José Ignacio Garcés
patatadesiembra.es
Por todos es conocido que, en el mercado de la patata, siempre han existido ciclos, subidas y bajadas, años mejores y años peores. Después de cuatro años considerados como ‘buenos’ o ‘muy buenos’, 2025 reinició el ciclo al ser uno de los peores años que se recuerdan.
Muchos lo han calificado como año crítico, donde se juntaron diversos factores como superproducción global, desplome de precios, condiciones meteorológicas extremas, incremento de costes, aumento de importaciones…
Todavía es muy pronto para hacer valoraciones de la campaña 2026, y los ánimos no son muy buenos, pero a partir de los pocos datos que conocemos, tal vez estemos ante un moderado punto de inflexión de ciclo. Evidentemente no estamos ante un rebote inmediato, pero posiblemente sí ante una recuperación lenta.
Campaña 2025
Se han vivido momentos muy duros en 2025, en los que hemos visto cómo se han echado a perder muchas explotaciones por culpa de las condiciones meteorológicas o la saturación del mercado.
Saturación que impidió la comercialización o forzó precios muy por debajo de lo esperado, debido principalmente a un aumento en la patata importada (889.446 toneladas, un +0.3% respecto 2024) y un descenso en la patata exportada (239.382 toneladas, un -20% respecto 2024), según la última publicación del ministerio.
Uno de los principales motivos de la baja exportación de patata nacional hacia otros mercados fue que la producción de patata europea aumentó prácticamente un 7% respecto a 2024.
Respecto a las importaciones, pese a las estimaciones iniciales, se confirma que en 2025 se redujeron desde terceros países, mientras que las procedentes de países europeos aumentaron. Francia continúa siendo por mucha diferencia con sus 649.538 toneladas. El país desde el que más patata de consumo recibe España.
Pero hay que hacer una mención especial a Israel, país que ha experimentado el mayor crecimiento en esta lista. En concreto un aumento del 62,3%, arrebatándole la posición de primer país no europeo a Egipto.
Campaña 2026
Como hemos comentado, todavía es muy pronto para hacer valoraciones. Pero es posible encontrar indicios positivos para la actual campaña.
Hasta ahora, es una evidencia que la comercialización de semilla se ha ralentizado, por lo que a estas alturas se prevé una reducción significativa en la superficie sembrada.
Además, tras un año de pérdidas y dificultades, la lógica del mercado apunta a una reducción de hectáreas o a un cambio de cultivo por parte de los agricultores.
También es una evidencia que los precios de la patata de siembra se han reducido significativamente, lo que favorece a la reducción de costes de producción, rompiendo una tendencia al alza de precios durante los últimos cuatro años.
Según hemos podido comprobar, el porcentaje de explotaciones que producen bajo un contrato comercial continúa aumentando frente las que acuden al mercado libre. Esto favorece a una mejor planificación y estabilidad del mercado.
Los contratos que se están cerrando son más limitados en volúmenes; son mucho más precavidos, por tener todavía material almacenado y no querer repetir el caos de la campaña anterior.
De lo que estamos seguros es de que el sector de patata nacional es un sector muy fuerte, con coraje y solidario. Capaz de sobreponerse y continuar luchando por mantener una producción de calidad, que seguirá siendo referente mundial. Ahora es tiempo de olvidar 2025, y de centrarse en 2026.







