalmente en la ribera del Órbigo (León), donde se ha convertido en un importante motor económico para sus habitantes.
Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2024 se cultivaron 578,4 hectáreas en Castilla y León, en el resto del país las cifras son mucho menos significativas: Cataluña con 30,9 ha. Galicia con 13,5 ha. Navarra con 8 ha. La Rioja con 7,2 y País Vasco con tan solo 2,2 hectáreas completan el mapa de un cultivo que produjo ese mismo año 1.056 toneladas de lúpulo.

Atendiendo a las cifras de importación (1.420 toneladas en 2024) es fácil imaginar un amplio margen de crecimiento para este singular cultivo, sin embargo, su crecimiento en los 10 últimos años es de tan solo 115 hectáreas, con un rendimiento medio de 1,6 t/ha. Galicia, donde el lúpulo fue un cultivo de referencia hasta hace 50 años es de las regiones con mayores perspectivas de crecimiento, además de la propia Castilla y León y la siempre diligente Cataluña.

Otra zona con un especial interés en implantar la producción de lúpulo se encuentra en Andalucía. El Ifapa está desarrollando desde 2022 en Granada varios ensayos con las primeras pruebas de viabilidad de algunas variedades identificadas por su potencial adaptativo a las condiciones climáticas de la región. En estos ensayos también se evalúa su rendimiento, calidad aromática y contenido en alfa-ácidos, parámetros fundamentales para la elaboración de cerveza.

El lúpulo es un cultivo exigente a nivel agronómico, requiere de unas condiciones edáficas y climáticas muy concretas para su correcto desarrollo, además de unas considerables demandas hídricas y nutricionales.
En España encontramos numerosas zonas que, como la ribera del Órbigo, reúnen las condiciones necesarias para cultivar lúpulo… Al igual que otras tantas, perfectamente dotadas para la producción de cebada maltera, con un claro ejemplo en la Bureba burgalesa.
Diferentes cerveceras locales, repartidas a lo largo y ancho de nuestro país, ya están comercializando cervezas elaboradas con lúpulos y maltas nacionales, como seña de identidad. Con estas premisas es lógico pensar que, si el sector cervecero está tirando del carro, el sector agrícola debe dar un paso al frente y aprovechar lo que parece una gran oportunidad de crecimiento y desarrollo con cultivos altamente demandados, viables y rentables como el lúpulo.







